Hay gente pa tó, está claro.

Esta mañana recibí un fax de una empresa cliente de la mía, reclamando una serie de descuentos que, según decían, no se les habían aplicado correctamente. Tras comprobarlo, y ver que los descuentos eran correctos, he realizado la llamada de rigor.

Voz al otro lado: Cuchufletas del Norte, ¿dígame?

Yo: Hola, buenos días. Te llamo de Matasuegras de Colores. Esta mañana he recibido un fax reclamándonos unos descuentos, pero no tenía identificativo de la persona que lo enviaba, así que no sé con quién tengo que hablar.

VAOL: Sí, he sido yo.

Yo: Mira. He estado comprobando el tema, y los descuentos aplicados son los correctos. La tubería lleva menos descuento por bla,bla,bla,bla, y el descuento de las piezas es el correcto. El descuento que reclamas quizá se os haya aplicado en alguna ocasión, como oferta especial por cantidad. Pero el descuento habitual que tenéis es el que figura en esas facturas que reclamas.

VAOL: Bueno, pues yo esto tengo que comentarlo con mi superior, y luego ya te diré algo.

Me deja descolocada. La voz aparenta pertenecer a un cuerpo de no más de veinticinco años. ¿¡¡Su superior!!?.

Yo: Bien. Coméntalo con Pi. Ya hemos tratado con él este tema otras veces, al menos el de la tubería.

Tras colgar, me quedo un rato pensando. A su jefe, Pi., le conozco personalmente. Y me consta que a él, en tiempos pasados, le hubiese gustado conocerme a mí más personalmente todavía. Aun recuerdo aquella vez, hace muchos años, creo que unos diez u once, en que me envió un ramo de rosas rojas por mi cumpleaños, seguido de una invitación al teatro. El choteo en la oficina fue importante. Por aquel entonces, Ro. y yo ya éramos novios, pero eso Pi. no lo sabía. “Su superior”. Cómo detesto el servilismo. Además, pienso que Pi., ni por su altura, ni por su físico, ni por su inteligencia, creo que gravemente mermada por su afición a practicar boxeo, difícilmente podría considerarse superior a nadie.

Al cabo de un par de horas, he recibido un nuevo fax. Una factura en la que se aplicaba el descuento que según esta chica era el correcto, con un texto que no dejaba lugar a dudas de que se seguía aferrando a su reclamación inicial. Al ver que se trataba de un pedido concreto, grabado además personalmente por mi jefe, le he consultado.

Mi jefe: Sí. Corresponde a una oferta que le di a Pi. Además del accesorio, pedía una tubería y bla,bla,bla,bla,bla, así que le puse ese descuento. Pero fue para aquella operación en concreto. El descuento habitual sigue siendo el de siempre.

Así que he vuelto a llamar a “la inferior”, y le he explicado el tema.

La inferior: Pues no es eso lo que me ha comentado Mi Superior.

Yo: Coméntale el tema a Pi., porque ya te digo que Al., mi jefe, me dice que fue una oferta que le dio personalmente, así que probablemente lo recuerde.

La inferior: Bien. Lo hablo con MI SUPERIOR y ya te digo algo.

No lo he podido evitar, pero mentalmente le he dado no dos, sino cuatro bofetadas. “¿Tu superior? ¿Cómo que tu superior? No seas estúpida, chica. Puede que su cargo esté en una escala social superior a la tuya. Pero eso no significa que sea tu superior. Es tu jefe. Tu jefe. Sin más. O directamente llámale Pi., ya que ves que yo también le conozco. No dejes que nadie pise tu autoestima, so mendruga”.

Y al cabo de un rato me he olvidado de ella. Bastante tengo con lo mío.

Ya por la tarde, el teléfono sonaba, y no cogía nadie, así que he contestado yo directamente.

Yo: Matasuegras de Colores, buenas tardes.

VAOL: Hola, buenas tardes, ¿podría hablar con Ma.?

Yo: Sí, soy yo.

VAOL: Ah, hola. Soy A., de Cuchufletas del Norte.

Yo: (“¡Anda, la inferior otra vez!”) Sí, dime.

La inferior: Mira, es que esta mañana me has comentado que has hablado con tu superior…

Yo: Con Al., mi jefe.

La inferior: Si, bueno. Es que he vuelto a hablar con MI SUPERIOR y bla,bla,bla,bla…..

Mi violencia mental ha desaparecido. Ya no me quedan ganas de abofetearla, ni siquiera de abroncarla. Simplemente, he sentido un deseo terrible de aconsejarle que se haga monja. Así, a lo mejor, quien sabe, un día llega a Madre Superiora, y su ego crece unos centímetros.