Pollo
Cuando era niña el pollo era una de mis comidas favoritas. Me sigue gustando mucho (de hecho, siempre digo que prefiero un buen pollo asado con patatas fritas y ensalada, a una mariscada), pero con los años he ido apreciando el sabor de otros alimentos que de niña no quería ni probar. Me encantaba el pollo, ya digo, y la parte que mas me gustaba eran las alas. Y a mis hermanas también. Y como el pollo sólo tiene dos alas, y somos tres hermanas, mi madre, cuando asaba un pollo, siempre se veía obligada a comprar algunas alitas adicionales. En cambio, no me gustaba nada, pero nada, el conejo.
Yo: Ama ¿qué hay para comer?
Mi madre: Conejo
Yo: Arggggg, qué asco. A mí no me gusta el conejo
M.m: El conejo está muy rico. ¿Por qué no te gusta el conejo?
Yo: Porque no tiene alas
Ella sigue recordando con total precisión este argumento. La verdad es que mi madre cocinaba conejo muy pocas veces, y ahora ya no lo hace nunca. Al menos, no cuando yo voy a comer. Yo jamás he cocinado conejo. Y las últimas veces que lo he comido, ha sido en casa de la familia de Ro. Ahora ya no me disgusta tanto como antes, pero disfruto más con cualquier otra comida, sinceramente.
El pollo siempre nos ha gustado tanto, que recuerdo unas navidades en que pedimos a mi madre que nos pusiese pollo asado para cenar en nochebuena. La verdad es que el cordero no es un plato que nos emocione a ninguna de las tres. A mí me resulta muy grasiento y bastante pesado. Y además nuestra economía no era muy boyante. Un sueldo de señora de la limpieza no daba para muchos lujos. Así que nos empeñamos, y nos empeñamos…
Mi madre: ¡¡Pero cómo voy a poner pollo en navidad!! ¡El pollo se come cualquier otro día del año, durante todo el año, además!
Nosotras: ¿Y la nochebuena no es una noche como cualquier otra? ¿Por qué no podemos comer pollo, si nos gusta más que el cordero, y además es mucho más barato? ¿Sólo porque a todo el mundo le dé por tirar la casa por la ventana esos días, también lo tenemos que hacer nosotras? ¡Pues queremos pollo, ea!
Y conseguimos que mi madre accediese a hacer pollo asado en nochebuena. De eso hará casi veinte años (recuerdo que hacía poco que faltaba mi padre), y mi madre no ha vuelto a transigir. En navidad no se ha vuelto a cenar pollo. Supongo que mi madre siempre ha pensado que bastante pobres somos en realidad, como para tener la necesidad de autorecordárnoslo comiendo algo tan sencillo en fechas tan “señaladas”.
Bueno, todo esto es para decir que tengo un mensaje para mi madre:
Ama, por favor, no hagas caso de ningún menistro, ni siquiera aunque sea del PSOE. Ama, en navidad, por favor, no pongas conejo. En casa del menistro que cenen lo que quieran. Pero por favor, por favor, te lo pido, esa noche no me castigues cocinando conejo. Ama, por favor, si hay que ahorrar, se ahorra. Pero por favor, no pongas conejo. Pon pollo…..



frilanser dijo
jajaja, me ha gustado esta salida pati.
En mi casa tampoco hemos sido unos potentados y aunque tienes mucha razón en tus argumentos y yo mismo los he usado, yo siempre he entendido que mi madre haya querido poner algo "especial" en Navidad. Creo que los que somos hijos de currantes modestos y hemos podido alcanzar un nivel de vida razonable (no forrados, pero sin problemas y mejor que ellos) tenemos el privilegio poder apreciar la ternura de esos detalles de nuestros padres de desear ofrecernos algo más de lo que nos dan cada día en estas fechas. Incluso ahora que muchas cosas que mi madre pone en la cena de Nochebuena ya son más habituales, me gusta que ella siga teniendo esa preocupación. Eso es Navidad y no todo el montaje de boquilla y de imagen que se hace. Me has sacado el lado ñoño, no se lo digas a nadie.
Dos cosas, sin embargo. El conejo con ali-oli de estas tierras puede ser un poco fuerte, pero amiga, aquí tiene mucho éxito. Y te aseguro, que aparte del cariño que le pone, voy a comerme con unas ganas el rape que va a poner mi madre para la ocasión...
19 Diciembre 2007 | 06:16 PM