¿Educación? Sí, gracias, pero de la buena...
Hoy iba a publicar algo más bien frívolo, sin mucha trascendencia, para compensar un poco la tristeza del viernes. Pero en el blog de Salarino me he encontrado este artículo, y no he podido resistirme a enlazarlo….
http://salarino.blogspot.com/2007/06/la-psima-educacin.html
… y por si a alguien le da pereza entrar en el link, lo copio aquí íntegramente…
sábado 30 de junio de 2007
Jorge y Juan tienen algo en común que llama bastante la atención a muchos de los que les rodean, y no es su altura, generosa para su edad, ni sus ojos muy claros: es eso que vulgarmente se llama "pluma". Jorge y Juan, por ponerlo de una manera que todos entendamos, tienen "pluma". No se conocen entre sí porque se llevan bastantes años, aunque yo sí les conozco a ambos desde pequeños; sus historias personales son muy diferentes y alejadas, opuestas casi, pero se cruzan en un punto futuro. Ambos, una vez cumplidos los doce años y dejado atrás el colegio de su infancia, se van a encontrar con una situación muy similar: van a ser la diana de las burlas y bromas crueles de algunos de sus compañeros. En el caso de Jorge, un niño tímido, trabajador y muy dulce, me entero porque algunas de sus amigas, ex-alumnas mías también, me lo cuentan: lleva una temporada aterrorizado porque al salir del colegio un grupo de chicos le espera para insultarle. "¿Y qué le llaman?" "Pues... maricón y todo eso", me responden azoradas. No se atreve a contárselo a nadie porque le da mucho corte, me dicen. El caso de Juan es bastante más grave, si es que el ser vejado diariamente simplemente por ser como eres no fuera ya bastante grave de por sí: además de los insultos, sus padres se avergüenzan de él. Con siete años -atención a la edad: siete años- una profesora ya les recomendó que llevaran al niño a un psicólogo. Porqué, os preguntareis; ¿porque era hiperactivo, tenía algún trastorno aparente, alguna fobia, era un niño triste, o agresivo, con problemas de sueño, o alimentarios...? No. Le llevaron a un psicólogo porque del baúl de los disfraces que había en clase siempre sacaba el de princesa, y en las representaciones de los cuentos que hacían, quería ser el hada, y eso a su profesora le resultó muy sospechoso. Desconozco lo que les diría ese psicólogo, pero otro al que acudieron posteriormente les recomendó que apuntaran al niño a alguna ruda actividad deportiva para alejarle de las gasas y tutús. Sin comentarios. Con diez -insisto con la edad: niño de diez años-, sus padres le dejan en casa y no le llevan a una asociación a la que pertenecen porque "la gente se ríe de él y nos da vergüenza". Se lo dicen a la cara: "no nos gusta que seas así". Juan , cuando escucha esas palabras, no sabe exactamente a que se refiere ese abstracto "así", pero tiene clara una cosa: es algo malo. Pongo en conocimiento de Asuntos Sociales el caso, porque además, el niño empieza a faltar a clase sin causa justificada aparente; unos días le duele la tripa, otros la cabeza.... Servicios Sociales, tras un vistazo rutinario, opina que es una familia normal: los ingresos son suficientes y viven en "buenas condiciones", que es lo que importa.
A día de hoy, sé que Juan tiene catorce años y lleva cinco meses sin aparecer por su centro; creo que, por fin, la asistenta social ha decidido intervenir. Me cuentan los que le han visto que su estado físico es lamentable: el niño delgado, alegre y danzarín ha dejado paso a un adolescente gordo y apático, probablemente fruto de la inactividad, de la nula relación con chavales de su edad y del pasarse los días enteros en casa sin salir. Imaginad lo que puede marcar en el desarrollo posterior de una persona el pasar una infancia y una adolescencia en esas condiciones.
Por eso, en estos días de carrozas, jolgorio y debates inútiles sobre si musculocas en tanga sí, musculocas en tanga no, me gustaría llamar la atención sobre un tema que casi nadie toca: el educativo. Porque no hay avance posible si las primeras piedras no se colocan desde abajo, y la experiencia me dice que, ante casos como los de Jorge y Juan, toda la sociedad cierra los ojos. Nadie quiere saber nada, y los que quieren saber, en ocasiones están perdidos y desconocen cómo actuar.
Cada vez que oigo en los medios hablar de "opción sexual" -y se escucha con mucha frecuencia- me hierve la sangre; si acudes al diccionario de la Real Academia y buscas la palabra "opción", te encuentras con que significa "libertad o facultad de elegir" o "cada una de las cosas a las que se puede optar", e inmediatamente me acuerdo de niños como Jorge o como Juan; me gustaría mucho que alguien me explicara qué "diferentes opciones" se les han presentado, y porqué ellos, de entre todas, han "elegido libremente" la que les conduce al sufrimiento y al llanto a escondidas.
La verdad, ante semejante reflexión, me quito el sombrero, y no tengo mucho más que añadir… Tan solo que, de todas las discriminaciones posibles, aquella a la que puedan someter los propios padres, la propia familia, me parece la peor. Porque la familia es, perdón, debería ser, ese lugar al que cuando llegamos siempre nos reciben unos brazos abiertos, no unos cruzados sobre el pecho como paso previo a enseñarnos la nuca. Que la sexualidad no es una opción, no se puede elegir, ni la nuestra ni la de nuestros hijos, como no podemos elegir ser rubios en vez de morenos, o altos en vez de bajos. Que podemos maquillar (teñirnos de rubio, ponernos tacones, ocultarnos a los demás o llevar a los niños al psicólogo a que les “curen”) pero por debajo siempre está la verdad, esa que no podemos, que no se puede cambiar, y que no es menos ni es más. Es, simplemente es… Y que me gustaría que, ahora que Rn. está a punto de comenzar su andadura dentro del sistema educativo, se encuentre con el mayor número posible de profesor@s tan preocupad@s por la educación, por la auténtica educación, como lo está Salarino…
Que tengáis un buen y reflexivo lunes…






ximo dijo
Vive y deja vivir. RESPETA A TODAS LAS PERSONAS SUS DECISIONES O TENDENCIAS.
2 Julio 2007 | 02:32 PM