Durante el tiempo que llevo de permiso maternal, he realizado un importante estudio sociológico. Cuanto más limpios tienen mis vecinas sus cristales, más cotillas son. Sí, sí. Claro que no sé si este fenómeno se da también en grandes urbes, o sólo en estos pequeños pueblos donde todos, aunque seamos “de fuera”, acabamos por tener nombre y cuatro apellidos. A lo mejor alguien puede confirmármelo. Pero a lo que iba. Si la vecina en cuestión limpia los cristales una vez por semana, puede que sea cotilla, o simplemente que sea una persona pulcra. Si los limpia dos veces por semana, no hay duda, es bastante cotilla. Si los limpia tres, es muy, muy cotilla, y conoce a la perfección a que hora pasa el cartero, el barrendero, la furgoneta del obrador de pan, y a qué hora salen sus vecinos para dirigirse a sus trabajos. Si los limpia todos los días, sabe además si el viernes has repetido modelito y llevas la misma camisa que llevabas el miércoles, si reciclas o no los distintos tipos de basura, y con qué frecuencia te lavas el pelo. Y si además repasa los poyetes un par de veces más a lo largo del día, que también las hay, sí, no es sólo por no mancharse las mangas de la camisa o de la bata de guatiné cada vez que se asoma, no. Sabrá además, por la frecuencia con que observa tus coladas, el trabajo que tienes en plancha sólo con las ropas de tus hijos , si eres más de braga o de tanga, y cuántos tienes blancos, cuántos negros, y cuántos color visón… Y si alguna noche decidiste darle una alegría a tu pareja con una lencería picantona, también lo sabrá, también…

Y tras hacer este descubrimiento, he tenido otra revelación. Resulta que yo, que sin caer en excesos sí soy un pelín maniática con la limpieza y el orden, siempre suelo tener los cristales bastante sucios. Y siempre había pensado que era por falta de tiempo, o por cuestión de prioridad. Me parece más importante lavarme la cara en un lavabo limpio que asomarme a una ventana impecable. Pero ahora he descubierto que no. El único motivo por el que mis cristales acumulan cagaditas de mosca y huellas de tormentas es que me importan un pimiento las idas y venidas de mis vecinos…

Ains, a veces echo de menos el semianonimato de la ciudad….

Nota: Si en este post hago alusión a vecinas y no a vecinos, es porque a mi alrededor, quienes se encargan de la limpieza de los cristales, y de la vida de los de al lado, son mujeres, mal que me pese….

Nota 2: Post escrito tras una furibunda sesión de pase de aspirador, mopa, limpieza de baños, etece, etece…. Los cristales, siguen sucios…..