Sueño
Hoy me he despertado a las dos de la mañana, y ya prácticamente no he conseguido volver a dormir en toda la noche. Me he levantado estornudando, y con unas irreprimibles ganas de ir al baño. He vuelto a la cama, y he notado un terrible dolor de cabeza. Entonces he recordado que había tenido un sueño muy, muy pesado…
Soy bastantes años más joven, y aún vivo en casa de mi madre. Mis dos hermanas también viven allí.
Esto es algo que ya he soñado más veces. Que soy más joven y vivo con mi madre. Y cada vez que lo sueño se repite la misma sensación. En realidad me doy cuenta de que soy mayor y no debería estar en casa de mi madre. Es como si ya hubiese experimentado el hecho de vivir mi propia vida, y hubiese tenido que volver. Mi hermana C. se ha independizado varias veces, yéndose a vivir con varios novios, y siempre ha acabado volviendo. Eso sí, nunca con las manos vacías: un hijo, una tele, un equipo de música… Supongo que siento una especie de terror al hecho de tener que volver al hogar materno. Soy tremendamente celosa de mi intimidad y de mi vida privada. Mi independencia, es una de las cosas de mas valor que poseo…
Mis hermanas están en bata, sentadas frente al televisor. La. en el sofá, y C. en una butaca. Mi madre está hablando por el móvil en la cocina, y la conversación está resultando tan larga que comienzo a impacientarme. En la enorme pantalla de la cámara digital de mi madre, miro una y otra vez dos fotos que necesito urgentemente enviar a mi correo electrónico, y necesito que mi madre acabe de una vez y me ayude, porque no sé cómo hacerlo.
Esto es algo totalmente absurdo en la vida real. Mi madre sólo tiene una pequeña cámara analógica que hace unas fotos tremendas. Tremendamente malas. Su cumpleaños es el día 26, y tenemos pensado regalarle una digital. Pero tenemos que encontrar la más sencilla de manejar que exista en el mercado. Pensar que mi madre pueda enviar una foto por correo electrónico es algo así como pedirle a Rn. que resuelva un logaritmo. Recientemente ha cambiado de móvil, y ya son tres las veces que he tenido que explicarle cómo buscar los números en la agenda. Y es un Nokia Fácil. Además, también es absurdo que quisiera enviar un correo electrónico directamente desde la cámara de fotos, porque era una cámara y no un móvil. Pero ya se sabe que los sueños, sueños son…
Por fin mi madre termina su conversación, y sin hacerme caso, se dirige muy seria a la sala, para hablar con mi hermana La. Por lo visto, la que llamaba era una amiga suya (de mi madre) que había pasado la noche anterior en nuestra casa. Esa noche mi madre no había dormido en casa, en el sueño no queda claro por qué. La amiga llamaba para contarle a mi madre que mi hermana La. había encendido una vela aromática y se había olvidado de apagarla, por lo que la vela había ardido toda la noche y se había consumido. Mi hermana, al darse cuenta, había comprado una nueva para que mi madre no la riñese. Además, la amiga también le había contado a mi madre que mi hermana había gastado todo el tarro de crema corporal de lichi y rosas.
La amiga de mi madre existe en la vida real, pero no es una amiga, sino una ex compañera de trabajo. La conozco porque un par de años he ido a cenar con mi madre y sus compañeras el día de la mujer trabajadora. No me cae bien. Divorciada, tiene cerca de cincuenta años, y un hijo de veintimuchos. Aunque es delgada, viste con ropa un par de tallas por debajo de la que realmente necesita, y creo que la compra en tiendas destinadas a quinceañeras. Lleva tantos collares, anillos y pulseras, que me hace sentir como en navidad, contemplando un adornado árbol. Habla muy alto, y su máxima preocupación es que no pase un día sin que algún hombre la piropee. La vela que mi hermana ha consumido existe, o existía, pero en mi casa. Sé que apareció hace unos años, y no recuerdo si la compramos o nos la regalaron al comprar alguna otra cosa. Se trataba de un cuenco de cristal azul, y la vela ocupaba todo el espacio interior. La encendimos una vez, y comprobamos que emitía un humo negro y espeso. Al ver que corríamos el riesgo de tener que volver a pintar el techo, vaciamos el cuenco, y deshaciéndonos de la vela, lo conservamos. Hace un par de meses, en un arranque de limpieza marujil en que me dio por deshacerme de platos, vasos y cachivaches varios, también me deshice del cuenco. La crema corporal de lichi y rosas no la he visto en mi vida. En mi casa sí tengo un ambientador de rosa y lichi. Tras meses olvidado, hace pocos días lo utilicé. Hoy he vuelto a hacerlo…
Recrimino a mi madre que preste oídos a esa amiga. El hecho de que mi hermana haya gastado la vela no tiene ninguna importancia, ya que la ha repuesto. El único problema hubiese sido que se hubiese quemado algo, pero afortunadamente no ha sucedido. Y es de lógica pensar que no ha podido utilizar más crema de la que su piel pudiese absorber, osea que si ésta se ha acabado, sería que quedaba poca. Además, esa amiga no es de fiar. Tiene un amante, cosa que oculta a su marido y a su hijo, y su amante no conoce su situación familiar, por lo que ella les miente a todos. Por tanto, no es una buena persona. Mi madre me da la razón. En el fondo, se nota que yo solo he corroborado lo que ella misma piensa. De todos modos, la absurda situación es tan tensa, que mi hermana La. comienza a llorar, y C., supongo que por contagio, también. Mi madre consuela a La., que es la primera que ha llorado, y yo me voy al baño.
En mi sueño la supuesta amiga por lo visto está casada. Lo que no sé es como demonios yo conozco tantos datos sobre su intimidad amorosa. También me parece curioso el hecho de que mi madre sólo consuele a La. Extrapolándolo a la vida real, supongo que es porque intuyo que de todas sus hijas, La. es en estos momentos la que más preocupa a mi madre. Aún hay algunos asuntillos pendientes de resolver a raíz de su divorcio, y como vive en Valencia y la tiene lejos, supongo que mi madre piensa que es la que más protección necesita. O quizá en el fondo yo también lo piense…
Estoy en el baño maquillándome para salir. Estoy perfilándome los ojos. Y tengo problemas para que me queden tan perfectos como a mí me gusta.
Desde hace muchos años, siempre me perfilo el párpado superior. No me sirve cualquier perfilador. No me gustan los lápices de ojos, ni los perfiladores de pincel. Unicamente puedo utilizar esos cuya punta es una gomita con forma de punta de lápiz. Y tampoco cualquiera. La mayor parte de marcas, aunque sean muy caras, me parecen malísimas. Sólo hay un par de ellas que me gustan, y cada vez tengo más dificultades para encontrarlas. Probablemente en el sueño esté utilizando alguna de las que detesto.
De repente comienza a sonar una música atronadora. No. Eso no es música. Es ruido hecho con instrumentos musicales. Pregunto a mi hermana, que ahora está maquillándose a mi lado, qué diablos es eso.
- Es que hoy tocan iqeorieireiroerio (no recuerdo el nombre del grupo, o quizá en el sueño ni siquiera les conozco)
- Pero dónde ¿aquí, en el barrrio?
- No. En Irala. En el “Oh,La,La”.
Que un grupo toque en un recinto cerrado en Irala y pueda escucharse desde mi barrio es del todo imposible. Y que toquen en el “Oh,La.La”, supongo que también. Creo que existe un local con ese nombre, pero me parece que es una pizzería, una hamburguesería, o algo así, aunque en este momento tampoco estoy segura…
De pronto suena el teléfono, y yo sé que es para mí. Efectivamente, es mi amiga Bn., con quién había quedado. Le ha surgido un inconveniente, y no puede salir. Como ya estoy preparada, pienso en llamar a L, mi novio, para que me recoja e ir al cine. Lo hago, pero no me siento bien. En realidad no es eso lo que quiero. Me doy cuenta de que hay una terrible equivocación en mi vida. No entiendo por qué he llamado a L. No entiendo por qué sigue siendo mi pareja, cuando yo quiero a otro persona. Necesito llamar a ese otro hombre. Pero no consigo recordar su nombre con exactitud. Creo que se llama Javi, o Miguel Angel, pero no estoy segura. Sólo sé que necesito localizarle, urgentemente. Entonces cojo mi vieja agenda de piel marrón, y comienzo a repasar nombres, esperando encontrar su teléfono, pero estoy tan nerviosa que no lo consigo. L llama a la puerta. Como no me gusta hacer esperar a nadie, decido dejar la búsqueda para otro momento.
L. existe. Fue mi novio durante años. Luego apareció Ro., y ya no pude seguir con él. Supongo que en la vida real, ese tal Javi, o Miguel Angel, sería Ro., y en mi sueño, yo, en vez de comenzar una relación con Ro., habría seguido con L. Lo que no entiendo es por qué a Ro. le he cambiado no solo el nombre, sino el físico. Ro. está calvo. Estaba ya calvo cuando nos conocimos. En mi sueño, el tal Javi o Miguel Angel tiene mucho pelo, bastante largo, y ….. no es rizado, es alborotado, como si no se hubiese lavado la cabeza ni peinado en meses. La verdad es que es un pelo horrible, y le hace una cabeza muy grande. Nada, que me quedo con mi calvo….
Estamos en Bilbao, paseando, y nos hemos parado a mirar una tienda. Yo siento una opresión enorme dentro de mi pecho, en mi estómago, en mi cerebro. Pero disimulo. Veo algo en el escaparate, y entro a preguntar su precio, acompañada de L. La opresión se va haciendo cada vez más grande. Hay varias personas en la tienda, por lo que tenemos que esperar. La tienda es enorme, antigua, de esas dónde hay de todo, desde lencería fina hasta jabón chimbo. La sensación de opresión me está matando. Ya no recuerdo qué quiero comprar. Me he equivocado. Llevo años estropeando mi vida. No estoy haciendo lo que quiero hacer, sino lo que otras personas (mi madre, L., mis amigas) quieren que haga. Pero no es lo que yo deseo. Necesito encontrar a Javi, o Miguel Angel, y no sé si podré conseguirlo, no sé si llegaré a tiempo. Comienzo a tener problemas para respirar, en la tienda hace mucho calor. Miro a L. El sonríe. Le digo que no puedo seguir allí, que necesito irme a casa. Se ofrece a llevarme, pero le digo que necesito irme sola, en autobús. No recuerdo dónde se coge el autobús, pero no importa, me las arreglaré.
Creo que ha sido en ese momento cuando me he despertado, y me he levantado para ir al baño. Al volver a la cama, la cabeza estaba a punto de estallarme. No sé si el dolor de cabeza me ha provocado ese sueño tan agobiante, o es el sueño el que me ha provocado el dolor de cabeza. Ya no podía dormir. Casi nunca tengo sueños malos, pero cuando los tengo, me queda una sensación extraña, como de estupor, que a veces dura varios días. Me he puesto a autoanalizar este sueño, y supongo que sólo se trata de miedo. A veces tengo miedo de que lo que tengo, lo que me hace feliz, la vida que he elegido vivir, sea solo un sueño. Y tengo miedo de despertarme y comprobar que es así. Si es un sueño, prefiero seguir soñando.
Hoy no he ido a trabajar, tengo fiebre, y debería estar en la cama. Ayer Bruxana había escrito también algo sobre un sueño, y yo le decía que no suelo tener malos sueños. Ya ves, casualidad, esta noche he tenido uno. Y he sentido necesidad de contarlo. Y acabo de recordarme a mí misma a Juan José Millas,. Sólo por lo de escribir bajo los efectos de la fiebre, no por la forma de escribir. Que ya quisiera yo, ya…




solounpoco dijo
Una noche muy intensa por lo que veo. A mi no me daría tiempo a soñar todo eso.
Un beso y que te pongas bien prontito.
13 Febrero 2008 | 01:55 PM