Este año las felicitaciones navideñas están llegando tarde. Debido a la huelga de correos, ayer aún recibimos tres. Las vamos colocando de pie en la mesa del salón para que Rn. pueda verlas y tocarlas. Y así, también, el polvo de la mesa queda semiescondido bajo muchos besos y buenos deseos. Este año hemos recibido dos felicitaciones musicales. Una la envía mi hermana La. desde Valencia, y la otra la envía mi madre desde Bilbao. Cuando Rn. abrió la primera, hizo un amago de puchero, y consiguiendo retener las lágrimas me pidió que la cerrase y no la abriese más. Después, al cabo de un rato, ya le cogió el gusto a la musiquilla, y estuvo cantando un rato al son de las melodías.

Este año, además, estoy intrigada. Sospecho que tengo un admirador, o admiradora, secreto, y me reconcomo por saber quién es. No. No es manía persecutoria. Es simplemente que una de las felicitaciones recibidas ayer llegó únicamente a mi nombre. El resto de las que recibimos llegan siempre a nombre de los tres, Ro., Rn. y yo. Pero como decía, esta venía únicamente a mi nombre, con mis apellidos y mi dirección correctamente escritos, y sin remite. Es una bonita tarjeta roja, con un también bonito mensaje, y la firma es algo así como OMShanti Marce. No tengo ni idea de quién puede ser. El matasellos es de Lemona, un pueblo muy cercano al mío, pero no conozco a absolutamente nadie que viva allí. Bueno, sí, la esteticista que me depila. Pero ella se llama Ana, está embarazadísima y cansadísima, así que no creo que tenga tiempo ni ganas de enviar tarjetas a todos sus clientes, y además, caso de hacerlo, supongo que no sería una buena estrategia comercial no añadir siquiera una tarjetita identificativa. Así que nada, a falta de más datos, prefiero imaginar que alguien me aprecia en secreto. Nunca he recibido cartas de amor ni ramos de flores de desconocidos, así que, por qué no soñar si alguien a quién no consigo identificar me felicita la navidad…

Esta noche, sobre las dos de la mañana (¿por qué se dice de la mañana, si es de noche?), me he despertado. Sonaba una musiquilla extraña, débil, pero perfectamente audible…

Glinglinglinglinglinglinglinglin… glinglinglinglinglinglinglinglingin…

Yo: Ro.

Ro: ¿Hmmmmm?

Yo: ¿Qué es eso que está sonando?

Ro: No tengo ni idea…

Dindondan… dindondan… dindondindondan

Yo: Ro., me parece que una de las tarjetas musicales se ha abierto sola…

Ro. se ha levantado como un rayo a cerrarla. Bendito silencio.

Se supone que en estos últimos días del año debemos hacernos buenos propósitos y pedir deseos para el próximo. Sirva este post para expresar uno de los míos. Ama, La., por favor, la navidad que viene no nos enviéis tarjetas musicales. Prefiero que nos llaméis por teléfono y cantéis un poco, aunque no lo hagáis muy bien. Pero no mandéis mas felicitaciones que suenen. En el silencio y la oscuridad de la noche, no os podéis hacer una idea de lo tétrica que resulta y el miedito que da la música navideña. Y aprovecho también para decirle a mi admirador secreto, que el próximo año si quiere me felicite de nuevo. No me importa que no se identifique. Pero por favor, que la tarjeta sea también silenciosa.

Bueno. Si no escribo nada antes, aprovecho para desearos a tod@s un estupendo fin de año, con música de la buena…

Besos.