No me gusta el fútbol. Y me importa un pimiento en qué puesto quede Nadal, que Alonso gane o no, o que alguno de nuestros jugadores de baloncesto fiche por la NBA. Tampoco me gustan los toros. Bueno, los toros sí, me parecen animales impresionantes, aunque me dan un poco de miedo. Pero no me gustan las corridas de toros, ni los toreros. Y tampoco me gusta el flamenco, me parece de lo más aburrido. Ni las canciones de las tonadilleras.

No echo la siesta. Y no es por falta de ganas, no. Falta de tiempo, mas bien.

No voy a misa los domingos. Ningún domingo. Además, no me casé por la iglesia. En realidad, no me casé de ninguna manera. Y así, en pecado, he tenido un hijo, y espero otra. Una hija a la que no pienso bautizar. Rn. si lo está. Me dejé llevar, y me arrepiento profundamente de ello. No volveré a cometer el mismo error. Es más, en cuanto dé a luz, presentaré mi solicitud de apostasía, decisión que tomé hace tiempo y que siempre pospongo.

Tampoco soy una mujer dedicada por entero al cuidado de mi familia y la crianza y educación de mis hijos. Trabajo a jornada completa y, en estos momentos, hago el mayor aporte a la economía familiar. Por tanto, tampoco cumplo con la tradición del varón cabeza de familia. Cabeza de familia. Definición estúpida donde las haya, en mi opinión.

No creo en la familia tradicional. La palabra tradicional, aplicada a la palabra familia, me parece absurda. No creo que a la hora de educar sea necesario un modelo femenino y uno masculino ¿Qué modelo femenino? ¿El de madre dedicada a hacer comidas, a lavar y planchar, a preocuparse de las notas de los niños? ¿Qué modelo masculino? ¿El de padre que llega de trabajar y juega un rato con los niños, y los domingos por la mañana se tira en el sofá a ver carreras de coches, y por la tarde vuelve a ocupar el hueco dejado por la mañana para ver el fútbol? Hay muchos modelos femeninos, y muchos modelos masculinos. Hay múltiples formas desde las que educar. Hay muchos tipos de familias. Para ser una familia, sólo hay que desearlo.

Así que también defiendo el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y el cambio de sexo, como una necesidad para la persona que no se siente identificada con el que le tocó en suerte.

Estoy a favor del divorcio, sí, del express. Para ser una familia, sólo hay que desearlo. Pero cuando se ha dejado de ser una familia, me parece ridículo seguir aparentándolo. Porque sólo de trata de eso. Apariencia de familia.

Y estoy a favor del aborto. Dar vida me parece algo maravilloso, y de hecho nunca he sido tan feliz como después de haberlo hecho. Pero también creo que cada mujer tiene derecho a decidir sobre su futuro, y tiene derecho a ser madre, o a no serlo.

Estoy a favor de la asignatura de educación para la ciudadanía, y deseo fervientemente que de una vez por todas la religión deje de ser asignatura en la enseñanza pública. Jamás he visto que en una misa dediquen un tiempo, X, el que sea, para contribuir a la cultura de los fieles. Jamás he visto a un cura, antes de la eucaristía, dar siquiera nociones básicas de geografía, o de física, o de matemáticas. Hay unos lugares destinados al culto a deidades varias, y otros lugares destinados a la enseñanza, a la escolarización. Pues que así sea…

Nunca he dicho viva España. Ni viva el rey. Sólo de pensarlo me dan escalofríos.

La semana santa. Los sanfermines. La feria de abril de Sevilla. Las fallas. Nuestras bellas tradiciones. Me producen horror. Sólo una vez en mi vida he estado en Pamplona en san Fermín. No volveré. Y la semana santa. En este país aconfesional ¿existe alguna otra orden religiosa a la que se permita armar semejante jaleo, y cortar la circulación en tantas calles, durante tantas horas, y además durante varios días seguidos?

Vamos, que yo, lo que se dice seguir y respetar las tradiciones y costumbres españolas, pues como que no. ¿Correré peligro? ¿Dentro de un año yo también podré ser expulsada? Porque, ahora que lo pienso, aunque mi situación laboral está regularizada hace años, yo también fui trabajadora ilegal. Trabajé sin contrato, y cobrando una mierda, y por un sueldo ínfimo, en una empresa de venta a domicilio, en una casa limpiando y cuidando a tres niños, en una empresa de limpiezas, y en dos editoriales, una de ellas de renombre nacional. Entrega un prestigioso premio anual, y todo.

Por si sirve de atenuante, puedo decir que me gusta el vino. Y que me encantan la tortilla de patatas, la paella, el jamón ibérico y de bellota, las fabes con pantruque, el pulpo a la gallega, el ajoarriero…. En realidad, no sé si es una buena defensa, porque a mí lo que me gusta es comer. Pero ¿no es eso también una costumbre muy española? Quizá deba empezar a pensar que no. Al fin y al cabo, creo que la mayor parte de los inmigrantes lo que quieren también es eso. Comer.