Pobreza
Rn. sabe (aunque a veces se le olvida) que el agua y la electricidad son dos recursos que no debe desperdiciar. Sabe que hay personas que ni siquiera tienen agua limpia para beber, y sabe que hay personas que no disponen de electricidad.
Hace unos días, yo cocinaba arroz mientras él dibujaba... De repente, me miró con una expresión a medias entre el asombro y el espanto...
Rn.: Ama ¿¡ qué haaaceeees ¡? ¿¡ por qué le estás echando agua al arroooozzzz ¡?
Yo: Rn., hay que echar agua para que se cocine.
Rn.: Pero ¿por quéeeee?
Yo: (Echando un nuevo vaso de agua) Porque si no echamos agua, no puede cocinarse, y no nos lo podremos comer.
Rn.: Ama ¡para, pero para yaaaaa!
Yo: ¿Pero por qué, Rn.? Tengo que echar más. Si no echo toda la que necesita, el arroz se quedará duro y no estará rico para comer...
Rn.: (con cara de sufrimiento) Ama, ¡para, para! ¡No eches más, que si echas mucha se nos va a gastar toda el agua, y entonces vamos a ser muy, muy pobreeees!
Habrá a quién solo le parezca el pensamiento inocente de un niño, pero creo que tiene bastante mas claro el concepto de auténtica pobreza, que la mayor parte de las personas a las que escucho a diario lamentarse por la crisis...
Y esta conversación con Rn. me ha traído a la mente otro momento, también en la cocina, hace cuatro o cinco años. Probablemente celebrábamos algo, porque la mesa estaba muy elegante, llena de fuentes con cosas ricas para picar, y toda la familia de Ro. en torno a ella. Se avecinaba alguna festividad, supongo que algún puente, porque la conversación giraba en torno a esa especie de obligatoriedad de salir del propio pueblo o ciudad en cuanto hay más de dos días de fiesta seguidos. La hermana de Ro. comentaba que se irían a pasar esos días a la casa que tienen en un pueblito de la costa de Cantabria.
Yo: Pues nosotros no iremos a ningún sitio. Nos quedaremos aquí, a cuidar el pueblo...
La sobrina mayor de Ro., que en aquel entonces tendría cinco o seis años, me miró extrañada.
Ma.: Tía, ¿y por qué no vais a ir a ningún sitio?
Yo: Pues porque somos pobres...
Ma.: ¿¡¡¡ Cómo que sois pobres ¡!!? ¡¡¡Mira cuánta comida hay encima de la mesa!!!
A veces, el aparentemente inocente comentario de un niño o una niña, puede hacer que nos demos cuenta de lo estúpido de algunos de nuestros argumentos, e incluso de lo estúpido de algunos de nuestros pensamientos. Somos más altos, tenemos más fuerza, y nos sentimos superiores y creemos que todo lo aprenden de nosotros. Quizá deberíamos agacharnos más a menudo, ponernos a su altura, o mejor aún, sentarnos en el suelo con ellos, y escucharles. Y aprender de ellos. Nuestra prepotencia a veces no es más que una mezcla de ignorancia y egoísmo. Y a la larga, puede ser terriblemente contagiosa.
Y lo escribo sobre todo por mí y para mí, para que no se me olvide. Supongo que me hará falta releerlo a menudo...





micro dijo
Entra en http://www.thegameover.es , es un juego de estrategia tipo ogame, pero bastante mas rápido y totalmente gratuito. Un saludo!!!
10 Junio 2009 | 03:00 PM