Otro día de lluvia. Y ya van….. ni sé, he perdido la cuenta. Desde que me reincorporé al trabajo tras el permiso maternal, no ha habido un solo día en que no haya tenido que abrir el paraguas al entrar o salir de la oficina. Sí, ya sé, qué verde es Euskadi, qué hermosas colinas, qué frondosos bosques, qué maravilla de paisajes sólo posibles gracias a la lluvia. Pero estoy hasta el gorro de no ver asomar el sol. Esta semana me he cogido dos días libres, y, como premio, no sólo llueve, sino que hace un viento y un frío del carajo…

Nunca he sido una gran seguidora de la moda. Me gusta la ropa, me gusta vestir bien, me gusta verme guapa, pero no soy una fashion victim. Compro lo que me gusta, y me importa un pimiento si este año se lleva o no se lleva lo que yo llevo. Es que hasta la expresión me parece absurda, “se lleva”. “¿Se lleva?” o “¿Te dejas llevar?”. Pero desde que vivo en un pueblo dónde la única tienda de ropa que hay la abrieron esta primavera, ya es la repera. Que nadie me pregunte por las últimas tendencias, por lo más in, por los colores de moda, por si se lleva el zapato de punta o el mocasín, porque no tengo ni repajolera idea. Así que, por favor, ¿podría alguien explicarme para qué demonios sirve una gabardina de manga corta a finales de noviembre? Quizá en el caribe pueda tener razón de ser, ¿pero aquí, y a las puertas del invierno? El sábado pasado vi una por primera vez. La chica en cuestión lucía perfectamente, del codo para abajo, un precioso y grueso jersey verde. Y esta mañana, en el metro, he visto otra. Era aún más grave. La termperatura en la calle era de unos siete u ocho grados. La muchacha llevaba un jersey blanco que le llegaba bajo la cadera, y la gabardina, por llamarla de alguna manera, no alcanzaba a cubrirle la cintura, y dejaba perfectamente visibles los pálidos y desnudos brazos de la chica. Será que yo soy muy friolera. Será que no soy nada moderna. Será que cuando conseguimos quitarnos unos grilletes, necesitamos ponernos otros…

Y en otro orden de cosas.

Aquí Ro, Rose (o Pati, o Ma., osea yo), Rn. e Ir. En palabras de Rn. “ama, toda nuestra familia”. En mis propias palabras “cómo pasar una lluviosa y fría tarde de lunes”.

Y digo yo ¿por qué a nadie se le ocurriría regalarme un Lego durante mi niñez?.

Feliz semana, y que veáis el sol… Aquí, mañana, seguiremos igual.