El mar que ruge,

iluminado un punto en su loco desorden,

por el verde relámpago violento,

me trastorna. .

El niño que habla, dulce

 y tranquilo, a mi lado,

en la luz de la lámpara suave

que, en el silencio temeroso

del barco, es como una isla;

el niño que pregunta y que sonríe,

arrebatadas sus mejillas frescas,

todo cariño y paz sus ojos negros,

me serena.

¡Oh corazón pequeño y puro,

mayor que el mar, más fuerte

en tu leve latir que el mar sin fondo,

de hierro, frío, sombra y grito!

¡Oh mar, mar verdadero;

por ti es por donde voy -¡gracias, alma!-

al amor!

 

Niño en el mar.

Diario de un poeta recién casado.

Juan Ramón Jiménez.