Miel y flores
No entiendo a algunas personas. En realidad, no entiendo a demasiadas.
No entiendo a quienes con todos los medios a su alcance para adquirir un poquito mas de cultura, se empeñan en seguir siendo ignorantes, en demasiados aspectos.
No entiendo a quienes en vez de aprender cada día de lo que las personas que están a su alrededor y sus vivencias pueden enseñarles (bueno y malo, de lo malo también se aprende) se empeñan en seguir a pies juntillas los preceptos que en su día les marcaron (iglesia, escuela, familia).
No entiendo a quienes se empeñan en practicar un borreguismo extremo, catalogando criterios marcados por otras personas como buenos o malos, solo por el hecho de venir de donde vienen (lo que digan estos sí, lo que digan estos no).
No entiendo a quienes creen que lo pueden decir más alto, pero no más claro. Siempre se puede decir mas claro, y siempre se puede estar abierto a aclararse.
No entiendo a quienes creen que todo lo saben. No es mas inteligente quien supone que ya lo conoce todo, sino quien sabe que siempre tiene algo que aprender.
No entiendo a quienes reclaman derechos para sí, y practican la intransigencia y la intolerancia con los demás.
No entiendo a quienes no evolucionan. El mundo, y nuestra condición en él, son eso. Evolución.
No entiendo a quienes emiten alegremente juicios superficiales. Y la mayoría lo son. Y no entiendo a quienes admiten, sin siquiera poner en duda, juicios superficiales emitidos por otras personas.
No entiendo a quienes critican, y critican, y critican, porque en realidad envidian, y envidian, y envidian….
No entiendo a quienes se jactan de consumir y consumir productos caríííísimos (sean casas, coches, viajes, comidas, perfumes, lámparas…). Parece mentira que no nos demos cuenta de que en esta nuestra querida sociedad de consumo, casi nada vale lo que cuesta.
No entiendo a quienes, pudiendo alimentarse bien, no caro, sino bien, se empeñan en seguir comiendo basura, y luego despotrican porque los médicos no pueden obrar milagros en sus cuerpos enfermos.
No entiendo por qué, algunas personas se empeñan en no dar valor a lo que tienen hasta que lo pierden, una vez tras otra. Y no me refiero sólo a lo material, sino mas bien a esas otras cosas que damos por supuesto que mantendremos para siempre: salud, amor, amistad….
Dicen que no está hecha la miel para la boca del asno. Pero tengo mis dudas. Quizá el asno sí sepa apreciarla como merece. Hoy no tengo muy buen día. Arrastro cierto enfado, osea que será mejor que no me relacione demasiado con congéneres. Esta tarde, cuando salga de trabajar, voy a recoger unas cuantas margaritas, a ver si encuentro alguna piara y se las echo a los cerdos...






theo dijo
Que no pueda la realidad romperte los sueños, las ilusiones de un mundo mejor... Levántate, mira a tus hijos y sonríe: estás haciendo tu parte del trabajo... El resto, como diría Nietzsche, es "simplemente, la humanidad"
Un saludo de complicidad
17 Julio 2007 | 12:31 PM