Ayer por la tarde, Rn. jugaba tranquilamente a mis pies mientras yo amamantaba a Ir.

Rn.: Ama, en nuestra casa somos dos chicos y dos chicas.

Yo: Sí, es verdad. Aita y tú sois dos chicos, e Ir. y yo somos dos chicas.

Rn: Sí, pero Ir. parece un chico.

En varias ocasiones, algunas personas han equivocado el sexo de Ir. Es curioso, porque con Rn. también sucedía. Rn. tiene unos ojos enormes, unos labios muy gruesos (ver foto), “labios de chica” según una amiga mía, y una carita muy dulce. Y de bebé solían confundirle con una niña. “Es que es tan guapo que parece una niña” me dijo una vez una abuelilla. Y con Ir. sucede al contrario. La confunden con un niño. Supongo que sus rasgos son un poco más ambiguos, nariz más grande, ojos más pequeños, labios más finos… Y sobre todo, parece ser que el quid de la cuestión es la ausencia de pendientes. Ro. y yo nos negamos a ponerle a nuestra hija una marca de género, que supone agujerear una parte de su anatomía, solo porque sea niña y no niño. Pues he tenido que escuchar (digo he, porque la gente suele considerar estas cosas temas “de mujeres”, y al padre no le dan la murga) toda clase de argumentos en contra de esta decisión: Si no les duele, si se los pones de recién nacida ni siquiera se entera Es que con pendientes están más guapas” “Si total, luego de mayor se los va a querer poner y te los va a pedir ella”… Ya,ya,ya…. No les duele, pero la práctica totalidad de las madres que conozco no han querido estar presentes en el momento de inyectar el pendiente en las tiernas orejitas de sus nenas. Y digo madres, porque no conozco ni un solo padre que haya llevado a su hija a tal menester. ¿Qué están más guapas? A mí mi hija me parece un ser bellísimo, no necesita ningún tipo de adorno, y no tengo ningún interés en inculcarle aquello del “para presumir hay que sufrir”. ¿Qué de más mayorcita quiere ponerse pendientes? Pues estupendo, no hay problema. De hecho, yo llevo dos en cada oreja. El primero me lo puso mi madre de bebé (no recuerdo cuánto me dolió, pero que no lo recuerde, no significa que no me doliese), y el segundo me lo puse yo, voluntariamente, a los veintinueve años (y dolió, vaya si dolió, durante quince días). No conozco a nadie a quien, de adolescente o de adulto, si ha querido ponerse un pendiente, un piercing o un tatuaje, le haya tirado para atrás el dolor. El dolor, cuando es consciente, se acepta de otra manera. Pero para un bebé de meses, incluso de días en algunos casos, el dolor no es consciente. Algunas personas me dicen que las vacunas también duelen. Sí, ya lo sé, pero las vacunas son necesarias, y los pendientes, no. A esas personas que suelen decirme que llegará un momento en que Ir. me pedirá que le ponga pendientes, suelo contestarles: “Sí, es probable. Cuando los pida le explicaré el tema, le explicaré que le puede doler, y si aún así quiere, la llevaré a la farmacia a que se los ponga. También es probable que Rn. pida lo mismo, y si lo hace, también se los pondré. Pero supongo que si a Rn. le hubiese puesto un pendiente de bebé te hubiese parecido una barbaridad, ¿no?”. Algunas, suelen quedarse planchadas, pero muchas aún dicen aquello de “Pero es que Rn. es un niño”.

Total, que cuando ayer Rn. me dijo que Ir. parecía un chico, pensé que quizá hubiese oído a alguna persona comentar tal cosa.

Yo: Rn., tu hermana es una chica. ¿Por qué dices que parece un chico?.

Rn: (pasando su mano derecha en círculos por encima de su cabeza) Porque tiene así, así, muy poco pelo…

Tuve que aguantarme la risa. Efectivamente, Ir. es muy pelona. Pero inmediatamente pensé “¡Hala!, Ya están empezando a hacerle mella los estereotipos de chica, pelo largo, chico, pelo corto”. Y además, lo que ve en casa contribuye en cierto modo a ello. El poco pelo que le queda a Ro. lo lleva siempre rapadísimo, y yo tengo el pelo muy, muy largo. Y entonces, asombrosamente, un estúpido pensamiento cruzó por mi mente, y cuando estaba a punto de convertirlo en palabras, logré retenerlo y tragármelo, con el consiguiente peligro de ahogo “Rn., no es un chico ¿no ves que va vestida de rosa?”. Y acto seguido “Estúpida. ¡Cómo eres tan estúpida! Estereotipos…. Pues anda que no los tienes tú grabados a fuego… y qué difíciles son de erradicar, joer….”.

Y efectivamente, Ir. va muchas veces vestida de rosa…. aunque también de azul, y de beige… Supongo que en mi caso, lo del color rosa no es tanto debido a que sea una niña, como al hecho de que sea un color que me encanta. Yo, prácticamente, todo me lo compro rosa, o derivado. Cuando voy a comprarme un jersey, una falda, un vestido, probablemente me pruebe el mismo modelo en varios tonos, pero siempre, casi siempre, me lo acabaré comprando rosa. Y en el caso de Ro. y Rn.,…. pues también tienen camisas, camisetas y jerseys de ese color. Como de los atuendos me encargo yo (Ro. odia, profundamente, con toda su alma, con todo su cuerpo, y con todo su todo, comprar ropa) pues compro lo que me gusta. En mi descargo diré que odio a Barbie… nunca tuve una, fui afortunada…

Rn., además, lleva unos días fijándose mucho en mi ropa. En concreto, desde que volví a trabajar. Supongo que porque como por las mañanas no me ve, a la tarde me analiza de arriba abajo.

Rn: Jo, ama, ¡qué guapa estás hoy!

Yo: ¿Sí, cariño? Gracias. Me encanta gustarte.

Rn: Sí. Es que cuando llevas falda estás más guapa. Cuando te pones pantalones, estás un poco fea.

Y es que últimamente, también ha empezado a decir que las chicas llevan falda, y los chicos pantalones. Y yo le digo que sí, pero que las chicas tenemos mucha suerte, porque podemos ponernos las dos cosas, a lo que él a veces me responde que no, que las chicas tienen que llevar falda.

El sábado, una amiga y yo pasamos la tarde en Bilbao. Tarde de chicas, así que nos llevamos a Ir. Fuimos de tiendas, tomamos un chocolate en una terraza del Casco Viejo (sin dedicarle ni un mísero pensamientos a los kilos, esos okupas), charlamos y charlamos… Antes de salir de casa, fui a darle un beso a Rn., me planté delante de él, y giré sobre mí misma para que viese lo guapa que me había puesto.

Yo: Rn., ¿qué tal estoy?

Arrugó el morrito.

Rn: Jo, ama, es que con pantalóoooon…. un poquito fea.

¡Hala, otro estereotipo más…! Lo jodido es que, los días que me pongo falda o vestido, yo también me veo mucho más guapa…

Aquí, otro día más, continúa lloviendo.