¡Que vivan las mujeres!
Hace tiempo, ya comenté por aquí lo mío con la basurilla depositada en mi bandeja de correo electrónico: presentaciones en power point, cadenas, vídeos, fotos, chistes varios… Poco a poco, en casa hemos ido consiguiendo que ya prácticamente nadie nos envíe este tipo de cosas. Pero tenemos una amiga, dura de pelar, que periódicamente nos deleita con alguna cosilla. Es una buena amiga. Para mí no es una amiga de siempre, de esas de la niñez o la adolescencia. En realidad, llegó a mi vida a través de Ro. Cuando él y yo comenzamos nuestra relación, Ol. y Ro. ya tenían una amistad de años. Hay parejas que, en un determinado momento, dejan de funcionar como tal y se separan. Se reparten casa, dinero, recuerdos… y generalmente, también amigos. Sé positivamente que si Ro. y yo nos separásemos algún día, a Ol. no tendríamos que repartírnosla, porque sé positivamente que seguiría siendo una buena amiga para ambos. Y lo sé porque en su círculo cercano se han separado varias parejas, y ella (y su marido, también su marido) ha seguido manteniendo una estupenda amistad con cada uno de ellos. Es una mujer divertida e inteligente, por eso me duele un poco que esté tan excesivamente obsesionada por la belleza y la juventud perdidas. Que ella cree perdidas, porque en realidad no es así. Lo de la juventud es siempre relativo, y lo de la belleza mucho más. En cualquier caso, creo que los próximos que le caen son los cuarenta y todos (se niega a decir su edad exacta) y a mí me sigue pareciendo una mujer bellísima. Una de sus cualidades que más admiro es que siempre, siempre, consigue que me ría. Siempre. De cualquier hecho cotidiano, es capaz de hacer una novela, o una película. Pero no una novela o una película cualquiera, no. Hay acción, ritmo trepidante, y humor, humor del bueno. Aún recuerdo aquella tarde, durante aquella semana de junio en que ella, otra amiga y yo, compartimos apartamento en la playa. Tomábamos un blanco y negro en una terracita, y comenzó a contarnos lo del tanga con brillantina que había comprado en el mercadillo para sorprender a su marido (ella, que nunca usa tanga): “Pues nada, que cuando nos separamos miro y ¡halaaaaa! todo lleno de brillantinaaaaa, las sábanas llenas de brillantina, el suelo lleno de brillantina, la mesilla llena de brillantina, los cojones llenos de brillantina…”. Y claro, las tres a carcajada limpia, y nuestros compañeros de terraza con aquellas caras de sorpresa. Aquella mujer, rubia, de ojos azules, y de carita tan dulce a pesar de pasar de los cuarenta, expresándose de manera tan zafia, mientras sus dos amigas estallaban en sonorísimas, irreprimibles, y probablemente también zafias carcajadas… Y también recuerdo aquella otra vez en que nos contaba cómo recibió en su casa un sobre, sin remite, que contenía algo abultado dentro, y fue a la comisaría de la ertzaintza porque creía que había recibido un paquete bomba. Y cómo un ertzaina puso el sobre a contraluz, y empezó a darle vueltas, y acabó abriéndolo delante de ella, y extrayendo de él una muestra de crema anticelulítica que alguna tienda de perfumería de la que es clienta le había enviado “Uy, pues seguro que han equivocado la dirección, porque yo eso no necesito”. Y como contando esta misma historia a las chicas con las que coincidía por las mañanas en el autobús, camino del trabajo, un señor que se bajó en la misma parada que ella, la había parado para decirle “chica, eres muy simpática, me lo he pasado muy bien escuchándote, ¡ojalá todos los días empezasen así!”… O cómo aquella vez que un adolescente le tocó el culo y salió corriendo, y ella, ni corta ni perezosa, se puso a perseguirle, y él se metió en un portal, y ella le siguió escaleras arriba, y él entró en su casa, y ella vio como una puerta se cerraba, y tocó el timbre y salió un señor, y ella, jadeante por la carrera, le espetó que su hijo era un sinvergüenza que le había tocado el culo, y como el señor, enfadadísimo, hizo salir a su hijo adolescente para pedirle cuentas, y como ella, aún jadeante, le preguntó “¿éste es su hijo?”, y él le dijo “sí” y ella, aún jadeante le respondió “bien, pues éste no ha sido”, y con el rabo entre las piernas, se volvió para la calle “sin recomponer mi honor”… Sé que adereza mucho sus historias, y que probablemente tengan más de imaginativo que de real, pero es tan, tan divertida…. que hasta le perdono que me siga enviando power points… De vez en cuando, abro el correo… tarda en recibir… tarda un siglo en recibir… ¡joer! pues sí que tarda, sí…. y ya sé que tengo tres o cuatro pichingoladas suyas. Las tiro sin abrir… y seguimos tan amigas…
Hace poco, uno de sus mensajes me llamó la atención, no sé muy bien por qué: Asunto: “Porque tú y yo nos los merecemos”. Así que ese día sí que abrí el archivo adjunto. Y mientras lo veía, no pude evitar que los ojos se me llenasen de lágrimas. Ya sabéis, mis dichosas hormonas siguen revueltillas… Era este video de Miguel Bosé. Creo, creo, que es un spot para una firma de ropa…pero es lo de menos.
Me gusta Miguel Bosé. Me gusta cómo ha ido cambiando su físico con la madurez. Según van pasando años, le voy viendo más atractivo. Me gusta su voz, me gustan sus tranquilos gestos al hablar, me gusta su aura de sensualidad, me cautiva su sonrisa, me rompe su mirada. Me gusta el personaje, y aunque no lo puedo saber porque no le conozco personalmente, intuyo que seguramente me gustaría la persona. Me gusta que haya sido capaz de enfrentarse a ciertos estereotipos (como comentaba Lebiram en mi post de ayer, hubo una época en que lució faldas). No puedo decir que su música me diga gran cosa, porque como ya dije también por aquí, no soy muy musiquera. Pero algunas de sus canciones sí que me gustan. A mi padre también le gustaba, y en aquella época (la de “Linda”, “Morir de amor”…) me extrañaba, porque era como demasiado moderno para el tipo de música que él solía escuchar. Sospecho que, más que su música, lo que en realidad le gustaba era el puntito transgresor que tenía él, porque mi padre, además, le admiraba como persona. A Ro. también le gusta, él más que su música, creo, así que le enseñé el vídeo “Ro., mira lo que me ha mandado Ol.” La hermana pequeña de Ro. siente verdadera devoción por Miguel Bosé, así que Ro. enseguida la llamó por teléfono para pedirle su dirección de mail (ya se ve que utilizamos mucho el correo ¡eh!) y podérselo enviar. Y conociéndola, puedo imaginar que también se le escapó la lagrimilla…
Así que hoy, va por vosotras. Y por vosotros, por los que también pensáis ¡Que vivan las mujeres!. Que vivan las mujeres como Ol. Las buenas amigas. Las que consiguen tirar por tierra esa idea de la eterna rivalidad entre mujeres, esa rivalidad que también existe, sí, lo constato cada día. Pero entre mujeres también existe la amistad, esa amistad que es más fuerte que la edad, que las circunstancias, que la distancia, que el tiempo sin verse y sin hablar por teléfono, a veces hasta que la desatención. Que vivan las mujeres como Ol. Las mujeres que son personas antes que mujeres. ¡Que vivan las mujeres!.



koldo dijo
Pues esa gente hay que conservarla, que son los que hacen que la vida se convierta en algo maravilloso de ser vivido.
21 Noviembre 2008 | 04:18 PM