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La Coctelera

El patio de mi casa

Aquí no se oye el tráfico y se puede estar tranquil@, y además, la casa está un poco desordenada ... prefiero que nos sentemos en el patio. ¿Qué te apetece tomar?

20 Noviembre 2009

Entretenimientos baratos, baratos...

Para esos momentos que pueden ser tediosos tanto para Rn., como para Ro. o para mí, como es un viaje largo, la sala de espera de su pediatra, o esperar a que llegue el tren, solemos recurrir a cosas sencillas de toda la vida: leer cuentos, cantar canciones, decir trabalenguas o retahílas, jugar a poner caras raras, a mirarnos fíjamente y ver quién aguanta más sin reirse, a piedra, papel y tijera. Ayer me acordé de otro juego que me encantaba de pequeña. Ro. y yo intentamos explicarle a Rn. como se juega, y resulta que fuimos incapaces ¡¡¡ Se nos había olvidado por completo !!!  Y anda que no jugué yo a esto de niña ni nada. Así que he encontrado este par de videos, a ver si saco algo en claro.

El niño del segundo vídeo es acojonante.....

 

 

Tags: juegos

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17 Noviembre 2009

Cine, cine, cine, cine....

Cuando  pienso en las cosas que echo de menos de cuando no era madre, una de las pocas que se me ocurre es el cine. Poder ir al cine, y tener más tiempo para leer. Lo de leer es llevadero, porque siempre hay pequeños momentos que pueden aprovecharse y cualquier lugar es bueno, pero el cine es más difícil. Consigo ir una o dos veces al año, con una amiga con el mismo "problema", y es tan difícil coincidir. O bien su marido trabaja el fin de semana, o alguno de sus hijos se enferma, o yo cojo la gripe, o alguna de las dos tiene una comida familiar... Creo que la última vez que lo conseguimos fue allá por marzo. Y cuando conseguimos coincidir, también es difícil ponerse de acuerdo sobre qué película ver, porque en realidad tenemos gustos muy diferentes. Eso no nos importa mucho, porque lo del cine suele ser en realidad una excusa para poder tomar un café antes, o una copa después, y poder charlar sin tener que interrumpirnos continuamente para sonar unos mocos, limpiar una herida, o vigilar que los niños no hagan demasiados estropicios con el barro. A lo que iba. Sobre todo echo de menos ir al cine en invierno. El verano tiene muchos alicientes. Pero el invierno también está bien. Es maravilloso salir a la calle bien abrigada y notar el aire frío en la cara. Sentirse pequeñita, pequeñita, dentro de un enorme jersey de lana. Y  las salas de cine.

Pero a  falta de cine, bueno es el DVD, que queda reservado para algunos viernes o algunos sábados. No todos. Así que he pensado en ir anotando las películas que veo, al menos las que me gusten. No trato de hacer ninguna crítica de cine. Ni soy ninguna experta, ni pretendo serlo. A mí me gustan las películas que me transmiten algo, con las que río, con las que lloro, con las que pienso, pero no entro a juzgar si son buenas o malas, si están bien dirigidas, si están bien interpretadas, si la iluminación es buena o si la música podría haber sido mejor. Así que si yo por aquí digo que una determinada película me gusta, o me encanta, es únicamente mi opinión subjetiva y personalísima, y sin ninguna pretensión.

Bueno, pues así, para empezar, una lista de películas que recuerdo haber visto en estos últimos meses... Si habéis visto alguna, contadme qué os ha parecido...

 

Bajo el sol de la Toscana, de Audrey Wells. Aysss, qué bonita. Es lo único que se me ocurre. Bonita. ¿Quién no ha soñado alguna vez con dejarlo todo atrás y comprarse una casa en ruinas para convertirla en un verdadero hogar?. Pues eso. Muy bonita.

Bienvenidos al norte, de Dany Boon. Una buenísima comedia francesa. Además del mensaje de aceptación del diferente y de lo absurdo de juzgar y prejuzgar basándose en  tópicos  y estereotipos, es divertidíiiiisima. Fui a verla al cine con la amiga que comentaba, y acabó doliéndome el cuerpo de tanto reírme. A mi lado se sentó una pareja, con un niño de unos doce o trece años. Disfrutaron como tres niños. El tenía una risa tremendamente fuerte, ella estuvo en tensión, echada hacia delante, durante toda la película, supongo que apretándose el estómago. Y el niño... es afortunado. Probablemente acabará siendo un gran cinéfilo. Hemos vuelto a verla en casa, en DVD, y a Ro. también le ha encantado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bella, del mexicano Alejandro Gómez Monteverde. Qué hinchada de llorar. Hasta con hipidos y sorbidas de mocos. Lo ideal sería poder  verla  sin juzgar. Difícil. Pero si se intenta, es como su propio título indica.

 

Entre copas, de Alexander Payne. Siempre me siento atraída por las películas sobre crisis personales y fantasmas internos. Y además, aunque no entiendo ni papas, me gustan los buenos  vinos. Divertida,  y también amarga.

Desayuno con diamantes, de Blake Edwards. Podría verla mil veces. De hecho, hace varios años la vi unas cuantas. Pero hasta este año no había leído la novela de Truman Capote, no sé por qué. Y fue leer la novela, y entrarme ganas de ver de nuevo la película. Casi siempre suelo preferir el libro a la película, y en cualquier caso, primero leer el libro y luego ver la película. En este caso ha sido al revés, y aunque la novela me encanta, la película no le queda a la zaga. Será por Audrey Herpburn, será porque Moon River me eriza el vello, será porque simplemente me parece mágica...

Frágil, de Juanma Bajo Ulloa. Maravillosa. Absolutamente maravillosa. Los  paisajes no tienen precio, al menos para mí, que a menudo puedo olerlos. La música es preciosa. Cuando de niños se separaron, él le prometió a ella amor eterno. Pero "El amor verdadero es un cuento". En este caso, un cuento lleno de simbolismos y de una gran sensibilidad, pero un cuento cruel.

 

Johnny Palillo. De Roberto Benigni , que vuelve a compartir protagonismo con su mujer, Nicoletta Braschi, como en La vida es bella. Muy divertida. Ro. y yo nos acordamos a menudo de ella, en concreto de  "¡ Caput !. A usted y a toda su familia". La vimos hace años, pero hace poco la hemos vuelto a ver, y me gustado incluso más que la primera vez.

La sonrisa de Mona Lisa, de Mike Newell. Nunca viene mal recordar el papel asignado a  la mujer hasta hace cuatro días. En este caso, las mujeres estadounidenses de clase media de los cincuenta. Me gustó, y creo que Julia Roberts está bastante bien.

 

Nueces para el amor, de Alberto Lecchi. Genial el acento argentino de Ariadna Gil. Una muestra de que aferrarse al amor eterno no es tan maravilloso como lo pintan. Sobre todo, si en el intento se van dejando personas rotas por el camino. Para pensar.

Un toque de canela, de Tassos Boulmetis.  Me encanta el título original:  Politiki Kouzina. Yo es ver una alusión a la comida en el título y  me lanzo a por la película. Supongo que algo así me pasó con esta. No suelo coger películas en la biblioteca, me cuesta buscar algo que no sean libros. Pero esta me chistó desde  la estantería, y cuando me acerqué, me dijo al oído que la cogiese, y sin mirar siquiera el argumento, obedecí. Es nostálgica. Dulce y amarga, como la canela.

Casual Day, de Max Lemcke y protagonizada por  Juan Diego, Javier Ríos, Luis Tosar, Estíbaliz Gabilondo y Alberto San Juan.  La hemos visto este fin de semana. Los actores, todos geniales. La película, como la vida misma, y creo que cualquiera que haya trabajado en una empresa con más de diez personas habrá visto situaciones parecidas, salvando las distancias. Realismo, un puntito de humor, agobio y sensación de asfixia a veces, rabia, lástima (un sentimiento que me hace volver al agobio y la asfixia). Muestra la podredumbre de las relaciones laborales, de la mal entendida amistad y de cierto tipo de "amor". Me encanta la tensión de los diálogos entre los empleados jóvenes y sus "superiores", tan propia de las comidas y cenas "de empresa".

Bueno, pues eso. Que sigo añorando ir al cine.

Y vosotros ¿qué habéis visto ultimamente?

PD:  Mil disculpas por los comentarios sin responder, y por tanto tiempo sin escribir.

Tags: cine

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8 Octubre 2009

Lucía

 "No hay nada más bello que lo que nunca he tenido,

nada más amado que lo que perdí,

Perdóname sí hoy busco en la arena

esa luna llena que arañaba el mar"

 

No se me va de la cabeza, ni de los labios. Y no es que me haya levantado con ella, no, es que lleva martilleándome desde el fin de semana. Así que ahí os dejo la letra, la música la ponéis vosotros, y a ver si se os contagia.

Conste que no existe  vacuna...

 

 

Tags: martilleos

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7 Octubre 2009

Lecciones de cocina

Ensalada dulce de espinacas

Espinacas

Corazones de alcachofas

Higos bien maduritos

Un yogur de soja natural

Pimienta negra molida

Sal de hierbas

Vinagre de Módena

Se lavan y se trocean bien las espinacas. Se parten los corazones de alcachofas en varios trozos. Se vacían los higos desechando la piel. Se mezcla el yogur de soja, con la sal, la pimienta y el vinagre, y se añade la salsa resultante al resto de los ingredientes.

Las cantidades de cada uno de los ingredientes según el gusto de cada cual. En la cocina, como en casi todo, no me gustan las reglas rígidas.

Sé que nunca me ganaré la vida como cocinera, ni como redactora de recetas de cocina, pero ¡qué buena estaba  mi ensalada!. Para estos días de calor asfixiante que estamos teniendo, lo mejor...

 

El domingo, Rn. madrugó mucho, demasiado. Para evitar que se revolucionase el resto de la familia desde tan temprano, me levanté con él, desayunamos, y para aprovechar tan intempestivas horas en algo útil, nos pusimos a hacer la comida. Rn., de rodillas en una banqueta arrimada a la encimera, colaboraba conmigo.

Yo:    Mira, Rn., primero tenemos que echar un poco de aceite en la cazuela.

Rn.:   Ama, pero espera, espera.... ¿Es aceite de oliva virgen extra?

Yo:  ¿¡Eh!?   Ssssí, sí, es de oliva virgen extra, sí. Aquí lo pone, en la etiqueta. Aceite de oliva virgen extra.

Rn.:   Ah. ¿Y ha salido de las aceitunas, no?

Yo:  Sí, sí, claro, de las aceitunas. Mira, ahora vamos a pelar todos estos ajos. Cuando están así todos juntos todavía, se llama cabeza de ajos, y cuando los separamos, se llaman dientes de ajo.

Rn.:   ¿Por qué?

Yo:   Ehhhhh... pues no lo sé. Supongo que porque... parecen colmillos. Mira.

Coloqué dos dientes de ajo sobre mis colmillos, Rn. me imitó, y así estuvimos riéndonos durante un rato.

Yo:   Bueno, ahora vamos a pelarlos. Y cuando pelas ajos, luego las manos te huelen un poco mal. Bueno, no mal, te huelen a ajo, pero no suele gustar mucho que las manos huelan a ajo.

Rn.:   Si, ama, pero espera, espera.... Antes de pelar los ajos, tienes que darles unos golpes, así, muy fuerte, muy fuerte, porque si no les das unos golpes no se pelan muy bien, y si les das unos golpes,  ¡ pues se pelan muy fácil ¡.

Yo:   Ahhhhh....

La verdad, a veces no sé quién enseña a quién...  Me parece que, al menos en el tema culinario, para cuando yo voy, Rn. y las enseñanzas de aitite Arguiñano ya han vuelto.

Cocinamos una porrusalda buenísima. Pero al final, acabamos comiendo fuera de casa. Qué cosas...

Buen día.

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2 Octubre 2009

La habitación del hijo

A mí Arturo Perez-Reverte me gusta y me disgusta a partes iguales. Bueno, no él, sus escritos. Y en realidad tampoco a partes iguales, pero eso no tiene demasiada importancia. A lo que iba, y es que con el artículo que publicó el pasado domingo en el XLSemanal me pareció que estaba sembrado. E iba yo a comentarlo por aquí, cuando me acordé de otro de sus artículos que leí en agosto, en plenas vacaciones, en el mismo suplemento. Leía tomándome un café y aspirando el aroma del mediterraneo, y no pude evitar que unos enormes, enormísimos lagrimones se metiesen en mi taza...

"LA HABITACIÓN DEL HIJO

Lo conoce mejor que a ella misma. O creía conocerlo, porque el joven silencioso y reservado que ahora vive en la casa le parece, en ocasiones, un extraño. El niño dejó de serlo hace tiempo. A veces, cuando está fuera, la madre se queda un rato en su habitación, callada, mirando los objetos, los libros -ella compró los primeros y los puso allí, soñando con el lector que alguna vez sería-, las fotos de amigos, de chicas. Las medallas que ganó en el colegio, tenaz, esforzado. Valiente como ella procuró enseñarle a ser. Con el ejemplo del padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero que jamás faltó a su deber, ni hizo nada que no fuera honrado. Que educó al hijo con más ejemplos que palabras.

Inmóvil en la habitación, aspira su olor. Desde hace mucho es seco, masculino. Distinto del que tanto añora: aroma de cuerpecito menudo en pijama, olorcillo a carne tibia, casi a fiebre. A bebé y niño pequeño, que con el tiempo se desvanece y no regresa nunca. El crío que aparecía en la cama a medianoche con las mejillas húmedas, después de una pesadilla, para refugiarse a su lado, entre las sábanas. Quizá algún día recupere ese olor con un nieto, o una nieta. Con otro cuerpecito al que estrechar entre los brazos. Ojalá no esté demasiado mayor para entonces, piensa. Que aún tenga fuerza y salud para ocuparse de él, o de ella. Para disfrutarlos.

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».

Tocando los libros en sus estantes, la madre se pregunta si fue ella quien se equivocó. Si no tendría razón su marido al sostener que no está el mundo para chicos con sueños en la cabeza y libros bajo el brazo. Si al pretenderlo culto y lúcido no lo hizo diferente, vulnerable. Expuesto a la infelicidad, la barbarie, el frío intenso que hace afuera. Es entonces cuando, abriendo un libro al azar, encuentra unas líneas subrayadas -a lápiz y no con bolígrafo ni marcador, ella siempre insistió en eso desde que él era pequeño-: «En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir».

Se queda un instante con el libro abierto, pensativa. Releyendo esas líneas. Después lo cierra despacio, devolviéndolo a su lugar. Y sonríe mientras lo hace. Una sonrisa pensativa. Dulce. Tal vez no se equivocó por completo, concluye. O no tanto como cree. Puede que él forjara sus propias armas para sobrevivir, después de todo. Quizá mereció la pena."

 

Buen fin de semana. En este momento, después de releer el artículo, me llueven los ojos, pero fuera parece que quiere asomar algún rayito de sol.

 

Tags: cosas mias

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30 Septiembre 2009

Miniconversaciones casisemánticas

Misa seguida de comida familiar. Tíos, primos, esposas y esposos, hijos de primos, cuñadas de primos, el tío cura, y dios, que como está en todas partes se ha quedado en la iglesia pero también ha venido a comer. Como unas sesenta personas. Murmullo ensordecedor en el restaurante. Rn. devora ávidamente su plato de macarrones con tomate, (a los pobres niños les han servido la comida casi a las cuatro de la tarde), y observo que la enorme pantalla de televisión que tiene a su derecha, muy por encima de la altura de su cabeza, le tiene abducido. Me extraña, porque no está acostumbrado a ver la televisión, y porque es imposible escuchar el sonido de lo que sea que esté emitiendo. Me levanto y me acerco hasta la zona donde están los niños.

Yo:   Hola, Rn., ¿qué tal están tus macarrones?

Rn.:   Buenísimos. ¡Bueníiiiisimos!  Pero ama, no me quiero comer el chorizo.

Yo:   Bueno, no pasa nada. No lo comas. Pero Rn., ¿qué haces viendo la tele? Si no se escucha nada...

Rn.:   Ama, no la estoy viendo. La estoy mirando.

A veces me deja de piedra...

Buen miércoles.

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28 Septiembre 2009

Picamento

 Rn., ayer, chupando un chupachups de cola:

- Ama, este chupachups pica mucho, mucho. Por eso lo chupo, y luego descanso un rato grande antes de volverlo a chupar, porque tengo que esperar a que se me pase el picamento de la lengua...

 

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25 Septiembre 2009

Cortate el pelooo-o-o-o... estarás mucho mejor...

 Ya.:   Y a ti,  ¿no te da por cortarte el pelo?

Yo:   ¿Por cortarme el pelo?

Ya.:   Sí, ¿tú por qué no te cortas el pelo?

Yo:   Me lo he cortado el sábado pasado....

Ya.:   ¡Qué dices!  ¡Si lo tienes super laaaaaargoooooooo!

Yo:   Ya... es que sólo me he cortado las puntas.

Ya.:   ¿Y por qué no te lo cortas más corto?  Es que a una cierta edad, tan largo.... pues ya no pega... Con una melena corta estarías mejor.

 

Tres cosas (o cuatro):

  • Semejante conversación tan absurda me parece mentira haberla mantenido yo, y en el trabajo, para más señas.
  • No sé si la muchacha en cuestión me estaba llamando vieja. Ella tiene mi misma edad, y también lleva el pelo largo. Quizá no tanto, pero largo.
  • No soy una persona a la que le vayan los cambios de luk, y mis crisis existenciales, hasta el momento, no me han llevado por los derroteros de las transformaciones estéticas.
  • No tengo ni idea de por qué estoy escribiendo sobre algo tan tonto, pero como el blog es mío, lo peino como quiero.

Voy a lavarme el pelo. Buen fin de semana.

 

 

Tags: cosas mias

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Sobre mí

Soy mujer, también hembra, según el DRAE, y tengo algún año mas que Jesucristo, al menos según la versión oficial. Esto intenta ser sólo una especie de diario, o algo así, sobre cosas que me pasan por la cabeza. Aunque no es mi verdadero nombre, puedes llamarme Rose. ¿Recuerdas "Las chicas de oro"?. Pues eso. Yo, como Rose... Los preciosos labios de la foto... no son los míos.

A ratitos,

cuando la vida me lo permite,

estoy leyendo...

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