Nunca deja de sorprenderme la mente humana. Por ejemplo, es curiosa la capacidad que tenemos para ir olvidando esas situaciones cuyo recuerdo nos produce dolor, para quedarnos sólo con aquellas que nos han reportado alguna satisfacción. Supongo que de ahí vendrá el tan manido cualquier tiempo pasado fue mejor…, afirmación con la que, dicho sea de paso, no estoy para nada de acuerdo.

A mí me sucede con las fechas. En mi calendario mental he ido borrando varias. Por poner un ejemplo reciente, el viernes pasado recordaba el cumpleaños de mi padre. Hace diecinueve años que se fue, pero desde entonces, ni un solo año he dejado de felicitarle. En cambio, soy incapaz de recordar la fecha de su muerte. Si algún año he sido consciente de ese día, ha sido gracias a que mi madre sí suele recordarlo. Sé que fue a finales de marzo, pero no sabría decir si fue el día treinta, el treinta y uno, el veintinueve… Solo recuerdo que era víspera de semana santa. Cualquiera pensaría que no es tan difícil ¿verdad? después de tantos años ¡cómo no va a ser alguien capaz de grabarse una fecha de una vez por todas!. Pero no, yo no puedo. Inconscientemente, con esa inconsciencia a veces tan consciente, los finales de marzo para mí no significan nada. En cambio, hay otras fechas que recuerdo con total precisión. El diez de enero de 2004 está marcado a fuego en mi cabeza. Recuerdo como supe con certeza que mi vida había comenzado a dar un giro total, como desayunamos, como fui al supermercado y allí me encontré con la vecina del cuarto, la conversación que mantuvimos, como fuimos a comer a casa de la madre de Ro. porque, casualmente, celebrábamos su cumpleaños, como era la textura de la nube que pisé durante todo el día… Y el seis de julio de 2007 dudo que pueda borrarse algún día de mi mente, porque las sensaciones, desde primera hora de la mañana, están siendo las mismas de hace tres años y medio. Pensé que, como se suele decir, la experiencia sería un grado. Pero no. Ha sido exactamente igual. Al principio, una exultante felicidad, seguida, casi inmediatamente, de un tremendo terror y una oleada de dudas… ¿seré capaz? ¿voy a poder con todo? ¿cómo será? ¿cómo nos cambiará?...

Esta mañana he sabido que, si todo va bien, voy a hacer una nueva contribución a la preservación de la especie… o a la destrucción del planeta… no lo tengo muy claro…pero hay una nube que no consigo despegar de la suela de mis sandalias…