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La Coctelera

El patio de mi casa

Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

5 Julio 2007

Un soleado día gris

Guardo pocos recuerdos sobre ella. Y esos pocos, son todos tristes, siempre relacionados con su problema.

Recuerdo los veranos en que coincidíamos en casa de mi tía, que era su abuela. Ocho niños que, aunque teníamos edades muy diversas, lo pasábamos bien. Al fin y al cabo, no nos quedaba mas remedio que jugar y pelearnos entre nosotros. En aquella remota aldea de la Galicia más rural en la que había nacido mi padre, no había más niños que las dos que vivían allí, y los seis “vascos”, como nos llamaban en el pueblo, que pasábamos en aquella casa parte de nuestras vacaciones. Recuerdo que un par de veces por semana, su padre y el mío, que eran tío y sobrino, aunque se habían criado como hermanos, ya que solo se llevaban cinco años, hacían la compra siguiendo una lista cuidadosamente confeccionada por nuestras madres. En aquel entonces, no disponíamos de coche, eso era un lujo que no nos podíamos permitir. Así que mi padre y mi primo se recorrían a pie aquellos caminos empedrados y empolvados hasta el pueblo más cercano, en el que había una tienda donde vendían “de todo”. Allí podías desde tomarte una cervecita (cosa que hacían, claro), hasta comprar macarrones, pan, unas botas de monte o unos pantalones. En el cargamento de bolsas con el que volvían a casa, nunca faltaban la nocilla para merendar, y alguna chuche para los niños. Para todos, menos para Sa. Ella siempre estaba a dieta, desde que nació. Recuerdo sus oscuros ojitos apenados, y su redonda cara llena de ansiedad. Y recuerdo como mi primo, su padre, cuando ninguno de los otros adultos le veía, sacaba un Boni, un Tigreton, un Pantera Rosa o un paquete de gusanitos del bolsillo de su pantalón, y se lo daba a escondidas. Recuerdo como su hermano pequeño, cuando discutían, la insultaba con esa crueldad tan característica de los niños, que dudo si es innata o aprendida: “Gorda”.

Recuerdo como una de mis amigas, que iba a su mismo colegio, me contaba que en los recreos Sa. pegaba a otros niños para robarles ese tentempié que todos tomábamos a media mañana. Mientras todos los niños comían un bocadillo, un bollo o unas madalenas, a ella solo le permitían una manzana.

Recuerdo un día, tendría yo unos veinte años, en que había ido a la piscina municipal con una amiga. Hacía mucho calor, y fuimos a comprarnos un helado. Mientras yo pagaba, mi amiga me dijo: “Mira aquella gorda, ¡¡¡a qué velocidad se está comiendo la palmera de chocolate!!!. Era mi prima, Sa. Era tan solo una adolescente, pero su cuerpo ya había comenzado a deformarse.

Recuerdo cuando mi madre se apuntó a aquella academia para sacarse el título de modista (siempre ha cosido muy bien, y quería titularse), y coincidió allí con ella. Supongo que el motivo por el que Sa. querría aprender a coser diferiría bastante del de mi madre. Supongo que en su caso no sería un deseo, sino casi una necesidad, derivada de la imposibilidad de encontrar ropa de su talla adecuada a su edad. Recuerdo como mi madre, entre apenada y asustada, me contó un día que para tomarle la medida de la cintura para confeccionarle una falda, habían hecho falta dos personas, cuatro brazos, porque una sola persona no conseguía abarcarla.

Recuerdo como mi madre me contó, hace aproximadamente un año, el impacto que le causó el estado lamentable en el que Sa. se encontraba. Llevaba varios años sin salir de casa, sin mantener contacto con el mundo mas allá de su habitación y de la comida. Se había convertido en una de esas personas mórbidamente obesas, incapaces casi de moverse, que a veces vemos pidiendo ayuda en algún programa de televisión. Hacía años que ya no se presentaba siquiera en esos acontecimientos familiares que se consideran de obligado cumplimiento. No fue a la boda de mi hermana, ni a la de nuestra prima, ni al bautizo de su sobrina, ni a la comunión de su sobrino….

Esta mañana mi madre me ha llamado al trabajo para decirme que se ha muerto. Así, de repente. Mi madre aún no sabía la causa, en ese momento estaba más preocupada de salir cuanto antes hacia la casa de sus padres, para ayudarles en lo posible. He pensado en un infarto o algo similar, debido a su obesidad. Pero no sé por qué hay algo que me pita en la cabeza y me dice que ha sido algo peor.

Solo tenía veintinueve o treinta años. La muerte siempre es terrible. La muerte de alguien tan joven como ella, es más terrible todavía. Siempre se dice aquello de “tenía toda la vida por delante”. Pero ella, realmente ¿tenía toda la vida por delante?. Y lo que de verdad me produce una tremenda tristeza no es solo eso. Es pensar que esos escasos treinta años que ha vivido ¿pueden realmente considerarse vida? Realmente ¿ha sentido algún momento de verdadera felicidad en su corta vida? Una vida plagada de burlas, de niños que te llamaban gorda, de adultos que te miraban con conmiseración, de adolescentes que solo se reían de ti, de chicos que jamás te mirarían como a una mujer, de gente que te señalaba con el dedo…

Hoy luce un precioso cielo azul. Yo solo consigo verlo gris, y mis ojos no paran de llover…

Tags: cosas mias

servido por elpatiodemicasa 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

theo

theo dijo

La vida es cruel e injusta. Y los niños, cuando la civilización todavía no ha podido domeñar sus institintos más salvajes, atacan sin piedad a los débiles, a los enfermos... como lobos... Es un post terrible, pero bellísimo.
Un abrazo y mis condolencias... Me gustaría poderte decir algo hermoso o esperanzador, como que los ángeles no tienen cuerpo y que quizá ahora sea feliz... pero no soy capaz de creérmelo...

5 Julio 2007 | 02:22 PM

solounpoco

solounpoco dijo

Lo siento.

El caso que cuentas aquí, por desgracia, no es único y ocurre más a menudo de lo que nos puede parecer. Ya sea por el mismo motivo o por algo diferente. En mi familia había un caso muy parecido de un primo que desde pequeño estaba gordísimo. Después de muchas visitas al endocrino, casi lo dejaron por imposible. Con los años y viendo él mismo que así no sería nadie y que la gente incluso lo rechazaba, sorprendentemente ha dado un cambio espectacular. El problema es cuando la obesidad viene por si sola y no por los excesos en la comida. Entonces la voluntad y el sacrificio quizás no sirvan para nada.

Sólo puedo darte un abrazo y ánimos

5 Julio 2007 | 02:57 PM

mixcelaneas

mixcelaneas dijo

Lo siento mucho, no sé qué más decir... La vida muchas veces es cruel e injusta, y quizás ahora esté en un mejor lugar. Me gusta pensar así, que el que ha sufrido en esta vida tiene derecho a toda la felicidad en el cielo, o como quieras llamarlo. Un abrazo!

5 Julio 2007 | 10:07 PM

Lidia Cervantes Martinez

Lidia Cervantes Martinez dijo

¡¡Madre mia, como me suena todo eso!! Es veraderamente una pena. Y demasiado frecuente, lo sé por experiencia propia. Has de tener un caracter realmente fuerte para tirar para adelante. El entorno ayuda muy poco. Lo único que te ayuda, es el autoconvencimiento de que tienes tanto derecho a vivir y ser feliz como todo el mundo. Si no es así... Es muy duro y acaba contigo... ¡Diosmio, como la entiendo!

Lo siento. De veras que lo siento.
Un beso

6 Julio 2007 | 02:56 PM

elpatiodemicasa

elpatiodemicasa dijo

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. La verdad es que todo lo que rodea al fallecimiento de una persona con este problema es especialmente doloroso. El que se estudie la posibilidad de sacales de su casa con una grua (Sa. falleció en casa, y aunque al final la bajaron por las escaleras, en un principio pensaron en esta posibilidad). El que su cuerpo no entre en una caja normal, sino que haya que fabricarle una a medida (en su caso no fue necesario, ya que su cuerpo se incineró). El que su cuerpo no entre en el horno crematorio que le corresponde, y haya que buscar desesperadamente uno de mayores dimensiones.... Vivimos en una sociedad de medidas standar, grandes excesos que llevan a graves defectos, y graves defectos que llevan a grandes excesos...

9 Julio 2007 | 01:56 PM

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Sobre mí

Soy mujer, también hembra, según el DRAE, y tengo algún año mas que Jesucristo, al menos según la versión oficial. Esto intenta ser sólo una especie de diario, o algo así, sobre cosas que me pasan por la cabeza. Aunque no es mi verdadero nombre, puedes llamarme Rose. ¿Recuerdas "Las chicas de oro"?. Pues eso. Yo, como Rose... Los preciosos labios de la foto... no son los míos.

A ratitos,

cuando la vida me lo permite,

estoy leyendo...

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