Todos tenemos prejuicios. Todos. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. A la mayoría no nos gusta que nos tilden de prejuiciosos, tener prejuicios no está bien visto. Pero los tenemos. Y en cierto modo es lógico que así sea. Dado que de antemano es imposible conocer la realidad tal cual es (y ¿cómo es en realidad la realidad?) , observamos una serie de datos y en base a si lo que observamos es mas o menos acorde con lo que de antemano creemos conocer (prejuicios) , emitimos un juicio. Lo malo es que lo que suponemos conocer, está más a menudo de lo que creemos manipulado, o creado por las clases más poderosas, o es, simplemente, falso. Y vivimos inmersos en un mundo de prejuicios, históricos y culturales, sin que seamos en casi ningún momento conscientes de ello.
Hace unos días me sucedió algo que aún me ronda por la cabeza. Quizá no tenga gran importancia, pero me hace sentir estúpida al darme cuenta de lo estúpido de mis propios prejuicios. Y sé que tengo prejuicios mucho, muchísimo peores, pero un día raro lo tiene cualquiera.
A Rn. le gusta subir a lo más alto de uno de los parques del pueblo. La cuesta que lleva a la iglesia es impresionante, pero al llegar arriba, le encanta sentarse en un banco a observar lo pequeñitas que se han vuelto las personas que se han quedado allá abajo. También le chifla tocarle las albarcas a la estatua del dantzari, y monologar un rato con él, así que hago de tripas corazón y resoplo empujando la sillita por el camino mientras él sube campa a través. En esas iba yo el otro día, jadeando y apremiando a Rn. para que no se entretuviese demasiado recogiendo piedritas, cuando vi, un poco mas arriba y sentados en un banco de espaldas a mí, a tres chavales de unos dieciocho o veinte. Llevaban esos cortes de pelo todo en uno (crestita arriba, largo abajo, rapado o mas corto a los lados), zapatillas de suelas imposibles, y adivinaba vaqueros con el tiro en las rodillas. El del medio tenía algo en las manos, y los otros dos parecía que le estuviesen arropando. Uno se dio la vuelta, me vio, comentó algo a los otros dos, los tres se volvieron y me miraron (me pareció percibir desconfianza, inquietud), y después siguieron a lo suyo. “Se están liando un porro”, pensé. Y seguí subiendo. Al llegar a su altura me paré “Por fin un llano”, a una prudente distancia para no molestar, y mientras esperaba a Rn. les observé de reojo. Lo que el del medio sostenía en sus manos no era costo, sino un móvil. Me sentí imbécil. “Si en vez de chavales hubiesen sido abuelillos ¿qué hubieses pensado, M.? ¿Y si hubiesen sido tres treintañeras con tacones y vaqueros pitillo? Quizá que los abuelos observaban el mango de una nueva cachava, o que la chica del medio enseñaba a las otras un nuevo tanga. Pero no que se liaban un porro. Prejuicios también, al fin y al cabo. Porque ¿quién dice que las chicas no pudiesen estar liándose un porro, o los abueletes enseñándose entre risas un tanga, o los chavales mandándose el último pásalo por una vivienda digna para todos?”.
- “Aquí, aquí, a sentarnos aquí”- Rn. se había subido a un banco, justo frente a los chavales.
- “No, cariño. Mira, que ya está ahí el dantzari. Subimos un poco mas y ya llegamos”.
Me daba vergüenza sentarme frente a ellos. Quizá ellos si supiesen leer en mí mejor que yo en ellos. Quién sabe que verían. Quizá una pseudo pija culona. Quizá una maruja llena de prejuicios tirando de sillita. Quizá simplemente una mujer, sin más. Quizá ellos tuviesen menos prejuicios que yo.
Llegamos arriba.
- Mira, mira, ama, qué pequeñitas las personas!!!
- Síííííííí, es verdad. Son pequeñitas.
- Sí, abajo son pequeñitos.
- Sí, muy pequeñitos.
- Yo soy chico grande!!!
- Sí, hijo, tú eres muuuyyyy grande. “Y yo pequeñita, muy pequeñita”.
Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

22 may 2007 | 02:43 PM
solounpoco
Esa situación que cuentas también la he vivido yo. Pero en mi caso si que los chavales estaban liándose un porro. Nunca he entendido porque intentan ocultarse si luego se lo fuman de forma descarada e intentando hacer que el olor y el humo te lleguen como para decir "ey tío me estoy fumando un porro". Creo que si. Todos tenemos prejuicios. El motivo, al menos para mi, creo que está en la desconfianza que día a día se va creando en nosotros con respecto a todo aquello que nos rodea.
Besos
22 may 2007 | 03:54 PM
Lidia Cervantes Martinez
¡¡¡CARAY!!!... ¿Y decías que mi poemita tiene mensaje?...¡Pues anda que esto!... :-) ... Además de superbién estructurado. Muy bueno.
Te felicito.
Un beso... Y para Rn, también :-)
23 may 2007 | 03:31 PM
Anfitriona
Sí, Solounpoco, algunos de nuestros prejuicios se forjan por nuestras propias vivencias, pero siempre influenciados por nuestra educación, por la forma en que se nos van inculcando las cosas desde pequeñitos, por los medios de comunicación, por la religión... uf, demasiadas cosas... Por poner un ejemplo, es probable que si un día voy a cruzar un paso de cebra y me atropella un señor con corbata, cada vez que hable con un trajeado no vea en él a un loco al volante. En cambio, si me atropella uno vestido de cuero negro, con cresta y muñequeras de pinchos, es probable que asocie su aspecto a velocidad, irresponsabilidad, etc... No sé si me explico.
Lidia, bienvenida, me alegra que te haya gustado. Espero que me sigas visitando.
Besos!!!
23 may 2007 | 03:51 PM
theo
Hola! He llegado aquí a través de otro blog, y me ha gustado mucho tu post...
El hermano del escritor británico C.S. Lewis contaba que, siendo niños, sus padres les anunciaron que pasarían las vacaciones en Francia. C.S Lewis, con siete años, uniendo las manos por las yemas bajo la nariz, comentó:
-No puedo, tengo prejuicios contra los franceses.
-¿Se puede saber por qué tienes prejuicios contra los franceses?-preguntó, divertido el padre
-Si pudiese explicarlo, ya no serían prejuicios.
Un saludo!
24 may 2007 | 02:27 PM
elpatiodemicasa
Bienvenido, Theo!
Me alegra que te haya gustado el post. Por lo que he podido ver en tu blog, es para leerlo con tiempo. Tiene mucha miga. Enhorabuena.
Y sí, efectivamente, suele ser difícil identificar los propios prejuicios. Al menos, el darnos cuenta de que los tenemos ya es algo...
Besos!
24 may 2007 | 02:31 PM
theo
Oh, eres terriblemente gentil... No creo que tenga tanta miga, sólo tiene una prosa endiablada y retorcida, como la calle de Mandelstam... Tienes razón, darse cuenta de los propios prejuicios es un gran paso para luchar contra ellos...
Un cordial saludo y gracias!
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