Oiga, usted ¿quiere hacer el favor de tutearme?
Recordaba en la anterior entrada una conversación mantenida con mis sobrinos el día que celebrábamos mi cumpleaños. Y parece que ese día se ha empeñado en volver a mi cabeza repetidas veces últimamente, porque el viernes, leyendo uno de los blogs de Garib (http://unprofexor.blogspot.com/), recordé otra conversación mantenida durante la sobremesa de aquella celebración, esta vez entre adultos. En aquella época estaba en “el candelabro” la propuesta de Sarkozy instando a los centros educativos a imponer el uso del “usted” cuando los alumnos se dirigiesen al profesor, así como a que éstos se levantasen de sus sillas cuando el profesor entrase en el aula. Como suele suceder cuando se toca un tema relacionado con la educación de los más pequeños, había discrepancias. La hermana pequeña de Ro., madre de dos niñas, estaba de acuerdo con dicha medida:
- Pues a mí me parece que aquí se debería hacer lo mismo. Ahora los niños no tienen respeto por los adultos.
Yo, como con cualquier otra medida dictatorial, no estaba de acuerdo.
- Pues a mí no me parece bien. No creo que por imponer el uso del “usted” los niños vayan a ser más educados, ni a respetar mas a sus profesores. El respeto consiste en otra cosa, no en el simple uso de una palabra.
- Pero el uso de esa palabra puede ayudar. Antes a los profesores se les trataba de usted, y les respetábamos. Yo a las profesoras de mis hijas las trato de usted, y al médico también.
- Pues entonces tú lo que respetas son determinadas profesiones que te parecen de un cierto nivel. Respetas el cargo, no a la persona. Para mí, el mismo respeto merecen mi médico y la profesora de Rn. que la persona de la bata verde y la mopa que se encarga de la limpieza del ambulatorio o del colegio. Si los profesores exigen que se les trate de usted, las señoras de la limpieza también estarían en su derecho de exigirlo.
- Yo no lo hago por su profesión, sino por su edad. Siempre trato de usted a las personas mayores (ya empezamos a salirnos por la tangente; parece que de repente todos los médicos y profesores tuviesen una cierta edad que les haga merecedores del usteo, digamos ¿mayores de cincuenta, por ejemplo? ¡Ja!)
Aquí interviene mi madre
- Yo al médico también le trato de usted.
- Pues tú no lo harás por su edad, porque tu médico es bastante más joven que tú.
- No, no es por la edad. Pero es que prefiero mantener las distancias.
Ya. Reconozco que el uso del usted es en cierto modo una manera de mantener la distancia. Algunas personas lo utilizan como un modo de indicar a su interlocutor que no quieren establecer ningún tipo de intimidad. Pero conozco a mi madre. No es su caso. Mi madre quiere mantener las distancias con muchas personas: con la mayor parte de sus (cotillas) vecinas, con la (cotilla) dueña de la carnicería, con su alocada consuegra (incluso antes de que se convirtiese en la bruja de su ex-consuegra)… Pero no les trata de usted. Y si al médico le da ese tratamiento, es porque le impone, casi diría que le teme. No es de extrañar. Mi madre nació en el 44, y como niña de la post-guerra en un medio muy, muy rural, aprendió a casi venerar al cura, al maestro y al médico. Y no les tiene respeto, sino miedo. Claro. El maestro le reñía (y pegaba) de pequeña si no se sabía la tabla del ocho, el cura se cree con derecho a sermonearla por sus (supuestos) pecados, y el médico le abronca cada vez que visita su consulta, porque no cuida lo suficiente su artritis, su diabetes y su colesterol. Además, a mi madre le imponen determinadas profesiones, sobre todo si el desarrollo de sus funciones implica lucir cierta indumentaria (bata de médico, uniforme de policía, uniforme de guarda jurado, etc…).
Y sobre el uso del usted al dirigirse a personas de una cierta edad, como puede ser una profesora de primaria o un médico, que obviamente si ejercen es que no pasan de los sesenta y cinco, y es probable que tengan bastantes menos… pues tampoco me lo creo. Porque normalmente quienes así piensan, no aplican esa norma para dirigirse a la cajera del super, o al quiosquero que se jubilará el próximo año, o al mensajero que nos trae un paquete, o al vendedor del cupón, o al dueño de la frutería…aunque tengan la misma edad de su médico.
Que no. Que a los niños hay que enseñarles el respeto por la vida. Por la vida de las personas, y la de los animales. Hay que enseñarles a tratar a los demás, a cualquiera, sea quien sea, como a ellos les gusta ser tratados. Y eso no se enseña con una palabra, sea la que sea. Eso es un poco más complicado, aunque comienza de la manera más sencilla: con el ejemplo. ¿Queréis que vuestros hijos respeten a sus profesores? Pues no amenicéis la cena despotricando sobre “el hij* put* , negrero, explotador del jefe”, ni sobre “la g*arra de tal compañera” que siempre se escaquea, ni sobre “el gilip*ll*s de la ventanilla del banco” que es más lento que el caballo del malo, ni sobre “los cerd*s de los vecinos” que sacuden las migas del mantel sobre vuestra terraza. Leía hace poco en otro blog (no recuerdo cual) que “los niños de ahora son como los de siempre, lo que sucede es que los padres son gilip*ll*s”. Pienso que el autor de tan brillante frase no iba muy desencaminado. Quizá desde el gobierno deberían obligarnos también a los adultos a asistir a clases, a una especie de escuela, donde aprendiésemos a tratar con respeto (¿quizá hasta de usted?) no solo a los profesores, sino al resto de nuestros compañeros, y ponernos muchos, muchos deberes de comportamiento para el día siguiente, y si no sacamos nota, hala, a repetir… No sé, es para pensárselo.
Y no seré yo quien tire la primera piedra… Yo nunca trato de usted ni a maestros, ni a médicos, ni a policías, ni a funcionarios, ni (por supuestísimo) a curas y monjas. Pero con personas muy mayores, ya ancianitos, reconozco que me sale el usteo. Reminiscencias de la educación recibida. Hay cosas que se graban a fuego durante la infancia. Pero eso no significa que respete mas a un anciano que a una persona de mi edad, o que a un niño. De todos modos, no quiero que se me interprete mal. No estoy denostando el uso del usted. Pero lo que no me parece bien es su imposición (sólo a los niños) como un medio para obtener respeto. Y no nos agarremos a que antes tratábamos a los mayores de usted y les respetábamos. “Antes” (quienes así hablan supongo que se refieren a cuando aún vivía Franco, ese con quién algunos aún aseguran que vivíamos mejor), además del usteo estaba bastante extendido el uso de la tortura (pegar a los niños, reprimir las ideas y los actos de los adultos) y lo que existía no era respeto, sino temor. Y no nos olvidemos de que los niños no eran los únicos que tenían miedo… Demos pasos hacia delante, por favor.
Y para dejar constancia de que hay profesores que no creen necesario que se les trate de usted, dejo aquí un trocito del post de Garib. Se trata de una entrada antigua, en un blog en el que ya no escribe, pero su nuevo blog merece la pena, y mucho (http://www.bloggerenuncubo.blogspot.com/).
“Ya ha pasado la época donde los profes se sentaban y leían un libro mientras los alumnos copiaban, ahora hay infinitas fuentes de información dónde los alumnos pueden encontrar todo el material. Nuestro papel es ayudarles a saber utilizarlas, entenderlas y desenvolverse por sí solos. Ya no somos los monjes que tenían el monopolio del saber encerrado en los conventos. Muchos profes con ideas rancias se quejan de que los alumnos tienen que espabilarse solos como excusa para no hacer mejor material de estudio, pero luego se contradicen al organizar sus clases como si los estudiantes fueran autómatas escuchadores, sin motivarles a pensar. Al final el post de hoy me ha salido de tener cara. Y la verdad, no sé de qué tengo cara yo. Hace poco una alumna comete un horrible error de protocolo en mis clases y me habla de usted. Cuando la recrimino por ello me dice que estaba acostumbrada porque había ido a un colegio de monjas. ¿Tengo cara de monja? le digo. Se me ríe y me dice que no. Menos mal.”
Y antes de acabar, acabo de recordar la advertencia que me hizo una compañera a la que sustituí durante un mes, limpiando una oficina, un verano que trabajé en una empresa de limpiezas. En cierto modo está relacionada con el tema.
- Si algún día te encuentras con la encargada de la oficina, debes tratarla de usted, y llamarla señorita Ms. (la encargada tenía unos cuarenta años)
- Si yo tengo que llamarla señorita Ms., ella tendrá que llamarme a mí señorita Ma. (yo tendría unos veinte)
Afortunadamente, nunca coincidí con la tal Ms. Aunque sospecho que hubiese sido un encuentro divertido…
Bueno, pues que tengan ustedes, todos ustedes, un lunes estupendo.






el-secreto dijo
HOLA :
yo recuerdo que cuando iba al colegio nos mandaron hacer un trabajo del cuerpo humano (aparato digestivo , aparato respiratorio etc... ) y yo me ofreci en mi grupo para traer el libro de la coleccion era se una vez el cuerpo humano pues bien el señor maestro me lo cogio para ojearlo y recuerdo que se puso a fumar y yo veia como le caia la ceniza a mi super libro que nos compraba mi madre todas las semanas en el kiosko y ya entonces me parecio una grave falta de respeto hacia mi persona , cuando no se dormia en clase no creo que esa persona mereciese que se le hablase de usted cuando el respetaba a sus alumnos .
19 Noviembre 2007 | 01:51 PM