El primer cuento que tuvo Rn. era de tela. Se lo compré cuando tenía cuatro meses. Se titulaba "Un día de Osito". Osito come, osito se viste, osito juega, osito se baña, hasta mañana osito, osito duerme. Seis páginas. Después vinieron los cuentos de cartón, primero chiquitines, para que pudiese agarrarlos con sus manitas, y luego cada vez más grandes. Pero siempre, siempre, con texto para leer. Hoy, esos cuentos están en las estanterías de Ir. Un día que nos pusimos a ordenar, Rn. dijo que todos los de pequeñitos se los quería regalar a su hermana. Y ahora, de vez en cuando, Rn. me pide que lea alguno.
Rn.: Ama, ama, léele un cuento a mi hermana.
Como son cortitos, en un minuto ya lo he leído, y se ve que le parece poco tiempo, porque siempre quiere que repita.
Rn: Ama, ama, léele otro a mi hermana.
Ayer, después de lavarse los dientes, antes de ir a la cama, le pregunté qué cuentos quería que le leyese Ro.
Rn: No sé. Ama ¿cuáles leímos ayer?
Yo: Ayer leímos "Voy a tener una hermanita ¿y qué?" y "Paquito y Paquete".
Rn: Ama, el de tengo una hermanita se lo voy a regalar a mi hermana, porque como es de hermana, es de pequeñitos, así que se lo regalo.
En realidad, es un cuento destinado a niños mayores de ocho años...
Yo: Bueno, yo creo que se lo puedes regalar más adelante, todavía te lo podemos leer un poco más a ti. Creo que es demasiado largo para Ir.
Rn.: ¡Vale!. Pero cuando yo tenga once años, le voy a regalar a Ir. toooooodos mis cuentos, porque serán ya de pequeñitos, y entonces me voy a leer ¡todos vuestros libros!.
Yo: ¡Ah! Pues eso me gustará mucho. Voy a estar muy contenta de que te leas todos nuestros libros.
Rn.: Sí. ¡Aitaaaa! ¡Aitaaaaaaaaa!
Ro.: ¿Sí?
Rn: Aita, cuando yo tenga once años, le voy a regalar a mi hermana todos mis cuentos, y yo voy a leer vuestros libros. Me voy a tumbar en vuestra cama contigo, y vamos a leer juntos toooodos vuestros libros.
Bueno, menos mal que aún me quedan seis años y medio para retirar de las estanterías todo lo que no sea apto para menores...
Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

2 abr 2009 | 07:33 PM
Nanny Ogg
Vaya, ese libro del osito también lo tuvo mi enana, aún anda por ahí, sin osito y hecho un asquito :D
Es curioso los topes que se ponen los niños, once años, como si eso fuera ya ser muy mayor :D La mía, al parecer, considera los diez años una edad lo suficientemente provecta como para largarse de casa (amenaza que utiliza cuando está especialmente enfadada).
Besos
3 abr 2009 | 02:38 PM
elpatiodemicasa
Nanny, el nuestro también hace tiempo que perdió el osito.
Jejejjjj.... En el fondo es divertido el proceso de aprendizaje de canalización de los enfados...
3 abr 2009 | 09:40 PM
bruxana
Ja, ja, ja...
Hola Ma.:))
Es que lo de los once años tiene su explicación en lo de "ser ya tan mayor" (visto desde edades anteriores, claro): yo recuerdo perfectamente mi preocupación... al darme cuenta que cuando llegase a los once !!!ya no podría decir qué edad tenía indicándola con los dedos!!!!!
Ya digo: un trauma...
;)
Y, en fin, yo a los once ya estaba con Kafka, con Hesse, con Lorca... Claro que es que tuve una profe de lengua con un sentido "diferente" de lo de entender a qué edad había que leer las cosas... Así me pasa: que ahora cuando veo lo de los libros por edades, lo del "Barco de vapor" y esas cosas, y pienso que hasta qué libros a qué edades nos dicen que tenemos que leer... pues no lo entiendo.
(Igual leer "La metamosfosis" ó el "Poeta en Nueva York", y entenderlos, a los 11 fue algo exagerado..., así ando yo de "p'allá", claro...)
Sí: tienes seis años para ir buscando ediciones de "El cofre del tesoro", "Veintemil leguas de viaje submarino", "El principito", "Platero y yo"... ;)
Un beso grande:))
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