¿Comes tele?
Rn. come bastante bien. Como todos los niños (y adultos) prefiere unos platos a otros, pero en general come de todo, variada y bastante equilibradamente, y siempre prueba cualquier alimento antes de asegurar si le gusta o no le gusta. De hecho, come cosas que no suelen formar parte de la dieta habitual de todos los niños: aguacates, rabanitos, soja, semillas de sésamo, polen, muesli, queso cuanto más fuerte mejor, ajo, cebolla, papayas, frambuesas, pan de centeno, miel... en fin, que se atreve con todo. Eso sí, a veces los desayunos, las comidas o las cenas, pueden llegar a hacerse más largos que la cuaresma. La verdad es que la cena es ese momento del día en que estamos toda la familia junta, ya que incluso desde que Rn. era un bebé, siempre estaba en la cocina mientras Ro. y yo nos sentábamos a la mesa. Obviamente, él no comía con nosotros, pero nos observaba sentado en su hamaca. Hoy, la hamaca la ocupa Ir., que, también, siempre comparte las comidas con nosotros. Y dado que esos momentos son de los pocos en que nos encontramos todos juntos e intercambiamos novedades, para Rn. son momentos muy intensos. Aprovecha para contar lo que ha hecho en la piscina, o nos canta la nueva canción que han aprendido en la escuela, o se levanta para darle un abrazo a Ir., o se levanta para enseñarnos su último dibujo, o se levanta... para cualquier cosa...
- - Ama ¿sabes qué?
- - Aita, mira, mira...
- - Ama, espera, que te traigo un dibujo que he hecho para ti. Es un regalo ¡eh!...
- - Aita, aita, voy a por mis gormitis...
Es difícil, por no decir imposible, que permanezca sentado durante toda la comida.
Un padre me contaba "cómo había conseguido" que su hijo, al que había que repetirle incontables veces que se bebiese la leche, tomase por fin todo el desayuno sin hacerse el remolón y sin levantarse de la silla,
Primer intento: "X., bébete la leche"
Segundo intento: "X., si no te bebes la leche, apagaré la televisión y te quedarás sin ver los dibujos animados".
No hubo más intentos. Como X. no hizo amago de tomarse la leche, su padre alzó el mando y apagó la televisión. Dos días. Desde el tercer día, X. sabe que tras la segunda advertencia, debe tomarse el vaso de leche, si quiere seguir viendo los dibujos.
El padre parecía satisfecho con el resultado, y orgulloso de mostrarme su "método", que, efectivamente, funciona. Y yo, madre torpona donde las haya, era incapaz de ver las bondades de tal disciplina. Y es que no entiendo qué tiene de beneficioso para un niño de cuatro años, cuatro, ver la televisión a las ocho y media de la mañana. No entiendo que se premie o se castigue a un niño con televisión por comer o no comer. En mi modesta opinión, televisión y horas de las comidas deberían estar separadas. Por tanto, para mí quién más necesita el castigo es el padre, no el hijo...
Pero quizá estoy equivocada, y va a ser por eso por lo que Rn. es incapaz de estarse quieto mientras desayuna, come o cena. Porque la señora televisión no es bienvenida a nuestra mesa... Va a ser que no se me ha ocurrido pensar que lo importante no es que mis hijos sepan apreciar una buena comida, que aprendan a saborear los alimentos, que traten de que el momento de ingerirlos sea relajado, que sus comidas sean fuente de placer, buenas conversaciones, e incluso ampliación de su cultura. No. Lo importante es que se coman todo lo que hay en el plato, y ni se les ocurra levantarse de la silla. No importa para ello utilizar el chantaje, o recurrir a la super niñera, doña televisión. Porque lo que van a valorar amigos, familiares y resto de adultos con los que compartamos mesa va a ser que los niños se estén quietecitos, y coman sin chistar lo que se les ponga delante, sean huevos fritos, col hervida o sesos rebozados. Si para ello hemos tenido que recurrir a que nuestros hijos sean meros espectadores de las vidas ajenas que nos muestra la televisión, en vez de vivir y apreciar intensamente las suyas y las nuestras... eso, a quién le importa.
Sé que vivo en un mundo en el que no está valorado el esfuerzo. Todo se quiere ya, y sin que cueste. Que quieres adelgazar, pues a no sufrir, una pastillita y ya está. Que tienes una gripe, nada de pasar unos días en cama, unos sobres de antigripal y a seguir produciendo (y consumiendo). Todo se quiere a corto plazo, y con una mínima inversión. Incluso la educación, y la crianza. Que tienes niños, nada de "perder" tiempo en atenderles, entenderles, o simplemente conocerles. Disciplina. Y televisión. Dibujos animados educativos, eso sí, que nadie diga que soy una madre o un padre que no se preocupa. ¡Con lo que les entretiene y les gusta la tele, hombre!
Lo que pasa es que yo soy cabezota, muy cabezota. Que no es que piense que a veces el esfuerzo es necesario, es bueno, y es incluso placentero y muy satisfactorio, ya que a la larga suele dar los mejores resultados. Que no es que crea que para adelgazar hace falta comer de manera equilibrada, un poco de ejercicio, y tiempo... Que no es que crea que para curar cualquier enfermedad hacen falta cuidados, descanso, y tiempo... Que no es que crea que para criar hijos felices, y perfectamente conscientes de que viven en sociedad, hace falta dedicación, cariño, paciencia, buen humor, imaginación, y tiempo... Es que soy cabezota, y un poco rara... Que ya me lo ha dicho siempre mi madre...Cabezota, como mi padre...
Y ahora que menciono a mi madre, me viene a la cabeza eso que tantas veces le oí decir durante mi niñez "Ese niño come mucha tele"...




cuartosinascensor dijo
Yo creo que no hay que ser extremista, mi niño mayor ve dibujos mientras desayuna, pero no tiene la tele encendida todo el día.
A el le encanta y yo muchas veces me siento a ver los dibus con el.
Como a ti las comidas y cenas se hacen interminables, entre bocado y bocado no paramos de hablar sobre lo ocurrido durante el día.
25 Marzo 2009 | 12:15 PM