Es mi primer día de vacaciones. Estoy agotada. Al extremo cansancio que he venido sufriendo durante las últimas tres semanas, se une el propio de ocho horas de viaje en coche, y el golpe de calor que sentimos al llegar no ha ayudado precisamente a que me recupere. Además, Rn. se ha levantado a las siete y cuarto de la mañana, así que yo estoy para el arrastre. Tras desayunar, colocar el equipaje y organizar la comida del día, dos almas en pena y un niño excitadísimo bajan a la playa. Ni siquiera son las diez de la mañana. Lo único bueno, es que la playa esta prácticamente desierta a esta hora. Es domingo, la gente el sábado a la noche sale, y los que no salen se extienden en conversaciones de sobremesa a la fresca… los que no tienen niños de menos de tres años, claro…
Mientras Ro. se da su primer baño, me quedo jugando con Rn. en la arena (los dos primeros días ni se acerca a la orilla, y los sucesivos ya no sale de ella). Es lo que tiene irse de vacaciones a la playa solos con un niño. Hay que bañarse a turnos. Se acabaron los juegos y los besuqueos dentro del agua. Ayssss….. Ro. se baña durante poco tiempo, cosa rara en él.
- Voy yo, necesito despejarme…
El agua esta muy buena. Fresquita, pero no fría. Así que me meto sin mis habituales aspavientos. De repente, la sensación que siento es, no sé, revitalizante, como de anuncio. Como por arte de magia, el cansancio se esfuma, y el relax me invade de golpe. No nado, porque hay bastantes olas. Me limito a dar saltitos y mover los brazos, como si fuese una niña. Soy la única persona que se está bañando, o eso creo yo. Todo el mar es para mí. Pierdo la noción del tiempo. La felicidad debe de ser esto, que el agua del mar acaricie continuamente tu cuerpo, y no se canse de hacerlo nunca…
Cuando mis dedos se han arrugado tanto que están a punto de deshacerse, y mi estupenda manicura parece haber sido realizada con un kit de
- ¿Qué tal? – Creo que Ro. me mira extrañado. Nunca me baño tanto tiempo, y menos, si lo hago sola.
- ¡¡¡Buenísima!!! ¡Como me gusta el Mediterraneo! Si en el norte tuviésemos sol y el Mediterráneo, sería perfecto…
De repente caigo en la cuenta de que ya hay mucha mas gente en la playa ¿Cuándo han llegado? Al lado de nosotros, se ha sentado una señora, mas cerca de lo que el respeto por la intimidad ajena aconsejaría a cualquiera con dos dedos de frente, teniendo en cuenta que hay kilómetros de playa en los que plantar la toalla. La suya está bajo su trasero, sin extender, cuidadosamente doblada, y ella se sujeta las rodillas con los antebrazos. Rn. escarba con un rastrillo a sus pies.
- Rn., cielo, ven a jugar aquí, a la sombra. No molestes a la señora.
Rn. parece haber ascendido a un plano espiritual superior, a juzgar por su concentración. Y la señora sonríe, girando apenas un poco la cabeza, pero no se mueve.
- Rn., cariño, ven aquí, que vas a manchar de arena a la señora (aunque la “señora” ya podía mover el culo, que al fin y al cabo, Rn. estaba allí antes de que ella llegase, y hay mucha playa libre. Obviamente esto lo pienso, pero no lo expreso).
De repente aparece un señor que supongo su marido, que grita a dos niños, que me parecen gemelos de unos once años, que se acercan corriendo con sendas tablas bajo el brazo:
- Y la silla de vuestra madre ¿dónde está la silla de vuestra madre? ¿y la sombrilla? ¿bajáis las tablas, y no bajáis la silla?
- Ya se lo he dicho, pero él ha cogido la tabla…
- Ya te he dicho que cogieses la silla, que bajaba yo las dos tablas
Como buenos hermanos, se echan la culpa uno a otro…
- ¡Venga rápidamente a por la silla de vuestra madre! ¡pero volando!
Los niños echan a correr
- “Joder, ella setona, y él un tirano” – pienso – “mira que cargar a los niños con la silla y la sombrilla”.
En un momento, los chavales colocan la silla en la arena, y entonces su padre… agarra por los brazos a su madre, la ayuda a levantarse tirando de ella hacia sí, y ella, lentamente, guiada por él, y con pasitos similares a los de las muñecas de Famosa, salva los dos escasos metros que la separan de la silla y trabajosamente, siempre con ayuda de su marido, se sienta en ella.
Me siento como una imbécil.
- “Si es que esto te pasa por juzgar sin conocer. Por pre-juzgar así, a la ligera. Estos chavales se ve que están acostumbrados a colaborar. Cuando la vida se hace cuesta arriba dentro de tu propia casa, a todo el mundo le toca arrimar el hombro, hasta a los niños… ¡Qué duro tiene que ser para ellos ver a su madre así!”.
Durante un rato más le doy vueltas y luego me olvido. Estoy de vacaciones, y Rn. está para comérselo en bañador (y Ro. también, la verdad).
Al día siguiente volvemos a ser de los primeros en comprobar el estado y la temperatura del agua. Buenísima, claro. Según va pasando la mañana, y como es habitual en este tipo de vacaciones, volvemos a disfrutar de la compañía de los mismos vecinos de playa del día anterior. Esta vez observo que los niños sí han bajado la silla, y también dos sombrillas. De repente, ojiplática y boquiabierta, observo que uno de los niños agarra una pala y cava ambos agujeros en la arena para clavar las sombrillas, mientras su padre le observa sin siquiera pestañear.
- “Pero bueno, este tío de verdad es un tirano. Como la mujer no le puede cuidar, tiene bien adiestrados para ello a los niños. Es que no ha movido un músculo, oye…”
El asunto consigue que se me encienda un poco el mal humor. Así que de vez en cuando les observo. El caso es que, aunque cuando habla por el móvil como si su interlocutor estuviese sordo me da la impresión de ser un poco capullo, hay algo en él que no cuadra con la imagen que tengo de típico machito, y no acabo de saber qué es…. De repente me doy cuenta. No tiene un solo pelo en las piernas ¿se depilará?. Con disimulo le observo el pecho. Nada, Ni un solo pelo en el pecho ni en la barriga. Ya descaradamente, intento verle las axilas. Me cuesta un poco más, unos segundos adicionales de observación. Nada, Menos pelo que yo. Se depila.
- “Pero bueno, Ma. ¿y eso que tiene que ver? ¿Acaso porque se depile quiere eso decir que no pueda ser un machista y un tirano? ¿O acaso porque el niño cave dos hoyitos de nada mientras él le observa quiere decir que lo sea? ¿Y si padece alguna enfermedad ósea que le impide agacharse? ¿Y si le ha dado lumbago y es un hecho puntual? ¿Por qué no puedes evitar montarte películas sobre la vida de las personas que ves a tu alrededor?”
Y es que sí. Me pasa a menudo. Y aunque a veces me divierto haciéndolo, otras me da rabia. Porque luego defiendo con celo mi vida y mi intimidad, y no me gusta que otras personas especulen sobre mis acciones. Prefiero que me pregunten directamente, y en mi mano está satisfacer o no su curiosidad. Y aunque cada vez intento mas no juzgar ni prejuzgar, a veces me sorprendo volviéndolo a hacer.
Asignatura pendiente. Pero como no soy persona de hacerme propósitos de año nuevo, lo dejaré para el curso 2008-2009, después de las próximas vacaciones de verano…
Y este post, además de tratar el tema que trata, tiene toda la intención de ser premiado. Sí. Quiero el premio a la persona mas rara, al perro verde mas verde. Porque no me digáis que no lo soy. Ahora que todo el mundo comienza a hablar de la dichosa navidad, yo hablo de mis vacaciones de verano, más de tres meses después de haberlas disfrutado…
Feliz puente para quienes, a diferencia de mí, mañana no tengáis que trabajar... y para los demás, también.
Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

7 dic 2007 | 03:47 AM
mixcelaneas
Confieso!!! Yo soy de ésas!. Saco conclusiones antes de tiempo y en lo que respecta a mí no me gusta que lo hagan. Es más, vivo dentro de mi casa porque no me gusta ese tipo de "chusmerío" pero al final yo también termino cayendo en prejuzgar situaciones y personas cuando veo algo como los casos que vos comentás.
Quizás en tu lugar me hubiera imaginado las mismas cosas.
También tendré que agregarlo a la agenda 2008 como algo de mi personalidad que debo cambiar.
Saludosss!!! y feliz finde.
7 dic 2007 | 11:10 AM
frilanser
Hola pati, como ves, me he cambiado de nombre y de casa, cosas que tiene la blogosfera.
Es normal que todos nos imaginemos cosas de este tipo y especialmente en una situación como la que explicas. Lo bueno es reconocer los prejuicios y que te sepa mal, cosa que no haria todo el mundo. Definitivamente todavía no es suficiente para ganarte el premio Perro Verde.
A veces es posible montarse películas menos negativas. En el metro, por ejemplo, yo lo hago a veces sin querer. Ves a una mujer de mediana edad que viene claramente de limpiar en alguna parte, con cara de cansada y te imaginas cómo puede ser su vida. Cosas así.
7 dic 2007 | 11:56 AM
bruxana
Hola guapa:))
La conclusión que sacas de cómo es ese "cabeza de familia" creo que también la sacaría yo... ;)
¿Lo demás? Supongo que me parecería que los niños son educados, ó responsables, ó que han aprendido a colaborar, ó..., la verdad, estoy tan hecha a ver criaturas insoportables de 10, 12, 14 años... que cualquier detalle de educación casi me sorprende. Aunque luego me "choca" que el mismo mastuerzo de 12 años que se pone insoportable con su madre en cosas nimias (la ropa, comprar tal fruta, imponer dónde van a ir ese domingo) cuando hablas con él ó lo ves fuera del "control materno" es un chico que cede el asiento a una persona mayor ó tiene ideas claras que expresa bastante bien. Es como si se empeñasen en ser "pequeños tiranos" en casa pero luego fuera tuviesen una personalidad esperanzadora...
Con respecto a la madre de tu relato... no sé qué habría pensado. La verdad es que tampoco soy muy dada a prejuzgar. Más bien tiendo a "darme cuenta de todo", cosa muy útil en mi trabajo. Por mucho que algun@s intenten ocultarme información en determinados detalles, me doy cuenta de la realidad (y al ir con ventaja consigo ganar tiempo en algunas cosas. Sé que es difícil explicar).
Bien: contar las vacaciones de verano casi en Navidad "suma puntos" como candidato al "Gran Perro Verde". Pero va a ser cosa de seguir haciendo méritos...;)
Un besazo, guapa:))
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