Querido diario
Querido diario,
Te dejo. Te lo digo así, a bocajarro, porque a ti siempre te he contado las cosas tal cual son, y ahora, precisamente, no me parece momento de empezar a dar rodeos. Siempre he sido honesta contigo, y, la verdad, no me parece justo seguirte engañando. Sí, te he estado engañando. Habrás notado que últimamente ya no escribo tanto. Y que cuando lo hago, en realidad te cuento nimiedades. Nunca pensé que esto podría llegar a suceder, pero, ya ves….
He comenzado a escribir sobre mí, sobre mis cosas, en otro sitio. Se llama blog. En realidad os parecéis mucho, tú y él, pero él es, digamos, no sé ¿más moderno? No. No es eso. Más emocionante. Sí, eso es. Porque, ¿sabes? lo que yo escribo pueden leerlo personas de todo el mundo, aunque no me conozcan de nada. Sí, parecerá un sinsentido. Se supone que un diario es algo íntimo, personal, pero ¿quién no ha tenido el secreto deseo de que alguna vez alguien lo descubra, lo lea, y así conozca un poquito mejor a la persona que lo escribe? Te confieso que yo sí, aunque, claro, en realidad no deseaba que lo leyese cualquiera, no. Había ciertos días en que deseaba que lo leyese mi madre. Otros días deseaba que lo leyese una amiga. Otros que lo leyese un novio. No sé, tú me entiendes, al fin y al cabo eres quien mejor me conoce. Y, ¿sabes otra cosa?, las personas que leen mi blog pueden escribirme también ¡sí, me contestan! Pueden darme ánimos si estoy triste, u opinar sobre si lo que he hecho un determinado día les parece bien o está mal, si lo que he escrito les ha parecido una chorrada o les ha gustado… lo que quieran. Tú, en cambio, no puedes decirme nada. Siempre estas ahí, puedo contártelo todo, pero no puedes contestarme, criticarme, decirme que me entiendes, o simplemente decirme que te deje en paz, que hoy no te apetece aguantarme.
Sé que esto te va a doler, que ya te está doliendo, pero lo he decidido. Y te agradezco todo lo que has hecho por mí. En todos estos años, hubo días en que sólo deseaba llegar a casa, y escribir, escribir en ti, dejar aquí mi huella cuando sentía que no podía dejarla en otro lugar, en otra persona. Y me voy ya, porque estoy empezando a llorar, y no quiero que mis lágrimas te llenen de manchurrones. Te recordaré siempre, y, quién sabe, quizá algún día, cuando yo ya me haya muerto, alguien te encuentre, y quizá le apetezca leerte, y quizá así, por fín, alguien llegue a conocerme del todo.






Gabriel Diaz Saldívar dijo
no nos dejes sin tu diario...besos.
11 Mayo 2007 | 02:12 PM