En la entrada anterior ya mencioné a Me., el compañero de trabajo de Ro. Se conocen desde hace unos veinte años. Han pasado mucho juntos, y se llevan estupendamente, cosa que no es fácil entre personas que han trabajado codo con codo durante tanto tiempo. Creo que puedo afirmar que Me. es una de las personas más nobles con las que me he topado. Desde que le conozco, no ha dejado traslucir jamás un mal pensamiento ni un mal sentimiento, y no es de los que gusta de desprestigiar a otras personas, aún teniendo motivos sobrados para hacerlo. Hace gala de una paciencia infinita. Durante los años en que trabajamos juntos nueve horas diarias, una vez, tan solo una, le oí levantar la voz, y no muy alto, por cierto. En cambio sí que le he visto aguantar estoicamente abundantes aguaceros.
Para quien sólo le conozca superficialmente, Me. quizá pueda parecer una persona simple y anodina. Hombre de vida muy, muy familiar, va de casa al trabajo y del trabajo a casa. Jamás se entretiene a tomar una cerveza al salir de trabajar, y es raro que Ro. y él tomen un café a mediodía, antes de empezar la jornada de tarde. Por las mañanas, Me. llega con mucho tiempo de antelación al trabajo (jamás, jamás, ha llegado tarde), se toma un café, y abre el almacén antes de lo que le corresponde. Cuando se le conoce un poco más profundamente, cosa difícil, porque es bastante reservado, uno se da cuenta de que es muy inteligente, tiene la cabeza bastante bien amueblada, y es muy polifacético. A Me. le encanta pescar, y también coger setas, materia en la que es bastante entendido. Ha hecho taekwondo, y ha pintado al oleo. Ha jugado al fútbol, y creo que bastante bien. Y Me., en su juventud, también fue músico. Tocaba la guitarra. Por lo visto era bastante bueno, y su grupo tocó junto a otros bastante conocidos. Su nombre de guerra era Dani, aunque no estoy segura de si dicho nombre era como futbolista o como músico. Tendré que preguntárselo a Ro. Lo que sí sé es que aún hay gente que le llama así. Lo cierto es que Me. es una auténtica enciclopedia musical. Cualquier canción que escuche, cualquiera, sabe cómo se titula, quien la interpreta, que instrumentos musicales suenan… Así como otras personas atesoran libros, cedes, películas, Me. tiene una auténtica colección de videos y deuvedeses de conciertos. A mí, que no soy nada musiquera, no deja de asombrarme.
Me. es un persona con mucha vitalidad. El próximo día 16 cumplirá cincuenta y cinco años, pero aparenta unos cuarenta. Conserva todo el pelo, apenas tiene canas ni arrugas, y viste de una manera bastante juvenil. Nadie que yo conozca ha sido nunca capaz de adivinar su verdadera edad. Pero actualmente, Me. está pasando por un mal momento. Su mujer se está recuperando de la operación del cáncer de hígado que le detectaron hace poco más de un par de meses, y en breve comenzará la quimio. Supongo que Me. está atravesando una de esas etapas en que uno deja de tener apego por muchas cosas materiales, aferrándose en cambio solamente a la vida, a la propia, o a la de las personas queridas.
Como comenté el otro día, el pasado viernes acercamos a Me. a su casa cuando él y Ro. salieron del trabajo. Quería entregarle algo a Rn. Cuando llegamos a su barrio, subió un momento a su casa, mientras nosotros esperábamos en el coche, y bajó de ella con lo que supongo que hasta ahora ha sido uno de sus más preciados tesoros. Su primera guitarra. La guitarra con la que aprendió a tocar cuando era niño.

Sé que es imposible, porque tan solo tiene tres años, pero me dio la sensación de que Rn. hubiese adivinado lo bonito del gesto, porque se quedó cortado. Durante todo el trayecto no había dejado de hablar con Me., y cuando éste le entregó la guitarra, de repente se quedó callado, como sin saber qué decir. En cuanto llegó a casa, ya sólo quiso sentarse en el suelo de su habitación, acompañado por su padre, a “tocar”. Y el sábado, cuando despertó, sus primeras palabras fueron “Aita, ¿dónde está la guitarra?”.
Este regalo no lo han traído reyes, ni magos, ni seres mitológicos, pero puedo afirmar que entre legos, playmobiles, puzzles, cuentos y coches, es el regalo más bonito que Rn. ha recibido estas navidades. Por supuesto, eso Rn. no lo sabe, pero espero que lo conserve hasta que sea capaz de apreciarlo verdaderamente.
Y aún a riesgo de que esta entrada no la lea nadie, por interminable, copio el post publicado por Lucia Etxebarría en su blog el día 7, titulado “Reyes”, porque tiene que ver con el tema, y porque me ha gustado:
Desde pequeña había recibido, cada mañana de Reyes, todos los regalos que había pedido en la carta y otros muchos que no había pedido. Una Nancy distinta cada año, una enorme casa de muñecas completamente amueblada, un caballito balancín, un juego de cocinitas. Cuando se hizo más mayor y no escribía cartas le regalaron un coche, y cuando acabó la carrera, un apartamento. Años más tarde los Reyes le trajeron un marido ingeniero, un bonito chalet en zona residencial, un televisor de plasma, un todoterreno y un perro de raza. Solo le faltaban dos niños rubios de ojos azules.
Como le hacía tanta ilusión que nacieran el día de Reyes, se hizo la inseminación artificial en mayo, y más adelante, mediante el pago de una sustanciosa cantidad a su obstetra, se aseguró de que le hiciera la cesárea el 6 de enero. A los dos niños que nacieron los llamó Reyes a la niña y Melchor Gaspar Baltasar al niño.
Hasta los cuatro años los niños no entendían muy bien el concepto de Navidad o de Reyes y no apreciaban los enormes montones de regalos que se amontonaban bajo el árbol de Navidad. Pero desde que los niños aprendieron a pedir cosas su mamá se esforzó diligentemente en explicarles lo que significaba la festividad y los montones de regalos que podrían pedir en la carta que ella redactaría para ellos, al dictado.
Aquella mañana de enero los niños se encontraron con tantos regalos que no sabían qué hacer con ellos. Reyes descabezó a varias muñecas, le cortó el pelo a otras y jugó con el perro de raza a tirar de la más cara, que acabó despedazada. Melchor se cargó la consola infantil con un martillo, desperdigó las piezas del juego de construcciones por todo el jardín hasta que no hubo forma de encontrarlas, y despeñó el mini todoterreno teledirigido por un terraplén. Ambos niños destrozaron a dúo los libros de ilustraciones, rasgando hojas y hojas con denodado entusiasmo, y después pintarrajearon los restos de los libros con la pintura de dedos, que extendieron de paso por sofás y cortinas, hasta que no quedó en un solo bote resto alguno de contenido. Desmontaron minuciosamente el ordenador portátil para niños e inutilizaron al robot de precisión después de meterlo en la lavadora. Después le emprendieron con la casa de muñecas, que pintarrajearon con saña hasta que tuvo más graffitis que un polígono industrial. Se divirtieron mucho saltando sobre los muebles para destrozar, uno a uno, sillones de chintz, lámparas venecianas y mesas de caoba en miniatura.
Entonces encontraron un plástico de embalar, de ésos que se hacen con un montón de bolitas rellenas de aire. Descubrieron un juego muy divertido consistente en ir explotando bolitas una a una y así pasaron la tarde, hasta que se dieron cuenta de que casi no les quedaban bolitas por explotar. Se pelearon por el trozo de plástico, con tirones de los pelos y mordiscos, hasta que la tata fue a buscar unas tijeras y resolvió el conflicto a la manera salomónica, dividiendo el plástico en dos. Cada niño se llevó el plastico a su cuarto respectivo y los dos se quedaron allí contemplándolo en silencio, como el avaro contempla un tesoro que ha ido acumulando durante años. Después, escondieron cada uno su láminas de plástico en el fondo de sus respectivos armarios ( rosa para Reyes, azul para Melchor).
Cada día, antes de dormir, Melchor y Reyes extraen el plástico de su escondite y hacen explotar una bolita, solo una, para que el juego les dure mucho tiempo. Ninguno se acuerda ya del todoterreno, ni de la casa de muñecas, ni del ordenador portátil ni del robot de precisión.
Nota: Bruxana, no es exactamente lo que pedías, pero es el regalo de no Reyes que mas me ha gustado, aunque no me lo hayan hecho a mí.
Nota II: Frilanser, sé que tengo pendiente una foto. En breve…
Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

11 ene 2008 | 10:38 PM
bruxana
Hola guapa:))
Precioso.
Preciosos: tanto tu post como el que añades de Lucía.
Y precioso el regalo que le han hecho a tu peque: probablemente sea uno de los regalos más bonitos que reciba en su vida, y de los que recuerde siempre. Aunque no recuerde claramente el momento en que lo recibiera (ó sí), sí tendrá en su mente la historia completa de quién se lo regaló y qué significaba para él...
(Detalle que me ha resultado curioso, casi inquietante: al describir a Me., estabas describiendo a alguien que se parece mucho, pero mucho, a la persona que dió origen ó pistoletazo de salida a mi blog: un tal "K", que conocí hace año y pico... Esas personas que son tantas cosas y que son a la vez tan discretas, pero que tienen tanta vida interior... Y que no aparentan ni por asomo la edad que dice su DNI que tienen). Espero y deseo que su mujer se recupere: afortunadamente, hoy eso sí va siendo posible. Muy duro de pasar (tengo una persona muy próxima que ha pasado por ello y que posiblemente reinicie tratamiento otra vez en breve) pero que se pasa.
Yo sí creo que el regalo también ha sido para tí. Alguien que os aprecia os regala algo muy importante para él... para que lo disfrute la persona más importante para vosotros.
Teneis todos mucha suerte por ello. Ese si que creo que es el auténtico espíritu de los Reyes Magos.
(Y qué cierta la esencia del post de Lucía Etxeberria: las cosas de veras importantes no las compra el dinero. Y eso es lo que pasa, por desgracia, en muchas casas con niños el día de Reyes: todo es un tirar del papel a ver qué otra cosa hay dentro, y arrinconar regalo y papel, para seguir tirando de otro y arrinconando. Y seguir en casa de los abuelos paternos, de los maternos, de los tíos... y, al final, terminar jugando con la caja de cartón de las zapatillas...)
Me ha encantado el post.
Un beso:))
12 ene 2008 | 04:44 AM
mixcelaneas
Me ha encantado tu post, el post de Lucía que has añadido y el comentario de Bruxana es la "frutilla del postre" como decimos aquí, lo que completa tu post a la perfección.
Nada que añadir, salvo que tu hijo y ustedes siempre tendrán un lugar especial para este regalo de una persona también ESPECIAL.
Una vez leí que regalar algo que uno quiere mucho es regalar un pedazo de nuestro corazón. Estoy segura que les ha regalado junto a la guitarra una parte de su gran corazón a sus AMIGOS.
Besitosss.
12 ene 2008 | 01:58 PM
solounpoco
Precioso gesto regalar una guitarra. Yo tengo y te aseguro que sólo las regalaría a alguien muy especial. Creo que deberías imprimir este post porque probablemente a Rn le guste leerlo algún día.
Besos
14 ene 2008 | 07:33 AM
frilanser
Eh, que yo no he dicho nada, no te voy a perseguir ;)
Bonita historia, especialmente por ser real, aunque casi que parece un cuento.
Escribe un comentario