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La Coctelera

El patio de mi casa

Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

17 Febrero 2009

Límites propios, ajenos, y castigos físicos

  

Ya desde antes de que naciese Rn., he leído mucho y muy diverso sobre maltrato y castigos físicos a los niños. En el blog de la psicóloga Violeta Alcocer me he encontrado varios artículos, de lo más esclarecedor, dedicados a este tema. En concreto, el publicado el día 16 de enero, bajo el título "Cachetes, azotes y demás castigos físicos. Parte IV", me ha removido especialmente. Lo copio aquí, para compartirlo, y para releerlo si en algún momento me entran ganas de zarandear, abofetear, o siquiera amenazar a mis hijos, a fin de recordarme a mí misma que mi casilla límite puede parecerme mil veces mejor que la de mi vecino de arriba, pero quizá a mi vecino de abajo mi casilla límite le parezca sencillamente despreciable.

 

"La familia que maltrata.

Cuando uno habla de maltrato, en seguida le viene a la mente la imagen de una familia marginal o desestructurada, de pobre cultura y recursos. Uno no puede comprender cómo, si uno es amoroso hasta el extremo, si siente y practica la empatía con sus hijos diariamente, si les colma de abrazos y besos, puede ser etiquetado como maltratador simplemente porque de vez en cuando ha dado un azote o un manotazo leves y sin mayores consecuencias.

Y es que las palabras maltrato infantil nos quedan muy lejos (las escuchamos en la radio o en telediario, leemos en los periódicos y escuchamos las tertulias) y, por tanto, es posible que en ningún momento nos hayamos cuestionado la bondad o no de nuestros actos respecto a nuestros propios hijos, ni la de nuestros padres hacia nosotros mismos o nuestros hermanos.

¿Por qué es invisible?

En la mayoría de los casos, quien castiga de esta forma o trata de esta forma a sus hijos, aunque lo haga eventualmente, lo hace porque cree que está educando, por el bien de sus hijos y para imponer una disciplina (o límites) en la familia. Normalmente , en el sistema de creencias de la persona que agita habitualmente o pega unos azotes su hijo, el abuso no es abuso, sino un acto justificable o necesario.

La mayoría de las personas no creen que hayan sido maltratados por sus padres de ningún modo, sino que creen que sus padres les educaron de la mejor manera para ellos y que querían lo mejor para ellos: esto se debe a un proceso natural de adaptación a esa realidad en la que el niño, en ausencia de otros recursos, solo puede optar por identificarse con el agresor, en este caso sus progenitores. Más adelante veremos el por qué de todo esto.

Reconocer que nuestros padres y madres han podido ejercer violencia, aunque solo sea leve, hacia nosotros, es quizá lo más difícil de hacer en esta reflexión y una de las mayores dificultades que nos vamos a encontrar en nuestro camino para el cambio.

Por otro lado, la mayoría de niños y niñas que están recibiendo este tipo de castigos, aunque sean de la misma o mayor magnitud que los que nosotros recibimos cuando eramos niños, tampoco lo están percibiendo como violencia ni se rebelan contra ella: lo asumen como algo normal en su vida y en sus relaciones.

De este modo, se establece la relación entre violencia y amor (es decir la violencia que proviene de aquellos que te aman y a quienes amas), que parece algo de lo más natural en todas las sociedades y sobre lo que volveremos más adelante.

Un último condicionante de la "invisibilidad" es el hecho de que este tipo de conductas tengan lugar en el seno familiar. Puede que nosotros no ejerzamos este tipo de violencia.. pero ¿y nuestro hermano, nuestro primo, nuestros suegros o cuñados? Denunciar o señalar estas conductas en los demás miembros de la familia es realmente complicado por las consecuencias e implicaciones que tendría, lo que hace todavía más invisible y toleradas estas conductas dentro del ámbito familiar.

Por eso decimos que la violencia de este tipo, tenga la magnitud que tenga, siempre resulta invisible a ojos del que la padece y a ojos del que la ejerce. Por eso, en sus manifestaciones más leves (por ser las más extendidas y haber sido padecidas por tantas personas) también es invisible.

El continuo paterno

En una investigación llevada a cabo por Enrique Gracia (Universidad de Valencia, 1995) llevada a cabo sobre aquellos casos que fueron descartados por los servicios sociales como "no suficiemente serios" y por tanto no fueron abordados como maltrato, se vislumbra claramente que existe un continuo en la conducta paterna, con un curso más o menos predecible que va desde el castigo más leve hasta las interacciones más serias con el paso del tiempo y en ausencia de una intervención o unos sistemas de compensación adecuados. El estudio muestra que el maltrato infantil potencial es visible antes de que alcance estadíos graves y por tanto es el momento en que tienen lugar las conductas "leves" el más adecuado para su prevención y reparación.

Este estudio y otros similares, sugieren con fuerza la existencia de un continuo en la paternidad, una especie de camino en orden ascendente en el que podemos encontrar todo tipo de conductas que van desde las más amorosas hasta el maltrato más severo.

Casi todos nosotros funcionamos en un tipo de conducta "base" respecto a nuestros hijos. Pero a medida que los estresares se incrementan, vamos "saltando" de una casilla a otra de este continuo. La escalada suele ser gradual, pero a veces pasamos directamente a la casilla "limite" para nosotros.

Esa casilla "limite" es la conducta de la cual consideramos que no podemos pasar por diferentes motivos, nuestro extremo disciplinario.

Es muy importante señalar que cada uno de nosotros ve en la casilla que sigue a nuestra casilla "limite" un tipo de conducta reprobable. Por ejemplo, "yo doy azotes pero no doy patadas porque me parecen algo muy fuerte y humillante, pienso que el que llega a la patada es porque está fuera de control". O "yo nunca he dado azotes ni cachetes, pero sí he zarandeado con fuerza a mi hija cuando me ha sacado de mis casillas"

Merece la pena darse cuenta de que las personas que tienen su limite en la casilla previa a la nuestra, consideran nuestra conducta de la misma manera que nosotros la conducta del que va por delante en la violencia.

También es importante observar que el continuo está formulado en términos de intensidad física del castigo, pero que no podemos olvidar que los daños emocionales y la vivencia de humillación del niño puede tener exactamente la misma intensidad en la casilla cuatro que en la siete (según veremos más adelante, varios estudios constatan este hecho empíricamente).

Y por último, no podemos pasar por alto el hecho de que la intensidad física del castigo no siempre es proporcional a la intensidad del daño recibido: por ejemplo, cualquier pediatra puede afirmar sin ninguna duda que agitar a los niños menores de tres años (o tirarles bruscamente del brazo, zarandearles o empujarles) puede provocar lesiones cerebrales irreparables: el peso de la cabeza del niño corresponde a un 10% del peso total de su cuerpo; la falta de tono muscular en el cuello (que no se consigue hasta los dos-tres años) ante cualquier tipo de movimiento brusco provoca que la masa encefálica del niño choque literalmente contra la pared craneana. Este movimiento puede producir lesiones de la masa cerebral así como desgarros en los vasos sanguineos, hemorragias, etc.. es cuestión de suerte.

¿Por qué saltamos de casilla?

En el ciclo vital de una familia, con la llegada de los hijos, tienen lugar una serie de cambios estructurales que implican nuevos modos de funcionamiento, por lo general más complejos cada vez y que generan diversos momentos de crisis. Es en esos momentos de crisis en los que los miembros de la pareja no encuentran recursos individuales o familiares para mantener "el orden" familiar y recurren, casi siempre sin una estrategia previa sino de forma impulsiva, al castigo para imponer una disciplina y para sentir que controlan una situación que no pueden controlar de otra manera en ese momento.

Como el castigo físico y humillante es paralizante, ejerce un control momentaneo sobre la conducta del niño lo cual los padres consideran como un éxito de su técnica. Esta sensación de control y eficacia aumenta la probabilidad de volver a usar estos métodos y su uso continuado da lugar a la cronicidad y al uso habitual de los mismos.

Y al mismo tiempo, la cronicidad y el uso habitual de los mismos favorecen una mayor escalada en el continuo. Muchos padres comienzan con azotes esporádicos cuando el niño tiene dos o tres años y terminan usando formas más fuertes de violencia unos años más tarde.

Es muy probable que si los padres se hacen conscientes de esas situaciones críticas y de las situaciones que van a tener que enfrentar, si pueden hablar entre ellos de antemano de cómo se van a abordar determinadas situaciones (qué tipo de negociaciones van a llevar a cabo, por ejemplo) , no se llegue a la "escalada" en el continuo sino que se puedan mantener en la casilla donde ellos realmente están más a gusto y donde realmente controlan la situación.

La violencia y la escalada de violencia son el resultado de las estrategias de control negativas e inapropiadas con los hijos. De ahí que algunas formas de maltrato infantil puedan entenderse como el extremo al que un padre o madre pueden llegar en la disciplina que emplean con sus hijos.

Las repercusiones de esta conducta están fuera de nuestro control

Nosotros ponemos la semilla de la violencia, pero no sabemos cuánto va a crecer. Nos es imposible controlarlo porque no podemos saber qué tipo de vida van a tener nuestros hijos, si les va a ir bien, mal o regular, que experiencias más o menos traumaticas les esperan o cómo la vida y las influencias laborales, sociales, económicas.. van a ir moldeando su carácter según su personalidad y su capacidad individual de sobreponerse a los avatares vitales. Quizá nosotros fuimos abofeteados por nuestros padres pero logramos tener un cierto control sobre nuestra vida y nuestras emociones... quizá nosotros hemos conseguido mantenernos en el mismo patrón de violencia que usaron con nosotros. Pero no sabemos, no podemos saber, qué harán nuestros hijos. Si se quedarán en el cachete, el empujón... o si, llevados por sus circunstancias vitales particulares, engrosarán las listas de padres que apalizan a sus hijos. Me pregunto si es eso lo que queremos para ellos y para nosotros."

 

Buen martes. Por aquí, sol y fríiiiio....

Tags: educacion

servido por elpatiodemicasa 17 comentarios compártelo

17 comentarios · Escribe aquí tu comentario

koldo

koldo dijo

muy interesante, ya lo creo.
yo intento educar desde la motivación de lo positivo (mucha supernanny), pero a veces meto la pata y reprimo lo negativo, y eso siendo una persona pacifista, tranquila y con formación.
así que imagino lo fácil que es caer en esa violencia (de todo tipo) teniendo manos consciencia.

17 Febrero 2009 | 01:26 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

Sí, Koldo, con seres indefensos o mucho más débiles que nosotros es muy fácil caer en la violencia. No hay más que ver qué aguante demostramos en situaciones cotidianas, con jefes, compañeros, incluso amigos, y qué poco con nuestros propios hijos, que, paradójicamente, son las personas a quienes más queremos... No hay más que ver que jamás trataríamos a otros adultos con la falta de respeto con que a veces se trata a los propios hijos... Debería darnos mucho que pensar...
¿Supernanny? Jejejejej....

17 Febrero 2009 | 02:03 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

Yo también meto mucho la pata y reprimo lo negativo... que nadie piense que no... Tengo mucho que autoreeducarme....

17 Febrero 2009 | 02:05 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Ma.:))
Sabio artículo...
Y muy cierto: en el fondo, es volver sobre ese proverbio que dice lo de "ver la paja en ojo ajeno y no viga en el propio". Pues más ó menos...
Soy pacífica y pacifista por naturaleza. No tengo hijos y me encantan los niños, y tengo con ellos una paciencia... que ojalá tuviera hasta conmigo misma. Pero tampoco sabría decir con certeza si daría ó no un azote en un momento dado a un hijo propio...
Y es que muchas veces sí que pienso que prefiero a esos padres (casi siempre madres) que si el niño se pone a dar berridos y no atiende a razones le da el típico azote en el trasero (que no duelen) a esas que le dejan hacer... y lo único que consiguen es que el niño se salga siempre con la suya. He visto a críos montar escenas monumentales en, por ejemplo, tiendas... y casi la madre justificarles diciendo que "es que tiene mucha personalidad". Y el niño arrancando ropa de los percheros, sin más ni más...
Ó, como ya he comentado alguna vez, aquel par de energúmenos menores de 10 años que se pusieron en mi oficina a dar patadas al acuario (100 litros). Y cuando les dije que hicieran el favor de no hacer eso, que se podía romper e, incluso, cortarse (además que los peces eran seres vivos) la madre saltó con que a sus hijos no les regañaba nadie, que podían hacer lo que les viniera en gana y donde les pareciera. Le respondí que muy bien... pero que fuera de mi oficina. Y abrí la puerta haciéndole el gesto de invitarla a no volver...
Ú otros a quienes pillé intentando tirar desde una primera planta a su prima (todos menores de diez años también), y sobre los que tuve que pedir a su madre que el día en que tuviéramos que ir al Notario buscase el sitio donde dejarlos... porque allí a sus hijos no los podía llevar (a esas alturas habían montado carreras, roto cosas y revuelto un par de veces los despachos de mi oficina). Y casi se molestó: que según ella y el psicólogo del colegio no debía coartar la libertad de sus niños...
Lo mismo luego todos han sido personas sensatas y tal... pero más bien me temo que en la actualidad serán veinteañeros vagos, malahablados y de los que ya a los 15 empezaron a dar guantazos... No sé porqué me temo esas cosas...

Mi sobrino tiene la edad de tu niño. Está completamente asilvestrado (aparte que cada vez se vé con más claridad que tiene problemas de carácter: no habla, no atiende...). Nunca he visto a su madre hacerle una caricia, y sí darle gritos "porque sí, verás cómo se asusta, qué divertido es" (llegó a decirme eso, que le gritase, porque era muy gracioso cómo reaccionaba... cuando con poco más de 14 meses estaba echándose a andar). El niño llega a casa de mi madre y se pone de pie en los sofás, intenta abrir las ventanas, tira cosas al suelo, da patadas a objetos, paredes y personas... No sé: a nosotros de pequeños sí nos dieron azotes... y besos. Y no hacíamos esas cosas. Imagino que la educación y la disciplina proceden de la justa medida de castigos y cariño...;)

No me enrollo más. En Madrid: sol (por fin!!!)

Muchos besos:))

19 Febrero 2009 | 12:55 AM

Io

Io dijo

Me ha gustado mucho tu entrada, y la que traes asusta un poco. Realmente, nunca se asoció un cachete con violencia, y sin embargo lo es. El propio insulto lo es, el propio grito.

El problema es que a los padres de ahora no se le ofrecen alternativas, o no las saben poner en prácita, porque lo que apunta Bruxana está a la orden del día. Ya no hay cachetes, ahora lo que hay es mirar hacia otro lado. Yo he tenido que poner orden en mi tienda más de una vez, porque las madres no quieren saber nada.

No conozco nada de psicología o educación infantil. Cuando tuve que educar a mi hija no necesité recurrir a la violencia nunca, porque era un amor de niña (y lo sigue siendo) que lloraba tan solo de pensar que yo no la quisiera. Como digo, no conozco esas posibles alternativas, pero intuyo que consumen más tiempo que un cachete, tal vez haya que dialogar, o argumentar, o enfrentarse al niño durante media hora porque no acepta que le dejes sin playstation. Y si los padres piensan que no "pueden perder el tiempo" en esas cosas, pues ya tenemos niños salvajes.

A mí esto me parece una etapa de transición. Supongo que el día de mañana, la violencia con los niños estará descartada socialmente, y nosotros les pareceremos tan trogloditas como los antiguos padres y maestros que empleaban la vara.

Tendríamos que ser más niños, acercarnos más a ellos, reírnos más con ellos, como haces tú, Rose.

Mil besos!!!

19 Febrero 2009 | 01:44 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

¡Hola, chicas!
Vuestros comentarios me darían para mucho, así que casi que en vez de comentar aquí, lo voy a dejar para una próxima entrada. Unicamente un par de cosas:
Bruxana, dices "No sé: a nosotros de pequeños sí nos dieron azotes... y besos. Y no hacíamos esas cosas. ". Piensa por un momento en que una amiga te contase que su pareja a veces le da tortazos, y otras veces le da besos, osea que la quiere mucho, está claro. ¿Cómo llamarías a eso? A veces, sólo con trasladar situaciones cotidianas en el trato con los niños, a situaciones en el trato con adultos, nos damos cuenta de muchas cosas.
Io, dices "Como digo, no conozco esas posibles alternativas, pero intuyo que consumen más tiempo que un cachete, tal vez haya que dialogar, o argumentar, o enfrentarse al niño durante media hora porque no acepta que le dejes sin playstation. ". Creo que das en el clavo. Esas alternativas son mucho más laboriosas, pero ¿alguién dijo alguna vez que tener hijos fuera fácil? Pues si lo dijo, mentía...
También me llama la atención que ambas habéis incidido en el tema de las madres.... No lo digo como una crítica, sino como una triste realidad, porque aunque me pese decirlo, la educación, en un gran número de casos y de casas, sigue en manos de las mamás....
A ver si saco un rato y me enrollo un poco más....
Buen día, y gracias por aportar vuestros granitos....
Besos.

19 Febrero 2009 | 02:41 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Ma.:))
Pues tienes toda la razón: supongo que si lo vemos desde otro punto de vista...
Yo llevo años (los más de cuatro que tiene mi sobrino) repitiendo que más que disciplina (que también, y que no tiene que ver con pegarle... que me temo que sí recibe guantazos maternos) lo que le falta es cariño. Como contaba: sí he visto a su madre encontrar muy divertido dar gritos al niño sin venir a cuento, solo para asustarle. Y sí sé por mi madre que la última vez que estuvo en casa (semanas antes de fallecer mi padre) le agarró de los pelos para arrastrarle hasta el sofá. Por eso ponía el ejemplo de que nosotros de pequeños sí recibimos azotes pero también besos, y sí jugaban con nosotros, y sí nos dejaban ver el "barrio sésamo" pero nos castigaban sin verlo si nos portábamos mal... El problema es que nunca he visto de mi cuñada hacia mi sobrino la menor atención "maternal", el menor gesto de cariño. Nunca la he visto dar un beso a su hijo. Y por eso ponía el ejemplo: me temo que una de las razones del comportamiento (radicalmente anormal) del niño también esté basado en eso: sí solo está viendo indiferencia, gritos a destiempo ó quién sabe qué, es normal que se relacione con los demás dando patadas, mordiendo y que a sus cuatro años y pico no sepa dar besos...
Y también tienes razón en que al final ponemos más como ejemplo a las madres que a los padres: aún hoy y salvo honrosas excepciones, se sigue viendo como algo "materno" la educación de los bebés...
Y en el caso de mi sobrino... menos mal que a mi hermano le gustan los críos. Menos mal. Al menos, así mi sobrino recibía un baño más ó menos diario de bebé: mi cuñada jamás lo bañó ella sola. Y dudo que hoy en día lo haga...
De todos modos, es que el caso de mi cuñada es cada vez más una patología..., en fin. Qué lástima que personas a quienes les haría feliz tener un niño no puedan, y que algunos niños hayan tenido la desgracia de tener madres como ésta... :(

Y sí, el tema da para mucho...

Besos. A repartir:))

20 Febrero 2009 | 01:17 AM

Jo, Bruxana

Jo, Bruxana dijo

¡¡Es que está clarinete que a ese chiquillo lo que le falta es cariño!! Lo de tu cuñada me parecen malos tratos bien graves, ¿eh? Jopé...

Sobre el cachete o no cachete.
Veo que últimamente desde las instituciones, desde las leyes se insiste en estar en contra del cachete.
Bien, es un primer paso.
Pero yo creo que hay violencias sutiles, invisibles y mucho más dañinas, y a mi modo de ver muchas alternativas a los cachetes que dan los psicólogos más reputados van un poco en esa línea.
Claro que esta es mi opinión personalísima. A mí me fastidia enormemente hablar de niños tiranos, de falta de límites, de que hemos pasado a otro extremo. ¿A qué otro extremo si columnistas y tertulianos defienden desaforadamente el cachete a tiempo? Muchos intentando demostrar quién es más duro y a quién le hicieron más callo los cachetes que recibió en su infancia.
Lo siento, no paso. No paso por los cachetes, pero tampoco por lo de: bueno, cachetes no, pero mira, los niños necesitan límites porque si no se convierten en tiranos.
No, mira, todos necesitamos límites y todos los tenemos. Sinceramente, a mí me hacen gracia estas cosas de: no puedes darle todo lo que pida porque va a malcriarse. No, leches, no puedes darle lo que le pida porque sencillamente es imposible. Ahora, lo que sí le puedes dar es toda tu atención y toda tu comprensión. Y una cosa muy importante: RESPETO, que quiere decir entre otras cosas aparcar una determinada manera adultista y adultocéntrica (lo que me reía yo de "todo lo céntrico" y ahora lo uso a todas horas), una manera de relacionarse con los niños en el que el adulto lo sabe todo y tiene que demostrar permanentemente quién manda con una chulería de la leche y que es, según YO CREO, UNA de las causas de la violencia a los niños.
En este sentido, me parecen catastrofistas y alarmistas todas estas advertencias de "no puede salirse siempre con la suya", "no le consientas tanto que se va a malcriar", que creo que a la postre enfrentan a padres y a hijos. ¡¡Los padres se salen con la suya muchísimas más veces que los chiquillos!! ¡¡Y no pasa nada!!
Sinceramente, tantos libros sobre pequeños dictadores, sobre cómo poner límites, sobre qué castigos son más efectivos... ¡¡Ojalá el problema éste del consentimiento fuera el más grave de la infancia!! ¡¡Pero no lo es!!
En fin...
Es mi opinión personalísima, ya digo. Como también lo es que no me gusta ni un pelaco la supernanny (por la falta de respeto a la intimidad, entre otras cosas, y también por muchos consejos de su programa: a mí me pone los pelos como escarpias que el premio a portarse bien sea leer un cuento al chiquillo o sacarle al parque, en realidad, yo cuestiono bastante el sistema de premios y castigos, pero ésa es otra historieta...)
En fin, muy buena tu última reflexion, Rose, así como el artículo que copias del blog de Violeta Alcocer. A mí también me parece un blog muy interesante.
Ale, ya de paso recomiendo los libros de Alice Miller. Sobre todo uno que se titula "Por tu propio bien", que es el mejor para empezar con Alice, yo creo.

20 Febrero 2009 | 10:32 AM

koldo

koldo dijo

Bruxana, la cuestión de supernanny es muy personal, supongo. Nosotros hemos probado con algunas cosas (está claro que tienes que decidir qué es lo más importante en ese momento, lo que más afecta a la convivencia o al desarrollo del niño), sobre todo de la comida, y nos ha funcionado estupendamente. De que comer fuera un suplicio con los ¡Yo no quiero esto!, ¡Yo tampoco!, a poder estar sentados comiendo verduras, para nosotros es un triunfo y una alegría.
Al final, lo que yo saco de supernanny es nunca utilizar la violencia ni los gritos: y premiar (como tú quieras) las cosas buenas. Eso, la verdad, funciona. Y respetas al niño.
Bueno, que no me pagan en Cuatro!!!

21 Febrero 2009 | 03:02 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola:))
Intervengo sólo para decir que quien ha comentado como "Jo, Bruxana" no soy yo...;) Imagino que el nick es porque tras leer mi último comentario quiso así que lo leyese (y lo he leido ;) )
Personalmente, nada que decir contra la supernanny...;)
Y considerando que soy la primera que está a favor del diálogo, siempre y en todos los casos (también con adultos) pues razón de más...
Y es un poco a lo que iba el tema: que gran parte del problema con los "pequeños tiranos" que a los 12 ya son dictadores y a los 16 pueden ser maltratadores de metro ochenta y salud de hierro... es eso: que durante años a quienes debían educarles (padres) les fue mas cómodo y fácil y "agradecido" comprarles todo lo que les pedía el niño, dejarle elegir dónde se iba la familia de vacaciones, qué color de coche comprar, qué cadena de tv ver a cualquier hora... y se olvidaron de dialogar. Que el tema no es ni que el niño no pudiera "opinar"... ni el otro extremo: hacer solo su santa voluntad...
Y... en fin... ¿a que se nota que me gusta hablar?????
Besos:))

21 Febrero 2009 | 07:09 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

¡Hola!
Perdón por la tardanza....
Anónimo o anónima que me recomiendas a Alice Miller: Bienvenid@. Tomo en cuenta la recomendación, que ya es la segunda que me llega en pocos días...
Sobre el tema Supernanny, no tengo una opinión muy precisa, porque es un programa que no he visto nunca. Ya he comentado en alguna ocasión que veo poca tele. Pero sí que siento un cierto rechazo por lo que supone de exhibir vidas privadas, sobre todo por lo que concierne a los niños. Seguro que cuando érais pequeños, en alguna ocasión os habéis sentido fatal cuando alguno de vuestros padres explicaba con pelos y señales a algún otro adulto alguna de vuestras travesuras, o alguno de vuestros "malos comportamientos". Pues imaginad por un momento lo que puede llegar a sentir un niño cuando uno o varios de esos "malos comportamientos" se han aireado nada menos que en la tele, para que lo puedan ver bien todos sus vecinos, todos sus amigos, todos sus profesores... Y otro de los motivos por los que me produce rechazo es precisamente por la gran cantidad de gente empeñada en recomendarme que lo vea, al igual que me recomendaron y me recomendaron el "Duérmete niño". No consigo explicarme por qué la mayor parte de la gente cree que lo que más vende y lo que más se publicita es lo mejor....

26 Febrero 2009 | 03:42 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

De todos modos, como comenté el otro día, el tema me daría para mucho. Pero necesito tiempo. Arggggg.....
Buen día. Aquí hace un sol... de relamerse de gustooooo.....

26 Febrero 2009 | 03:44 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

Por cierto, Bruxana, coincido en que lo de tu cuñada son malos tratos en toda regla, físicos (lo de los tirones de pelo es espeluznante) y psíquicos.
Un beso, guapa.

26 Febrero 2009 | 03:45 PM

solinari

solinari dijo

Hola, Patio de mi casa

Tenía pendiente visitarte, pero hasta ahora no he podido.

El tema de la educación de los hij@s, la disciplina, los límites, etc..., da para largo y tendido, sin duda. Por no enrrollarme mucho te diré que en estos momentos ando preocupada con el tema. Tengo dos hijos; el mayor tiene un carácter más dócil y además desde muy pequeño he ido trabajando con él hábitos, que en mi opinión es la mejor forma de educar; quizás en un principio sea una tarea algo pesada, pero a medio-largo plazo es la más efectiva y con la que se consigue un mejor clima familiar, relajado y tranquilo. (Hablo de unos hábitos lógicos y por supuesto flexibles; no hablo de hábitos inquebrantables y estrictos al 100%, que también hay quienes se pasan, según mi opinión claro).

Mi segundo hijo no es tan dócil; supongo que en parte por su caracter y en parte porque en los últimos tiempos me doy cuenta que tomo una actitud en cuanto a los hábitos más flexible. Por muchos motivos, pero fundamentalmente por cansancio, por ejemplo, a la hora de acostarse; hace solo unos meses recuerdo que a la primera vez que decía "venga, a la cama"; cogían los dos, uno detrás de otro y se iban a la cama. Algún día, supongo, alguno de ellos, diría, "un poco más, mamá...", y accedí; supongo que al día siguiente, volvieron a hacer lo mismo, y volví a acceder, y así uno tras otro; a día de hoy, tengo que decirlo, al menos tres veces; el mayor se va a la cama siempre el primero, el pequeño se va a regañadientes; y eso que durante unos días hace unas semanas, tuve que ponerme algo más estricta con él, porque empezó a coger la costumbre de acostarse y levantarse al menos 3 veces con excusas varias.

Pero no es sólo con el dormir, es con casi todo. Lo que quiero decir es que en los últimos meses por mi estado anímico, físico, etc..., he claudicado en más ocasiones de las que me hubiera gustado y en casi todas pensando "bueno, mañana no", pero mañana también sí, y luego te das cuenta que cada día que pasa te va siendo más difícil retomar hábitos que ya tenías practicamente establecidos.

Bueno, y acabo, que empecé diciendo que no iba a enrrollarme mucho.... jajajaja

Muy interesante tu blog; ten por seguro que volveré a menudo por aquí

27 Febrero 2009 | 12:32 AM

Nanny Ogg

Nanny Ogg dijo

Bueno, ya se ha comentado tanto este post que no sé qué me queda a mí :) A ver, el tema del cachete, me temo mucho que el uso del famoso cachete denota más que nada un fracaso en el uso de tácticas menos violentas. Yo, jamás, lo he usado con mi hija, sí que he usado castigos y premios, y confieso también -avergonzada- que más de una vez le he grito en demasía (esa es mi casilla límite) pero jamás le he dado ni una simple torta. Y ahí está ella que, según su tutora, es el sueño de cualquier profesor por lo buena que es en clase. Tiene sus límites (porque sí, aunque algún comentario por ahí arriba diga que no, sí que hay que enseñarles que hay límites para todo y para todos), tiene sus horarios y sus reglas (no inflexibles pero los tiene) y, aunque tiene sus momentos de rebeldía (lógicos, normales y deseables) es, por lo general, una niña estupenda. Así que a mí no me vengan con la milonga del cachete porque seguiré insistiendo en que llegar a eso supone que nos has sabido hacerlo bien antes.

Besos

1 Marzo 2009 | 07:39 PM

Epunto

Epunto dijo

Yo soy "Jo, Bruxana".
Es a mí a quien se le ha podido interpretar lo de que no hay que poner límites. Yo lo que digo es que no hay que poner límites por poner límites, porque si no vas a tener a un consentido en casa, porque tienen que ver que mandan. Los límites se ponen simplemente porque no se puede vivir sin ellos. Me hace gracia la insistencia en "a los niños hay que ponerles límites"... Claro, hombre, como a todo bicho viviente. Muchos límites serán para su propia seguridad: no dejarles tocar cosas peligrosas, por ejemplo. Otros son límites necesarios para la convivencia: no dejar que peguen a otras personas, enseñarles con paciencia a guardar turno, a resolver las cosas dialogando, a respetar a los demás, vaya. Luego hay límites que dependerán de cada familia: subirse o no al sofá, por ejemplo. Y estos límites, estas normas variarán de casa en casa. El caso es que límites los tenemos todas las personas, también los niños. Y en realidad, yo ni siquiera creo que esos límites se pongan, que esas normas se pongan/las pongan los padres (salvo esas normas de cada casa, esas cosas de subirse o no al sofá y otras minucias), yo creo que son límites y normas que ya están ahí y que todas las personas estamos sujetas a ellas. Las criaturas llevan poco tiempo en este mundo y no las conocen, y creo que la tarea educadora es precisamente enseñarlas, INFORMAR de esos límites, de esas normas. No es que tu madre te ponga el límite de no hacer daño a los demás, es que no hay que pegar a los demás y tu madre te informa de ello.
A mí lo que no me gusta es la insistencia en que a los niños hay que ponerles límites, que tienen que tener límites. Claro, hombre. ¡¡Y los tienen!! Todo el mundo los tiene.

Respondiendo a Rose: sí, a mí no me gusta supernanny por eso, porque no es nada respetuoso el programa con la intimidad del menor. Además, la imagen que dan de la chiquillería es siempre tirando a negativa y siempre la interpretación de los hechos suele ser "te tiene cogido el pulso, es muy listo y te toma el pelo..." y no me gusta. Y además de eso no me gustan algunos de sus métodos. El único programa que vi era de una niña de tres/cuatro años que la supernanny consideraba que estaba demasiado apegada a su madre. La niña había sido adoptada con dos años y su padre había muerto unos meses después. No mencionaron que esas vivencias pudieran influir en que la niña estuviera más apegada (no trabajaron los miedos de la niña, se trataba simplemente de conseguir que la niña fuera más independiente-uno de los objetivos de la crianza hoy en día, según parece- como fuera, sin plantearse que la niña simplemente tenía un ritmo distinto para conseguir esa "independencia" y que, poco a poco, con cariño y respeto a esa "lentitud" suya iría soltándose) y sí, sin embargo, insinuaron que la madre, como se sentía sola, la mimaba demasiado... Que esa es otra: la mirada del experto o la experta cuestionando a la madre por malcriar a la niña, esa cosa de "yo soy el experto/la experta y voy a decirte cómo criar a tu chiquilla"... No me gustó nada.
Tampoco me gusta el "Duérmete, niño" de Estivill. Me lo bajé de la mula para leer y criticar con conocimiento de causa y ¡¡jopetas!! Me pareció muy triste que se venda tanto y se le dé tanto bombo, de verdad.
Y diría que no entiendo cómo se vende tanto, pero sí lo entiendo, y muy bien. Son como recetas para criar, recetas rapidillas que pueden aplicarse en cualquier niño y que funcionan. Son manuales de instrucciones, así se anuncian. Pero las criaturas, las personas y el RESTO de animales son distintos a los electrodomésticos.

2 Marzo 2009 | 12:26 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

Solinari, bienvenida. Dices "en los últimos meses por mi estado anímico, físico, etc..., he claudicado en más ocasiones de las que me hubiera gustado ". Desconozco cual es tu situación exacta, pero si sé que a veces pensamos (me incluyo y me inculpo) que nuestros hijos se "están portando peor" porque hemos tenido algo más de manga ancha con ellos, cuando lo que sucede en realidad es que les hemos dedicado menos tiempo y atención en general, y en realidad adolecen de eso y no de "mano dura".
Nanny, dices "a mí no me vengan con la milonga del cachete porque seguiré insistiendo en que llegar a eso supone que nos has sabido hacerlo bien antes". Totalmente de acuerdo. Cuando se llega a la torta, es por incapacidad (o por falta de ganas y de esfuerzo) del adulto para dominar la situación de otro modo.
Epunto, bienvenida. Entiendo perfectamente tu punto de vista. Es cierto que todos, incluidos los adultos, necesitamos límites. Pero nos llenamos la boca hablando de los límites a los niños, sin tener en cuenta cuantas veces incumplimos los límites que tenemos como adultos. Se me ocurre, a bote pronto, la polémica ley anti-tabaco. Cuando estaba embarazada de Rn., tuve que soportar que demasiadas personas en mi trabajo no fuesen siquiera capaces de respetar a una mujer embarazada y a su futuro bebé, y fumasen en mi presencia, no sólo en despachos cerrados, sino también en la cocina, durante la comida. ¿Los adultos sabemos limitarnos, o nos tienen que limitar? Otro límite que se incumple a menudo. Los límites de velocidad. A menudo me llegan a la empresa multas por exceso de velocidad de alguno de los conductores. ¿Y qué se hace? ¿Se apechuga con el correspondiente castigo, o consecuencia, o como se le quiera llamar? Ah, no, se recurre la multa. Hablar de límites es fácil, sobre todo cuando no se refieren a las propias acciones, pero cumplirlos es otra cosa. Como digo a menudo, si nos pusiésemos más a menudo los zapatos de los niños, aunque nos aprieten bastante, veríamos las cosas de otra manera.
Pero ya he dicho que necesitaría extenderme más. A ver si retomo el tema...

3 Marzo 2009 | 03:01 PM

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Sobre mí

Soy mujer, también hembra, según el DRAE, y tengo algún año mas que Jesucristo, al menos según la versión oficial. Esto intenta ser sólo una especie de diario, o algo así, sobre cosas que me pasan por la cabeza. Aunque no es mi verdadero nombre, puedes llamarme Rose. ¿Recuerdas "Las chicas de oro"?. Pues eso. Yo, como Rose... Los preciosos labios de la foto... no son los míos.

A ratitos,

cuando la vida me lo permite,

estoy leyendo...

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