Pues nada, que ya ejercimos nuestro derecho (o no), y parece que eso es todo lo que podemos hacer. Meter una papeleta en una urna, y ya está. Ahora, entre ellos se repartan el pastel. Y parece que si a alguien le hizo mella aquello que decía Torrebruno de que lo importante es participar, fue a los políticos. El día después todos o casi todos se muestran la mar de satisfechos con el trozo que les ha tocado en el reparto, se hayan llevado o no la guinda. Y dicen sentirse consternados por el alto porcentaje de abstención, debido, como no, al mal tiempo, o al tiempo excelente, según cuadre. Ayer, durante una comida entre amigos, lo comentábamos.

Jn: Pues con esta mierda de día (estuvo toda la mañana lloviendo) la gente pasa de ir a votar.

Anfitriona: ¿Pero de verdad creéis que influye el tiempo que haga en que la gente vote o no? Yo creo que el que quiere votar, vota, haga el día que haga.

Jn: Sí, sí, sí, si que influye. A lo mejor a ti no, pero a la gente que está indecisa, el tiempo sí le influye.

Anfitriona: Pues a mí me parece un cuento más, qué quieres que te diga. Algo que a base de tanto repetirse, parece ya una verdad incuestionable. Porque a ver ¿tú conoces a muchas personas que no hayan votado en anteriores elecciones por el día que haya hecho? Yo no. A lo mejor mi círculo es muy pequeño, pero la gente que tengo a mi alrededor, y que quiere votar, lo hace caigan chuzos de punta o vayan después a torrarse a la playa.

Silencio.

Sí. Seguro que parte de razón no le falta. Quizá gente muy mayor, o de zonas muy rurales, o algunos indecisos, no voten si el clima no acompaña. Personalmente, conozco varias personas que no votan. La mayor parte de ellas, lo hacen porque pasan. Pasan de votar, como pasan de otras muchas cosas. No les interesa la política, como no les interesa la vida del vecino. Tienen todas sus necesidades básicas cubiertas, como casi todos, afortunadamente la mayoría no nos metemos cada día a la cama pensando si mañana tendremos o no un mendrugo de pan sobre la mesa. No. Nos desvela no tener un chalet, un coche mejor, aquella cazadora de marca que nos llamaba desde el escaparate. No les interesa demasiado que partido les "represente". Mientras sus derechos, y los derechos de las personas mas cercanas a ellos sean respetados, les importa un pimiento que a su alrededor se muevan todos los días personas que no tienen reconocidos los suyos, sea por la causa que sea. Como mucho despotrican sobre el gobierno, las leyes, los impuestos, mientras mueven la cucharilla dentro de una taza de café o apuran una copa, con la dificultad añadida de mientras lo hacen no dejar de mirarse el ombligo ni un solo momento. Si, la mayoría pasan. Pero hay unos pocos, muy pocos, que no votan porque no están de acuerdo con el sistema, con esta democracia de telerín. Y su manera de demostrarlo es no participando en él. Y dentro de estos últimos, algunos pocos, mas pocos todavía, se mueven mucho en su entorno, luchando por sus derechos, y por los derechos de sus vecinos, de su pueblo, de sus jóvenes, de sus niños. Si es la mejor manera o no de no estar de acuerdo con el sistema, pues no lo tengo claro. Pero algo en la parte de atras de mi cerebro me dice que hacen bastante mas por los demas y por sí mismos que quienes nos consideramos muy "democráticos" por depositar la papeleta, cual moneda en una hucha.

La verdad es que no tenemos claras muchas cosas, porque no interesa que las tengamos. Votar es un derecho, sí, un logro para el hombre, y para la mujer no digamos. Se nos suele olvidar que hasta hace cuatro días y medio aún no estábamos “capacitadas” para votar, ni teníamos consideración de ciudadanas. Pero es un derecho que no sabemos muy bien en qué consiste. No se nos enseña a votar. No se nos dice claramente qué significa que nos abstengamos, que votemos nulo, que votemos en blanco. No se nos dice con claridad como se reparten los votos. La mayor parte de la gente no conoce en qué consiste el sistema D’hondt. Algunos creen que votar en blanco y no votar es lo mismo. Otros piensan que votar en blanco es la mejor manera de protestar contra el sistema. Pocos lo tienen realmente claro. No dudo de que hoy en día existan muchas maneras de informarse, si uno está realmente interesado. Pero no voy a eso. No me parece que nos “tengamos que molestar” individualmente. Debería haber una información generalizada y continua, al menos durante toda la campaña electoral.

En mi casa apenas vemos la tele, por lo que no hemos seguido la campaña en imágenes. Pero todas las noches, al llegar, encendemos la radio de la cocina. Y todos los días, hemos tenido que escuchar la misma cantinela: “A continuación, les ofrecemos los espacios que según la legislación vigente en materia electoral, debemos ceder a todas los partidos políticos”. Eso, todos los días. Entonces, ¿por qué todos los días no se hace un repaso sobre las distintas opciones a la hora de ejercer el voto, para que todos los ciudadanos, además de decidirse por un candidato y otro, se decidan sobre la manera de votar, o no votar, que mas les convenza?

Hoy todos los políticos se muestran contentos, pero yo, la verdad, estoy de mal humor.

Yo sí voté.

San lunes, día después.