En varias ocasiones he leído o he escuchado que somos el espejo en el que nuestros hijos se miran, y ellos son el reflejo que nos es devuelto. Cuanto más mayores se hacen, mas cuenta me doy de lo necesario, y lo dificil que es a veces, pasar al otro lado del espejo... Pero al otro lado, hay un mundo mágico, un mundo distinto, en el que si te adentras sin temor, descubres sorpresas maravillosas... y a veces, no tan maravillosas, pero seguro que merece la pena asumir el riesgo.

Rn. ya lee, cada día un poquito mejor, y eso abre ante él la puerta a un mundo nuevo. Una de las puertas que hará que poco a poco se vaya alejando del espejo, difuminando cada vez más el reflejo. El espejo seguirá ahí, para que pueda seguirse mirando, desde todos los ángulos posibles, Quizá, en un futuro, él también sea capaz de atravesarlo...

Hace sol, y viento sur, y me muero por dar un paseo...

Nota: La foto es del 26 de febrero, mi madre cumplía ese día 67 años...