Entonces contigo ¿de qué puedo hablar?
Tengo un horario de trabajo un poco especial, no por raro, sino por diferir ligeramente del de mis compañeros. Como mujer previsora y excesivamente organizada/organizadora que suelo ser, ya un año antes de quedarme embarazada de Rn. llegué a un acuerdo con mi jefe para modificar mi horario laboral, de cara a organizar un poco mejor el tiempo libre que podría dedicar a mis futuros hijos. Así que, desde entonces, entro a trabajar media hora antes que mis compañeros, y empleo una hora en comer, en vez de dos como hacen ellos. Así puedo salir hora y media antes, y la verdad, se nota. Mucho. Puedo considerarme privilegiada, privilegiadísima, ya que soy la única empleada que ha podido adaptar un poco el horario a sus necesidades personales. Pero en eso, y exclusivamente en eso, consiste la (supuesta) conciliación de mi vida laboral y familiar.
Durante las dos horas que en la empresa se emplean para comer, ésta permanece cerrada al público. Aclaro ahora que mi empresa trabaja sobre todo de cara a profesionales, y muy poco de cara a particulares, por lo que los clientes con los que cuenta son, casi en su totalidad, clientes fijos y habituales. Además, en la mayor parte de los casos, se trata de clientes con una trayectoria de compras muy larga, de muchos años, por lo que se supone que el horario de atención al público debiera ser de sobra conocido por ellos. Pues no. Parece ser que no. Porque durante esa hora en que, aunque no se atiende a clientes, yo sí estoy trabajando, es increíble la cantidad de llamadas que se pueden recibir para hacer pedidos, consultar dudas sobre material, interesarse por el estado de una mercancía, etc….
Llevo ya varias semanas recibiendo, habitualmente y siempre a esa misma hora, la llamada de uno de los empleados de un cliente. No le conozco personalmente, pero sí distingo su voz. De entrada, siempre se dirige a mí en euskera, para preguntarme por el encargado de material. Como sé que no voy a ser capaz (lamentablemente) de mantener una conversación coherente, yo le contesto en castellano, indicándole que no está, ya que está cerrado, y el horario en que puede localizarle. Entonces él automáticamente cambia a castellano, y me hace alguna pregunta relacionada con el estado del pedido que hizo el día anterior, o me pregunta cuándo llegará tal o cual material, o si tal o cual material ha sido ya cargado en el transporte para su entrega, etc…. Hoy, como no, también ha sido así…
- Cuchufletas del Norte, buenas tardes….
- Arratxalde on, Jo..ekin, mesedez?
- Pues no está en este momento. El almacén está cerrado al público de tal a tal, así que para localizarle debes llamar a partir de esa hora. ¿Quieres que le deje algún recado?
- ¿Y Jn.? ¿Me puedes pasar con Jn.?
- No, mira, en el almacén no hay nadie. Está cerrado hasta las tal. Si quieres hablar con ellos tienes que llamar a partir de esa hora.
- Bueno, pues igual puedes ayudarme tú. ¿Sabes si ha salido ya el pedido para Fulanitos Asociados que le pasamos a Jo. el viernes?
- Pues no te puedo decir, ya que yo no llevo ese tema. Lo siento. No puedo ayudarte. Estas hablando con la oficina, y para consultas de pedidos tienes que hablar directamente con el almacén.
- ¡Joder! ¡Siempre me dices lo mismo! ¡Nunca puedes contestarme a nada!
El exabrupto me deja planchada. Y entonces yo, una vez más, educada y comedida cual Zapatero, mordiéndome la lengua aún a riesgo de envenenarme, le he contestado, lentamente.
- Mira, lo siento. No puedo ayudarte. Estas hablando con la persona que lleva contabilidad. Sobre tema de pedidos y de transporte, tienes que hablar con Jo. o con Jn. directamente
- Y entonces contigo ¿de que puedo hablar? - el tonito burlon deja entrever que me considera una completa inútil...
Y yo, con los colmillos inferiores clavados en el paladar, y los superiores perforándome la mandíbula, educada y pausadamente le he contestado.
- Si tienes algún problema con alguna factura, una duda con un vencimiento, necesitas cambiar el nº de cuenta por el que os pasamos los cargos, un extracto contable de vuestra cuenta, o quieres consultar si se pueden modificar los plazos de pago, puedes hablar conmigo. Para eso no es necesario que consultes en el almacén, porque te pasarán directamente conmigo. Pero los asuntos relacionados con material y con transporte, debes consultarlos con ellos.
Al tiempo que tranquilamente y sin que se me moviese una pestaña pronunciaba estas palabras, por mi cabeza pasaban a toda velocidad otras muy diferentes, que, cual monarca enojado, me hubiese gustado espetarle en la cara (en este caso, en la oreja, ya que, afortunadamente, no podía verle):
- “Pues mira, pedazo de mendrugo de cerebro escuálido y encogido, si no te empeñases en llamar siempre a una hora en la que sabes que no hay nadie para ayudarte, yo ni siquiera me vería en la necesidad de contestarte, porque, por cierto, te atiendo al teléfono por cortesía particular, porque en realidad la empresa está cerrada. Por otra parte, si yo te pregunto a ti por la cuota anual de amortización de los vehículos de tu empresa, o por los intereses de la última remesa de anticipos de crédito norma 58, o por los datos del 347, seguro que no tienes ni repajolera idea de qué estoy diciendo. Y si te pregunto con qué quedan más limpios los teléfonos de tu empresa, si con alcohol de quemar o con agua, seguro que tampoco sabrías decírmelo, porque seguro que de eso no te encargas tú, sino la persona que se encargue de la limpieza. Y si te pregunto por los planos de una determinada instalación, seguro que tampoco tienes ni idea, porque de eso se encargará el ingeniero o el técnico de la empresa (sé positivamente que él no lo es). Y sobre de qué puedes hablar conmigo: DE NADA, porque con personas como tú estoy segura de que no se puede hablar de nada, PORQUE ERES UN MALEDUCADO Y UN PREPOTENTE, amén de un IGNORANTE, porque sólo una persona ignorante puede dirigirse a otra como tú te has dirigido a mí”.
- Bueeenooooo, pues nada, ya llamo a partir de las tal. Eskerrik asko. Gero arte.
- Gracias a ti. Gero arte. (“Hala, a ver si a la próxima llamas cuando tienes que llamar, so zoquete, y con un poco de suerte me ahorro el escuchar tu desagradable voz”).
De verdad. Qué mala leche. Me he quedado con ganas, muchas ganas, de decirle cuatro cosas. Pero como aunque mi enfado era real, no era Real, pues me he aguantado. Si es que yo soy tonta…
Sé que este post es una tontería. Pero necesitaba desahogarme un poco. Y el blog, a veces, es terapeútico ( y gratis…)







mamporrero dijo
Pues te ha salido un post muy elocuente sobre tu profesionalidad y tu educación, pero especialmente sobre esa lechecilla tuya, no exenta de sentido del humor, que te gastarías si te dejaras llevar por las vísceras, como hacen tantos, y dijeras lo que piensas en cada momento....Es regocijante leer lo que alguien le diría a un maleducado cliente si, en lugar de morderse la lengua, le espeta su pensamiento real...que no REAL...
Yo confieso que enseguida me pongo intolerante con los intolerantes y cuando se ponen así de bordes, les digo, por lo menos, por lo menos, lo que tú pones en cursiva. Eso por lo menos, jaja¡¡...
Me encanta volverme a reir con las cosas de el Patio de tu casa que, por cierto, has tenido abandonado más tiempo de lo que muchos hubieramos querido....No lo hagas más o amenazo con ponerte, en cursiva, lo que pienso yo de los amigos que hacen mutis por el foro de esa manera, jaja¡¡
Un abrazo y bienvenida de nuevo...
13 Noviembre 2007 | 03:10 PM