Recibo en el trabajo, por mail, contestación a una solicitud que hice ayer por la misma vía:

Buenos días Ma,
No puedo enviarte el justificante por mail, tele envío por fax.

Un saludo

El mail en cuestión es del director de una sucursal bancaria.

No conocía yo el tele envío…. ¡Qué cosas….!

Cambiando de tercio…. Anteayer, miércoles, por la noche, mientras yo amamantaba a Ir., sonó el teléfono de casa. Ro. corrió a cogerlo. “Prefijo de Madrid”, me dijo antes de descolgar. La conversación transcurrió más o menos así:

Ro: ¿Sí, dígame?

Voz femenina: Hola, buenas noches. Le llamo de la empresa de estudios de mercado Tontolhigos del Norte. ¿Podría hablar con el ama de casa?

Ro: Sí, dime.

V.F.: ¡¿Es usted?!

Ro: Sí, soy el amo de casa…

V.F.: ¿Vive usted sólo?

Ro: No. Vivo con mi mujer.

V.F.: ¿Y no puede ponerse ella? Es que necesito hablar con el ama de casa.

Ro: No, no puede. Puedes hablar conmigo, que también soy el amo de casa.

V.F.: ¡Ah, no! Tendría que ser con ella. Buenas noches. Adiós.

Tuht, tuht, tuht… tuht, tuht, tuht… tuht, tuht, tuht…. tuht, tuht, tuht…

Supongo que la muchacha dedujo que Ro., por su masculina voz, o quizá por lo que tiene entre las piernas (¡a que va a ser por eso!), no entendería de lavadoras, comidas, plancha, limpieza de baños y economía doméstica. Supongo que la muchacha dedujo que en una misma casa no puede haber dos, o más, “amos de casa”, y ningún “cabeza de familia”…

¡Qué casos! ¡Qué cosas…!

Buen fin de semana.