Desde que era un bebé, Ro. y yo hemos intentado fomentar en Rn. el gusto por la lectura. No creo que sea tarea difícil, en una casa donde hasta en las estanterías de la cocina, entre botes de pasta y legumbres, puedes encontrar algún que otro libro; donde aparecen libros y revistas al lado del frutero, en la mesa y las sillas del salón, en las mesillas de noche (en la mía hoy había tres, mas un informe encuadernado, mas un suplemento dominical; Ro. teme provocar un cataclismo cada vez que hace la cama por las mañanas). Recuerdo que cuando Rn. tenía unos tres meses, y había empezado ya a sostener la cabeza, a Ro. le gustaba sentarse en el sofá con él sobre sus piernas, y ambos leían el periódico. Era increíble lo tranquilo que Rn. se quedaba, como si realmente le interesase qué había sucedido en el mundo mas allá de su cuna o los brazos que le mecían. Así que enseguida comenzamos a leerle cuentos, y aquí comenzó mi decepción.
Crítica como siempre he sido con casi todo, y desde que Rn. llegó lo soy mucho mas, no pude dejar de asombrarme de los valores que transmiten algunos cuentos. En casa hay muchos, las estanterías de Rn. contienen mas de los que yo haya tenido en toda mi infancia (la verdad es que ahora los niños tienen demasiado de todo). Aparte de algunos que nosotros habíamos comprado, y otros que nos habían regalado, nuestro vecino An., que es escritor de cuentos para niños, y por tanto mantiene contacto con varias editoriales, nos pasó un montón de los que para sus dos hijos ya se habían ido quedando obsoletos. Así que nos encontramos con más de un ejemplar, de distintas editoriales, de varios cuentos tradicionales. Dos Caperucita Roja, cuatro Peter Pan, dos La Bella y la Bestia, tres La Cenicienta, etece, etece… Y descubrí con disgusto que de entre todo ese montón, son realmente pocos los que me gusta leerle a Rn.
Por poner un ejemplo, mencionaré uno que a Rn. le encanta, y que yo detesto: Aladino. Aclaro que para Rn. no se titula Aladino, sino El mago africano (por el mago que entrega la lámpara a Aladino) , o Los Reyes Magos (supongo que por los trajes y turbantes). Cosas de los niños….
“Aladino era un niño muy listo, pero no quería aprender ningún oficio, ni ayudar a su padre en el trabajo. Tan solo soñaba con ser un rico caballero.”
Ya, ya sé que eso es lo que le gustaría a casi todo el mundo en este país, hacerse millonario sin dar palo al agua. Pero la verdad, si dentro de treinta o cuarenta años se destapase El caso Rn., y fuese de dominio público como mi hijo se hizo millonario y obtuvo la alcaldía de su pueblo a base de robar a los contribuyentes y construir adosados hasta en reservas de la biosfera, no creo que en el juicio pudiese alegar como atenuante que sus padres le leían Aladino cuando tenía dos años…
“… el Sultán le exigió una prueba de su riqueza. Aladino frotó la lámpara y pidió al genio todo lo que necesitaba: cuarenta bandejas de oro repletas de diamantes, zafiros y rubíes. Cuando el Sultán vio tantas riquezas, consintió el matrimonio de su hija con Aladino.”
1º. Claro, lo que opine la princesa importa un pimiento, pasará de manos de su padre a manos de su marido, sin que ella tenga nada que decir. Y después de leerle esto, le intentaré explicar a Rn. que hombres y mujeres somos iguales en derechos, pero que aún seguimos arrastrando algunos terribles posos de un régimen patriarcal durante tantos siglos instaurado, y que confío en que la nueva generación, la suya, sea por fin la de la igualdad, esa igualdad que aún en la mía cuesta tanto reconocer y aplicar… Hmmmm, me parece que eso no es compatible con poderse “comprar” una mujer…
2º. Tras leerle esto, le quedará claro que para conseguir cualquier cosa en esta vida, incluso el amor, mas le vale estar forrado, pero que muy forrado de pasta….
“El futuro príncipe apareció montado en un caballo blanco y precedido de esclavos muy bien vestidos que iban tirando monedas a los curiosos.”
Aquí ya me entran hasta picores. A estas alturas no quiero ser yo quien venga a hacer apología de la esclavitud. Además de que, en el dibujo que acompaña al texto puede observarse como el tono de piel de los esclavos es sustancialmente mas oscuro que el de Aladino, el Sultán y la princesa. O bien además de proporcionarles bonitas ropas, a los esclavos les han pagado unas vacaciones en la playa, o … la conclusión es bastante obvia… Primero le leeré esto, y luego le explicaré a Rn. que todas las personas, tengamos el color de piel que tengamos, somos iguales…. No creo que su mente pueda desentrañar a tan tierna edad mensajes tan contradictorios….
Y, por supuesto, Aladino y la princesa se casan. Porque todos los cuentos en los que aparecen príncipes o princesas acaban en boda. Porque una boda,y eso sí que es un cuento, es el colmo de la felicidad. Se casaron, y cualquier problema se acabó. Fueron felices para siempre. Pero ¿Cómo sé yo que Cenicienta no se pasó el resto de su vida planchando los trajes del príncipe? ¿O que la dulce Blancanieves no resultó tener un carácter insoportable y el príncipe la abandonó por una morenaza impresionante? ¿O que la hija del Sultan no decidió que le apetecía hacer algo mas con su vida que sacar brillo a la dichosa lámpara de Aladino? La vida real no es así. La vida real de una pareja empezaría para muchas personas, al menos para todas las que no hayan convivido antes de la boda, precisamente ahí, donde acaban todos los cuentos.
Por no hablar también de la identificación feo-malo, guapo-bueno, que se da en prácticamente todos los cuentos. Pero la adjudicación de estereotipos a cada uno de los personajes daría para extenderse mucho mas, y bastante lo estoy haciendo ya….
Por supuesto, cuando leemos a Rn. este tipo de cuentos lo hacemos un poco a nuestra manera, modificando la historia sobre la marcha, cambiando situaciones, y, desde luego, los protagonistas nunca se casan, simplemente deciden irse a vivir juntos….
Pero buscando, buscando, siempre pueden encontrarse cuentos que transmitan otros valores, que ofrezcan una visión un poco mas acorde con la realidad que hay en la calle, o al menos, con la que nos gustaría que hubiese. En ese sentido, y aunque no soy muy dada a recomendar libros (la lectura es algo muy personal), comentaré un par de ellos que a mí personalmente me han gustado:
- La fantástica niña pequeña y la cigüeña pedigüeña. Enseña a los niños a tratar con naturalidad cualquier tipo de diferencia entre ellos. Y les deja bien claro que a los bebes ya no los trae la cigüeña desde Paris.
- Los cuentos en favor de la familia de Ed. Afortiori. Solo hemos leído dos, pero nos han encantado:
- El día de la rana roja. Un príncipe ha sido encantado por una bruja y solo podrá encontrar el amor verdadero cuando consiga besar una rana roja. Cuando por fin encuentra una auténtica rana roja (le traen varias pero son falsas, pintadas) efectivamente aparece el amor de su vida, que resulta ser … otro príncipe….
- El mar a rayas. La protagonista es una niña hija de padres separados, que a lo largo del cuento comprenderá que algunas cosas, para que funcionen bien, deben estar separadas, como por ejemplo las líneas blancas de un paso de cebra….
- Y, por supuesto, el precioso cuento que Lidia, desde su blog, le ha dedicado a Rn… Gracias, Lidia.
Que tengáis buen comienzo de semana, y si os cuentan cuentos, que sea de los buenos….
Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

4 jun 2007 | 03:10 PM
solounpoco
Son cuentos desfasados que recuerdan a los discursos del general Franco a los niños, o de su hija cuando hablaba. Así que si las obras clásicas de la literatura hay que tenerlas, creo que los cuentos clásicos no.
Me parece fantástico que en tu casa seais lectores. Cuando quieras pasa por mi casa y te llevas algunos volúmenes, que no tengo sitio para colocarlos. Espero que con Rn se cumpla aquello de que "de tal palo, tal astilla". El problema vendrá cuando pida la maldita playstatión.
Besos
5 jun 2007 | 01:39 AM
Lidia Cervantes Martinez
¡¡Qué razón tienes!! Esto me hace pensar en una cosa queescribí yo, sobre un cuento que le regalaron a mi hija... Si la encuentro lo colgaré en mi blog. Ya verás, el dichoso cuentecito no tiene desperdicio...
Vigila, porque también se te puede estropear el maquillaje de risa...
Un beso guapa, y gracias por la referencia; al final iremos a medias... O te nombraré mi manayer... :-)
5 jun 2007 | 04:38 PM
Charo
Son cuentos que forman parte de la historia, y siempre se pueden explicar, diciendo al mismo tiempo que esa era la manera como se vivía hace muchos años, que ahora las cosas no son así, que las mujeres tenemos identidad (no solo DNI) y que esas cosas parecen muy bonitas pero no reales, la vida es mucho más difícil que todo eso y hay que saber llevarla de la mejor manera posible. No creo que deba destruirse esa época arcaica, puede servir de ejemplo de lo que no se ha de hacer. Todo tiene unl ado positivo.
En cuanto a la lectura, ¡uf! yo ya he tirado al toalla con mis hijos, no quieren leer y mi biblioteca cada semana se hace más grande. cuadno me muera tendré que donarlos a alguna institución :-)
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