Tengo una compañera de trabajo, MJ., que tiene un hijo de la edad de Rn., así que es de imaginar cual es nuestro principal tema de conversación.

En estos momentos está bastante preocupada porque la profesora del niño ha "detectado" una "perturbación de comportamiento" que en su opinión precisa de consulta a un psicólogo. La perturbación, según ella me cuenta, básicamente consiste en que considera que el niño está triste, cosa que la profesora deduce puede ser debido al reciente e inesperado embarazo de la madre, deducción curiosa porque la madre asegura que el niño es la única persona que ha mostrado una alegría sincera desde que conoció la noticia. Parece ser que el niño prefiere dibujar a jugar con otros niños, y a menudo hay que "invitarle" para que se decida a jugar con sus compañeros. Y cuando juega, prefiere los grupos reducidos a los juegos que implican un gran grupo de niños, o demasiado contacto físico. La profesora cree que, ahora no, pero es un futuro no muy lejano esto puede ocasionarle problemas de socialización, ya que los demás niños dejarán de tenerle en cuenta. Además, ultimamente, en el aula se esconde debajo de las mesas y no quiere salir, y cuando la madre le pregunta en casa por qué lo hace, le dice "porque estoy harto de hacer todo el rato lo mismo, eso ya lo hemos hecho antes, ya sé cómo se hace". Ah, y me olvidaba, el niño no tiene un buen trazo al escribir (cumplió seis años en diciembre, y es zurdo), y a veces parece que más que escribir dibujase (circulito encima de la letra i, rellena con lapiz algunas letras, etc...).

 Yo le he dicho, en base a las cosas que ella suele contarme sobre su hijo, que probablemente el único "problema" que tiene el niño es uno que el tiempo y la vida se encargan de "curar".  Se llama NIÑEZ.  Y que incluso algunas personas no superamos nunca esos "trastornos".  Yo, por ejemplo, prefiero  quedarme en casa leyendo, que salir el sábado a la noche de copas. Lo cual no quiere decir que si salgo un sábado de copas no lo disfrute, pero no lo haría todos los sábados. Leer es una actividad solitaria, y salir de copas no suele serlo, así que, ¿quiere eso decir que soy una persona insociable?.  También me siento más a gusto conversando en un grupo reducido de personas, que en una sobremesa con sesenta comensales. No digo que no pueda hacerlo de vez en cuando y lo disfrute, pero preferirlo, pues no. ¿Eso implica que mis relaciones sociales no sean lo suficientemente completas?. Y de vez en cuando también me siento triste. De hecho, la tristeza es un sentimiento que me inunda muchas veces, es lo que tiene la hipersensibilidad. Lo cual no quiere decir que mi vida no tenga una dosis más que aceptable de felicidad. Porque ser feliz no es lo mismo que estar siempre contento. E incluso a veces, la melancolía es un reflejo de una gran felicidad. Ah, y me olvidaba,  cuando escribo el nombre de Ir., en su mochila, en el vasito que tiene que llevar a la escuela, en el interior de sus prendas para que no se pierdan, encima de la letra i, dibujo una florecilla...

En fin, que  MJ lo ha consultado con su pediatra, que después de pasar un mediodía con el niño, charlar y leer con él, y ver sus escritos y sus dibujos,  le ha dicho básicamente lo mismo que yo, con palabras algo más técnicas. Por lo visto, él también fue un niño que prefería dibujar a jugar en la calle, sobre todo los días de calor. Cosa que me ha hecho gracia, porque no solemos tener en cuenta el gusto climatológico de los niños,  y damos por hecho que si hace sol tienen que jugar en la calle, y si llueve quedarse en casa. Y, ¿acaso a todos los adultos nos gusta el mismo tipo de clima?. Hay quién no soporta el frío, y hay quién en días de calor no es persona, quién se vuelve loco con el viento sur, y quién disfruta de pasear bajo la lluvia...

Total, que aunque el pediatra considera que el niño es completamente normal, (en el sentido de que no se sale de ninguna "norma"), como la ha visto preocupada e indecisa, no sabiendo si hace lo correcto o no, si debe darle importancia al tema o no, si debe continuar como hasta ahora y pasar de la profesora o no, ha desviado al niño al psicólogo. "Si quieres le mando, para que te quedes tranquila". El padre del niño piensa que con todo este tinglado, la única que se queda tranquila es la profesora. Por lo visto, de un aula de veintialgún niños, son cuatro o cinco los que van a logopeda, ya varios los enviados al psicólogo, alguno más que se ha sugerido que lo necesita, y más de uno que está siendo medicado.

La semana pasado recibí un mail con este video, y se lo reenvié a ella. Me dice que la tentación de reenviarlo a la escuela era muy grande, pero que no se ha atrevido.

Yo, que me paso la vida etiquetando para hacerme la vida más fácil, (etiquetas en el archivo físico, etiquetas en mis archivos de ordenador, en mis fotos, en los tuppers de comida congelada, en las cajas de la ropa de otras temporadas) pienso que etiquetar a las personas también es simplificar, y las personas  somos complicadas, muy complicadas. No creo que etiquetarnos nos haga la vida demasiado fácil, y el caso es que lo hacemos continuamente. Sí, yo también.

Casi a diario me asalta aquella frase de Goebbels, "una mentira mil veces repetida se convierte en verdad". En esta época de sobredosis de información, vivimos desorientadísimos (yo también), y manipuladísimos (sí, yo también), y la opininión de cualquier "experto" sobre nuestros hijos, (médicos, profesores, abuelas, libros de crianza, otros padres, otras madres, el peluquero que tiene un hijo con TDA, la panadera que tiene una amiga que tiene una hija con hiperactividad), parece ser más válida que la nuestra propia. No digo que lo sepamos todo, no, ni que tengamos que desoir todos los consejos, ni que no sea bueno recurrir a expertos en materias que desconocemos. Más bien lo que quiero decir es que lo que hasta ahora era normal, algo inherente a vivir, ahora tiene un nombre, y es una patología, y necesita medicación ( síndrome premenstrual,  depresión postvacacional,  alopecia, déficit de atención). Y que cuando pongo en un lado de la balanza equivocarme con mis propias decisiones, y en el otro equivocarme con las decisiones ajenas, la intuición pesa mucho. Y la intuición me dice que crecer creyendo que "algunas cosas que te pasan"  (porque a todos nos pasan cosas), son una enfermedad, o criar a un hijo creyendo que está "enfermo" cuando resulta que es una persona perfectamente normal, única y diferente a todas las demás, es un terrible (y a veces irreparable) error.

Buen y lluvioso martes.

P.D.:  Esto no es ninguna crítica al profesorado ni a la escuela en general. Por supuesto, doy fe de que existen estupendos profesionales de la enseñanza, que dan mucho más de lo que reciben. Al igual que hay padres maravillosos, y padres nefastos. Algo que detesto son esas discusiones sobre el enfrentamiento padres-escuela-sociedad, me parece que echar balones fuera, no ver la viga en el ojo propio, y no asumir la propia parte de responsabilidad, es algo totalmente absurdo.