¿Por qué tantas personas tienen la costumbre de rascarse la cabeza con el capuchón de los bolis BIC? No hay nada más asqueroso para una persona que, como yo, aún no ha perdido la costumbre infantil de meterse a la boca los lapiceros y bolígrafos que encontrase en el boli propio la caspa de una cabeza ajena…

¿Por qué en un lugar donde cada día veinte personas utilizan el microondas nunca nadie cae en la cuenta de que de vez en cuando hay que, por lo menos, lavar el plato giratorio? No hay nada más asqueroso para una escrupulosa como yo que calentarse un café sobre la costra de cafés ajenos acumulada durante meses…. Y lo mismo sucede con los mantelitos individuales plastificados que se utilizan para comer. Puedo adivinar, con un margen de error del 1%, lo que cada día han comido mis compañeros.

¿Por qué entre veinte personas nadie, absolutamente nadie, se da cuenta de que un par de tristes plantitas agonizan día tras día hasta morir? Sólo necesitaban un traguito de agua de vez en cuando ¡snif, snif!. Milagrosamente, el cactus que me ayuda a descargarme de electricidad y mala leche sigue vivo…

¿Por qué mi portaclips está roto, ha desaparecido de mi mesa el cargador de móviles que sobre todo sirve para que los comerciales se acerquen a saludarme, y en su lugar ha aparecido ¡una lupa enooooorme! que obviamente no necesito para nada?

Hogar laboral… dulce hogar laboral….