Desaparecido
La familia de Ro. suele reunirse una vez cada dos años para ir a misa y a comer. Dicho así suena raro ¿no?. En realidad, todo empezó porque un tío de Ro., hermano de su madre, sacerdote y misionero, acumulaba las vacaciones de un año para así al siguiente poder pasar dos meses seguidos en España. El año que le tocaba venir, le gustaba reunir a todos sus hermanos un día, y para ello comenzó a dar una misa a finales de septiembre en la iglesia del pueblito de Burgos donde se habían criado. Por supuesto, era casi obligado que los hijos y las parejas de los hijos se sumasen al evento. Pero poco a poco también se fueron sumando primos, primas, hijos de primas y primos, nietos y nietas varios, algún vecino, y vete tú a saber quién más. Total, que a pesar de que hace unos años que el sacerdote ha vuelto de las misiones y permanece en la península, la que ya se ha convertido en tradicional misa y posterior comida cada dos años se ha seguido manteniendo. Así que ayer nos tocó reunión familiar. Comeríamos juntos cerca de sesenta personas, por cierto, en un comedor cuya capacidad calculo para unas treinta y cinco a lo sumo. Desde que Rn. nació, tengo la excusa perfecta para no tragarme la misa. Así que como hacía un día estupendo nos quedamos fuera de la iglesia jugando. Mis sobrinas, de seis y ocho años, también encontraron la excusa perfecta para no soportar más de media hora de aburrimiento, y a pesar de la falta de aprobación de su madre, se quedaron con nosotros. Así Rn. pudo comerse tranquilamente, al aire libre y acompañado de sus primas, unos deliciosos macarrones con ajito que se conservaban calentitos en un termo, y atiborrarse después a las galletas que algún familiar había tenido a bien llevar como cóctel previo a la comida (además de mistela, moscatel y vinos dulces varios, todo muy apropiado para luego tener que conducir por las intrincadas carreteras que habían de sacarnos del pueblo).
Después de la misa, a la madre de Ro. le gusta hacerse una foto dentro de la iglesia, delante del retablo, con sus hijos, las respectivas parejas y sus nietos. El retablo es muy bonito, pero cualquier día desaparecerá, porque la iglesia amenaza con venirse abajo mas pronto que tarde. Supongo que cuando lo haga, no habrá nadie dentro. Sospecho que, aparte de la misa que imparte J.C. cada dos años, pocas más se escucharán entre esas tristes paredes. Como detalle, diré que a la entrada de la iglesia hay una foto de los reyes de España, en la que les supongo recién casados, y sin hijos. Como detalle sobre el pueblo, diré que desconozco cuantas familias viven allí habitualmente, pero ayer pregunté cuantos niños había y me dijeron que dos. Por supuesto no hay escuela, y los niños tienen que trasladarse. Teniendo en cuenta que por allí nieva bastante a menudo… en fin, no quiero ni pensar en la posibilidad de trasladarme a vivir a un lugar así…por mucho que me guste la tranquilidad.
Bueno, pues como decía, nos sacamos la foto, con el culo inquieto de Rn. subiendo y bajando continuamente de la escalera en la que le habíamos asignado sentarse. Se sacaron fotos con cuatro cámaras, dos con cada, por si acaso, así que cuando Rn. se vio libre se levantó escopetado. Se quedó un ratito a la entrada, mientras hablábamos, y después le vi salir. Pronuncié un par de palabras mas, dos segundos, y dije : “Voy por Rn., que se escapa” y salí a la explanada de hierba que rodea la iglesia, donde estaban congregados dándole a las galletas y al moscatel el resto de familiares. No le vi. “Habrá bajado las escaleras”. Bajé las dos escaleras de piedra que llevaban directamente a nuestro coche, pensando que podría estar allí. Solo habían pasado dos segundos, así que no podía estar en otra parte. No estaba. Entonces volví a mirar en la explanada. “Quizá entre las piernas de tantos adultos no he conseguido verle, no se ha podido ir tan rápido”. Nada, no estaba. Entonces di una vuelta a la iglesia. Seguía sin verle. “No puede ser, habré mirado mal”. Volví a la explanada, bajé nuevamente las escaleras. Nada. Otra vuelta a la iglesia. Nada. Y entonces, como una loca, corrí hacia la entrada. “Ro., tu hijo está perdido. No le veo”. Ni siquiera sé por qué dije “tu hijo”, pero lo dije. Supongo que quizá fue un poco de resquemor por ver que estaba tan tranquilo sin haberse dado cuenta de que Rn. había desaparecido. “Si está dentro” – me dijo. “No está dentro” – le grité – “Ha salido y no le encuentro”.
Y entonces ya todo fue una sucesión de carreras y voces que se me clavaban como puñales. No sé cuantas vueltas mas di alrededor de la iglesia. No sé cuantas zanjas miré. No sé cuantas veces entré a la iglesia, por si acaso había vuelto y yo no le había visto. No sé cuantas veces grité desesperada su nombre. Y las voces de los demás… dios… me enfermaban… “Tranquila, tranquila” “Se habrá ido con alguien de la mano” “Si aquí no hay peligro”. Esa era la madre de Ro., que al tratarse del pueblo donde ella se ha criado, le parece que no hay peligro para un niño de tres años. Yo veía miles de peligros. Coches, zanjas, arroyos, perros, algún vecino perturbado que podía habérselo llevado…Porque sí, confieso que lo pensé, que vinieron a mi mente tod@s l@s niñ@s desaparecid@s, violad@s, asesinad@s en los últimos años. “Mujer, eso no, si aquí somos todos conocidos”. Ya, ya… cuando tu hijo ha desaparecido de la vista en dos segundos, porque juro que fueron dos segundos, y tarda mas de cinco minutos en aparecer, es una de las primeras posibilidades que te pasan por la mente. Porque esas cosas siempre pasan en pueblos muy tranquilos, donde se conoce todo el mundo…
Apareció. Una prima de Ro. le localizó. Había bajado por la carretera (con el consiguiente peligro de que le pillase un coche) casi hasta la fuente. Por suerte, había dos perros, y como les tiene bastante respeto, no se atrevía a seguir. Mordisqueaba tranquilamente una galleta. Ro. corrió hacia él, y yo me desinflé. Me hubiese venido bien llorar, pero no pude. De hecho, aún no he podido.
- ¡¡Aita, aita!! ¡¡Mira, mira, los perros!! – dijo, sin dejar de comer su galleta.
Bueno, solo fue un susto, pero dos cosas me han quedado claras:
La primera. Siempre nos asombramos de desgracias que ocurren a los niños cuando se supone que están al cuidado de sus padres, abuelos, en fin, de adultos. Ya no me asombraré. Es perfectamente posible que te roben un niño, o que se pierda, o que se ahogue, y no se entere nadie. Ayer Rn. se escapó, delante de más de cincuenta personas, y ninguna, absolutamente ninguna, le vio mientras se escapaba. Tuvo que hacerlo corriendo, a la velocidad de la luz diría yo, porque si no yo debería de haberle visto bajando la carretera. Pero una persona que quiera secuestrar un niño, desde luego no lo va a hacer a paso de ancianita…
La segunda. Nunca mas volveré a decirle a nadie que esté tranquilo cuando sé fehacientemente que es imposible que lo esté. Ayer recordé cuando a mi vecina Le. “se le perdió” su hija, de la edad de Rn., en la plaza. Estaba jugando delante de nuestras narices, y de repente desapareció. El centro de nuestro pueblo tiene muchas zonas peatonales, pero la carretera y la calzada están al mismo nivel, lo cual hace que tengamos que tener aún mas cuidado con los niños, porque se confunden. Recuerdo perfectamente la cara totalmente desencajada de Le. mientras yo le decía “Tranquila, tranquila”. Su hija apareció en tres minutos. Había dado la vuelta a la manzana, y estaba llorando, desorientada. Ahora puedo entender perfectamente que tres minutos le pareciesen veinticuatro horas, y que mis “Tranquila, tranquila” no le sirviesen de nada.
Bueno, a ver si de aquí a que acabe el día consigo llorar, y se me pasa de una vez la angustia.
Que tengáis un mejor lunes que el mío…





bruxana dijo
Hola guapa:))
Qué susto!!!
Los niños pequeños, no sé cómo, tienen la facultad de hacerse invisibles (bueno, yo también la tengo, al parecer). Pero sí es cierto lo que cuentas de que hay niñ@s que desaparecen de pronto (luego aparecen enseguida) cuando están presentes padres, hermanos, vecinos... y, supuestamente, todos pendientes de los niños.
Cuando en un centro comercial se oye por megafonía eso de que "hemos encontrado a un@ niñ@ que dice llamarse 'X' y que viste..." no falta nunca quien comenta a lado "pues qué padres tendrá que se les pierde el crío y no se dan cuenta". No: estoy segura de que los padres no lo han perdido de vista más allá de dos segundos... pero que el peque se ha hecho invisible... y ha terminado, afortunadamente, de la mano de un empleado del centro que se lo ha llevado a consigna. Porque podría haber terminado de la mano de cualquiera y en cualquier sitio: por desgracia, hay crios que se van con todo el mundo (cosa que me aterra: esos niños tan absolutamente sociables a los que si les tiendes la mano te la dan y ni se vuelven a ver dónde está su madre...)
Tengo un sobrino de poco más de 3 años. Su madre es imbécil y su padre (mi hermano) tiene una actitud al respecto totalmente incomprensible. El niño no solo no habla (nada, no es mudo, pero no habla), ni come solo, ni muchas cosas impropias de un crío de esa edad..., sino que cada vez me da más la sensación de que no reconoce a nadie. Y eso es algo que personalmente me asusta más que la posibilidad de que tenga algún tipo de retraso ó de autismo (debo ser la única que quiere irse haciendo a la idea al respecto) y es que, como no reconoce... se pueda ir con cualquiera que le coja de la mano.
Y tú... pues tranquilízate: no ha pasado nada. Lo normal es eso, que los niños de pronto se hagan invisibles... y reaparezcan a la misma velocidad. Y un detalle curioso: cuando un crío se "pierde" hay que preguntar si hay alguna fuente cerca. Las posibilidades de que termine cerca de la fuente son enormes. De hecho, creo que en los centros comerciales ponen fuentes de adorno por eso...;)
Besos:))
24 Septiembre 2007 | 03:34 PM