Plancha
Mantengo una relación ambigua con la plancha. No me gusta planchar. Al menos, eso creo. Aunque estoy empezando a dudar sobre si no habré detestado siempre eso de quitar arrugas por considerarlo como algo inútil, poco valorado, y que me quita tiempo para otras cosas. Actualmente, y desde hace bastante tiempo, me quita sobre todo horas de sueño, tiempo para dormir, ya que casi siempre plancho de noche, desde que los niños están acostados. En cambio, me gusta el olor de la plancha, o más bien, el olor que desprende la ropa al ser planchada. Es de esos olores que consiguen retrotraerme a mi niñez. Mi madre siempre planchaba en la cocina (sigue haciéndolo) , y no utilizaba tabla. De hecho, nunca ha tenido una. Siempre ha puesto sobre la mesa de la cocina una mantita vieja, de esas que parecen lija, cubierta con una sábana blanca, que tras pases y pases de camisas, pantalones, faldas, sábanas y toallas acababa por tornarse amarilla. Recuerdo perfectamente esas tardes de mi niñez en las que ella planchaba, mientras escuchaba en la radio Lucecita, o los consejos de Elena Francis, o ponía una cinta de Alameda o Antonio Machín en el radio-casette. Mientras tanto, yo jugaba a sus pies con mis muñecas, o con mi cocinita y mis cacharritos, o garabateaba en mis cuadernos tirada sobre el suelo de terrazo, aquel en el que no se sabía si las motitas eran dibujos de la baldosa o migas de pan acumuladas durante el día, pendientes de ser barridas cuando todos nos hubiésemos ido a la cama. Y el olor, aquel olor a ropa limpia, recién lavada, sin suavizantes… En mi memoria, aquellos momentos que recuerdo con nostalgia son casi mágicos, momentos eternos, momentos de paz, momentos de silencio sólo roto por las palabras o músicas que salían de aquella radio que compartía mesa con la plancha. En cambio, yo siempre plancho sobre tabla, y casi siempre en la sala, por entretenerme mirando un poco la tele mientras lo hago. Pero hace un par de semanas, el sábado, después de comer, Ro. había tenido que salir a hacer algo (mi maldita memoria no me deja recordar qué), Ir. dormía en su cuna, y Rn. veía una película de dibujos, así que decidí planchar para agilizar la montonera pendiente. Para no molestar a Rn., planté la tabla delante de la mesa de la cocina, pero al poco rato de haber comenzado con la faena, él apareció por allí. No le apetecía seguir viendo la película, así que pensé que tendría que desenchufar e ir a jugar con él. Pero no, sin decir nada, se fue a su habitación, trajo un par de peluches, se subió a su trona, y me pidió que le pusiese un CD con canciones infantiles. Y se quedó allí, jugando con los muñecos, en silencio, mientras yo seguía planchando y nos envolvía el sonido de las melodías infantiles. Y recordé a mi madre, y a mí misma, y me pregunté si mi hijo algún día recordaría con nostalgia esos momentos pasados conmigo, y el olor de la plancha, ese olor tan especial… No, seguro que no, yo casi siempre plancho de noche, cuando él ya está en la cama… Anteayer, domingo, por la mañana, Rn. y Ro. habían ido a la piscina. Llovía, Ir. está constipada, y no me apetecía salir con ella a la calle. Así que decidí planchar, para ir adelantando trabajo. Puse a Ir. en su hamaca, en el suelo, de manera que pudiese verme, y encendí la radio para escuchar el programa de Javier Vizcaíno. Y así estuvimos, en silencio, con la radio de fondo, Ir. acunándose y agitando un sonajero, y yo disfrutando de la tranquilidad… y del olor, ese olor, tan especial… Quizá debería de dejar de planchar de noche. Quizá debería planchar cuando mis hijos están despiertos, y compartir con ellos esos momentos. Esos momentos que siempre me he empeñado en considerar tediosos, y que quizá, para ellos, algún día sean motivo de nostalgia, pero hoy sean momentos de paz…







elpatiodemicasa dijo
No sé qué demonios le pasa a La Coctelera. Me ha costado un triunfo publicar, he sido incapaz de subir una foto, y me ha cambiado el tamaño y la fuente de la letra, por lo que hay que dejarse los ojos para leer esta entrada. A los que entréis por aquí, si conseguís hacerlo, gracias, porque tiene su mérito la cosa...
Buen día. Aquí, como siempre, llueve...
18 Noviembre 2008 | 08:02