Comunión (la crónica)
Llegamos a la iglesia con el tiempo justo, en el mismo instante en que da comienzo la ceremonia. Una señora está informando de que no se pueden hacer fotografías. Entre todos los padres han pagado un fotógrafo profesional, y el resto de personas no podremos hacer fotos hasta que salgamos de la iglesia. Rn. escucha con atención.
Rn.: Ama, ¿esa señora es el cura?
Yo: No, cariño, el cura vendrá ahora.
Cuando el cura hace su aparición Rn. me pide que le coja en brazos, porque desde donde estamos situados no consigue ver nada. Siente una curiosidad tremenda. No sabe lo que es un cura. En realidad, hasta el momento sólo ha estado en otra iglesia una vez, en la boda de un amigo, y sólo tenía diez meses, así que no lo recuerda. Le escucha atentamente, y sólo consiente bajar al suelo cuando hablan los niños. Cuando el cura vuelve a tomar la palabra, vuelve a pedirme que le alce...
La cosa comienza, y se perciben varios flases de una cámara fotográfica que no es la del profesional contratado. El cura, sin levantar la vista de lo que está leyendo, y sin cambiar su tono de voz, dice "El payaso que está haciendo fotos que se guarde la camarita". Me quedo estupefacta. Las faltas de respeto siempre me dejan planchada. Después Ro. me cuenta que la persona que hacía fotos era una chica que había entrado tarde y no había escuchado a la señora las indicaciones sobre la prohibición de fotografiar la ceremonia. Además, no iba vestida de payaso. Allí había muchos disfraces, muchos, incluido el de cura, pero lamentablemente no había ninguno de payaso. Una pena, hubiese sido divertido...
Por otra parte, no deja de sorprenderme ese afán de la iglesia por inculcar el sentimiento de culpa en las personas. Cuando ese afán salpica a los niños, me resulta detestable, pero claro, es difícil que un adulto tenga una existencia culpable, que sienta que debe purgar sus "pecados", si de niño no se le ha hecho sentir culpable hasta de respirar... Los niños arrancan la ceremonia pidiendo perdón a dios:
- - Señor, te pedimos perdón porque muchas veces nos portamos mal y no obedecemos a nuestros padres y a nuestros profesores.
"¡Seeeeñor! Los padres, y los profesores, y seguro que también los curas, tampoco obedecemos, y también nos portamos mal. Por eso nos castigamos con multas, o con temporadas en la cárcel..."
- - Señor, te pedimos perdón porque a veces no compartimos nuestras cosas ni nuestro tiempo.
" Claro, los adultos lo compartimos todo. Aparece un desconocido, aceptamos que tiene que ser nuestro amigo porque sí, y le prestamos nuestro coche, nuestro móvil, el reloj... Y el tiempo ¡cómo lo compartimos, sobre todo con nuestros hijos! Siempre que nos piden tiempo, se lo damos, sin poner pegas..." Pinchazo de culpabilidad, por la parte que me toca. Quizá yo también deba pedir perdón, pero no a dios, sino a mis hijos..."Rn., Ir., os pido perdón por no compartir con vosotros algunas de mis cosas, mis libros, mis collares, mi ropa, el contenido de mi bolso, y por no compartir mi tiempo, sobre todo por no compartir más tiempo..."
- - Señor, te pedimos perdón por todos los días que no rezamos.
"¡Acabáramos! Ahí es dónde había que llegar. La verdad, no creo que eso a dios le importe mucho. Debe estar aburrido ya de escuchar las mismas cantinelas. Si por lo menos se inventasen oraciones más divertidas, con rimas, o con trabalenguas... Sí, seguro que eso le gustaba más, y a los niños también..."
La iglesia se ha modernizado un poco. Las nuevas tecnologías se abren paso. Cuando yo era niña, nos ponían diapositivas, ahora, pantallazos de ordenador. En una enorme pantalla, van pasando bonitas fotos con "mensaje", muy familiares, padres y madres sonrientes abrazando a sus hijos, grupos de personas de gran diversidad, en actitudes amistosas. El cura explica cada una de las fotos y cada uno de los mensajes. Uno de ellos llama mi atención. Cristo dice: "Sólo podéis ser mis amigos si hacéis lo que yo os...". No consigo leer la última palabra. Está en un color distinto a las demás, y cómo no veo de lejos, no consigo distinguirla. Me imagino que pone algo así como "lo que yo os he enseñado", y me parece increíble que se transmita a los niños que la amistad se puede supeditar a la frase "si no hacéis lo que yo os", y más increíble aún que los padres no parezcan cuestionarse tal afirmación. ¿O quizá sí se la cuestionan? Por fin el cura satisface mi curiosidad, y me saca de mi error, repitiendo en voz alta el mensajillo: "Sólo podéis ser mis amigos si hacéis lo que yo os mando". Y repite "Lo que yo os mando". Mi cabeza se gira hacia la izquierda como si se me hubiese roto un muelle, buscando la mirada de Ro. El también ha buscado mi mirada y me sonríe. "¡Jesús! ¿De verdad dijiste eso alguna vez? ¿¡Lo que yo os mando!?". Mi percepción del mensaje ha cambiado, ya no me parece increíble, sino repugnante.
Cuando asisto a una misa, siempre temo el momento de dar la paz. Quizá yo sea un poco insociable, pero no me gusta tener que apretar la mano de una persona a la que no conozco de nada porque lo "manda" un cura. Si no lo hago en un ascensor, en el metro, o en una zapatería, no veo por qué debo hacerlo en una iglesia. Pero el colmo de los colmos para mí llega cuando el cura dice que nos agarremos de las manos, como si fuésemos a jugar al corro de las patatas, y cantemos todos juntos. En un gesto totalmente infantil, cojo a Ir. en brazos y la utilizo como escudo. Con las dos manos ocupadas en sujetarla a ella, no tengo que dar la mano a nadie. Supongo que soy un poco brusca, porque la señora de mi izquierda me mira extrañada, y después mira al señor que está a mi derecha, al lado de Rn., como calculando la distancia que les separa, y desiste. Demasiado lejos. La señora necesita dar su mano a alguien, no le importa a quién, necesita obedecer ("si no hacéis lo que yo os mando"... "si no hacéis lo que yo os mando") y yo rechazo el contacto corporal con una desconocida con quién no voy a compartir ni dos frases ¿o quizá lo que rechazo es la imposición? ¿la hipocresía? ("señora, la paz sea con usted, dentro de cinco minutos la perderé de vista y no volveré a saber de usted ni usted de mí, y a ambas nos importará un pimiento si la otra vive en paz o no, pero en este momento la paz sea con usted... si no hacéis lo que yo os mando... démonos nuestras sudorosas, o frías, o ardientes manos, y cantemos juntas... si no hacéis lo que yo os mando...cante señora y arrepiéntase de haberse quedado con el cambio de más que por equivocación le dio la cajera del super... démonos la mano y yo me arrepentiré de haber criticado la falda que ayer llevaba mi compañera... cantemos... si no hacéis lo que yo os mando...")
Para cuando la cosa acaba, yo ya he salido de la iglesia. Ir. ha comenzado a impacientarse, a chillar y a querer gatear, y recuerdo que el cura ha dicho que si los niños pequeños "molestan", les saquemos a la calle ("si no hacéis lo que yo os mando..."). No me apetece que me llame payaso (yo no he ido disfrazada, al menos, no más de lo habitual), y sobre todo, no me apetece tener un montón de miradas fijas en mí. Nunca me ha gustado ser el centro de atención. Desde el exterior, aún escucho al cura ¡Hay megafonía externa!. La iglesia está situada en los bajos de un edificio de viviendas. "Pobres vecinos"...





Lidia Cervantes dijo
Ayyyyy... Mi querida Rousss.... Me temos que no eres apta para estos menesteres... Hay quien sí, y hay quien no. Y sencillamente tú no.... ¡¿Qué por qué?!... Pues porque piensas hija mía, porque piensas. Y lo que es peor, sobre todo para curas totalitarios como parecía ser este, porque haces y te haces preguntas.... ummmmm... ¡¡Va de retro Satanás!!
Me ha encantado todo lo que dices y la lucidez, sencillez y claridad con que lo dices. Debe ser por eso que soy adicta a tus posts, aunque comente poco, te leo mucho.
Un besote, madraza coherente.
19 Mayo 2009 | 01:16 PM