¡Ya he hecho la reserva de nuestras vacaciones de verano! Nada de conocer otras culturas, ni visitar monumentos, nada emocionante, simplemente quince días en la playa en un pueblito de Castellón. Desde que Rn. llegó, se acabó el cada año un nuevo destino, el plantar la tienda de campaña cada noche en un pueblo diferente, el placer de lo desconocido. Lo hemos cambiado por el mismo pueblo todos los años, en la misma urbanización, el mismo apartamento, con la semitranquilidad y el sol asegurados. En realidad, es lo único que nos apetece. A diario acabamos tan agotados, que quince días de descanso nos saben a gloria. Además, a Rn. y a mí nos encanta la playa (si cuando me muera voy al cielo, espero que haya arena, agua salada, sol y buenos bronceadores, sino, prefiero el infierno, allí por lo menos el calorcito está asegurado). Y Ro., que antes no era muy playero que digamos, ahora es el que más insiste para que repitamos cada año. Así que otra vez a pasar las mañanas haciendo montañas de arena (con los castillos ni nos atrevemos, siempre hay alguien al lado que en media hora te hace una reproducción a escala del Guggenheim o del Palacio de la Magdalena, y te deja a la altura del barro, joer…), y compartiendo las tardes de piscina con las mismas familias de todos los años. “Hay que ver como ha crecido la vuestra” “¿Ya le habéis quitado el pañal? Nosotros estamos en ello” “¿Cómo, que todavía lleva chupete?” “¿Ya come solo?” “Es que últimamente está de pegona, no hay manera de que comparta los juguetes” “¿Y para cuando el hermanito?”. Después, paseo, helado, y cena en la terraza. Vida simple, relax, calor, felicidad…

Hace unos días, pensando en que agosto está ya a la vuelta de la esquina, y como Ro. insistía en que reservásemos ya, en un alarde masoquista me probé el bikini, para comprobar, como cada año, que me sienta peor que el año pasado.

- He pensado que debería hacerme nudista.

- ¿Nudista? ¿Por qué?

- Porque el bikini me sienta fatal, cada año peor.

Ríe.

- Qué tontería. A mí no me parece que te siente mal. Estás estupenda.

Claro, el lleva instalado el photoshop del amor. Dónde hay un retaco de poco mas de metro y medio, mas bien llenita y mas blanca que una sábana, él ve una mujer alta y esbelta tipo Naomi Campbell, similar a ella hasta en el tono de piel. Pero creo que será tarea difícil instalar ese Photoshop en los ojos de todas las personas que puedan estar en la playa y la piscina a la vez que yo. Sí, ya sé, bastaría con que lo llevase instalado yo cuando me miro al espejo, pero a veces tengo problemas con mi software, falla, y me veo obligada a formatear todo e instalarlo de nuevo. Se supone que cada versión es mejor que la anterior, pero yo soy tan torpe con la informática…

- De todos modos ¿sólo por eso quieres ser nudista?

- Claro, si no llevo bikini, es imposible que me siente mal. No pueden sentarte mal unos vaqueros si no llevas vaqueros… Y por el lado práctico, me ahorraría una pasta. Además, tiene que ser una gozada bañarse en pelotas. Nunca lo he hecho, y no quiero morirme sin hacerlo.

Ríe.

- Bueno, yo no podría hacer nudismo. Ya sabes lo que me pasa si te veo desnuda.

Ese es el problema. Que se sigue identificando desnudo con sexo. No es lo mismo. Pero es lo que tienen la educación y la cultura, que las ideas inculcadas durante largo tiempo, como las manchas de humedad antiguas, son muy difíciles de eliminar.

Alguien me comentaba hace poco que detestaba todos los “ismos” . Yo no. Algunos no. El nud ismo me parece bueno. Se rebela contra los prejuicios sociales en cuanto a criterios de belleza. Leía hace poco en “Surgiendo del remolino”, un interesante libro escrito por el equipo médico de trastornos alimentarios del Hospital de Galdakao, en Bizkaia, y editado por Acabe, asociación contra la anorexia y la bulimia de Euskadi (que recomiendo quienes convivan con personas aquejadas de cualquier trastorno de alimentación), que una de las cosas que recomendaban a las pacientes (casi siempre son mujeres) era hacer nudismo, como un medio de aceptar su propio cuerpo. La verdad es que habitualmente tenemos poco acceso a desnudos reales. Los cuerpos que se nos muestran desde los medios son todos iguales, una altura más o menos X, unas medidas más o menos X, unos pechos XX… El mundo real no es así. Hay alturas Y, medidas Z, y pechos R, S, W, B…

Sí, quiero ser nudista. Pero ¿y si cuando esté disfrutando desnuda de los maravillosos rayos de sol aparece mi jefe? ¿O el farmacéutico? ¿Y si cuando esté saltando con Rn. ola tras ola moviendo mis pechos al aire aparece la amatxu de ese amigo suyo que está tan buenorra y siempre me mira de arriba abajo?.

Sí, sí, quiero ser nudista, pero sé que acabaré, como todos los años, desgastando un poco mas esos bikinis que tan mal me sientan.

Maldita sea mi timidez. Y malditos los posos de educación judeocristiana que aún me quedan.