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Terra
La Coctelera

De sueños, sueño, y frivolidades.

Tengo la tarde libre. Por más que lo intento, no consigo recordar en que momento mi jefe decidió cambiar mi jornada laboral, pero ahora tengo todas las tardes libres (*). Tampoco sé donde están los niños (**), aunque parece no importarme, es más, me siento tan despreocupada como antes de tener hijos. Aunque soy plenamente consciente de que estamos en pleno mes de noviembre, estoy en bikini, tomando el sol en una playa, con una amiga. No sé quién es, pero es mi amiga. Estoy tumbada boca arriba, apoyada en los codos. Es una postura incómoda, pero así parece que tengo menos barriga que si estuviese sentada. Mis gafas de sol me permiten observar, sin que lo parezca, a la persona que se aleja, montada en las escaleras mecánicas, cada vez más arriba, más arriba, más arriba. Ha montado en ellas al revés, mirando hacia la playa de la que cada vez se aleja más, y aunque lleva gafas de sol, creo que también me está mirando.

Son las seis y diez de la mañana, e Ir. se despierta, llamándome y llorando. Tiene mocos.  Me meto con ella en su cama. Intento subir en la escalera mecánica, pero ha desaparecido. Creo que hoy no podré ir a la playa, parece que va a llover.  Ir. no ha conseguido volver a dormirse, espero que eche la siesta...

En otro orden de cosas, nunca he utilizado colorete (***), pero desde hace unos días no puedo vivir sin uno que se llama orgasmo. Qué cosas...

 

 

 (*)  Cualquier parecido con la realidad es... mentira. Ya quisiera yo tener las tardes libres.

(**)  Cualquier parecido con la realidad... NO existe parecido con la realidad. Yo siempre sé dónde están mis hijos.

(***)  Es mi frívolo gen.

 

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Frívolo gen

Llevo días pensando en que tengo esto muy abandonado. La verdad es que mi ánimo anda de capa caída en los últimos meses, y cuando me ha rondado la idea de escribir sobre mis pequeñas penurias, la he apartado de un manotazo. Me cuesta desahogarme en persona, y parece que mediante la escritura tampoco se me da muy bien.

Quizá otro día.... Porque hoy es viernes, y los viernes, sobre todo si hace sol, me encantan. Y porque escuchar esta canción me pone de buen humor...

 

 

Feliz y soleado viernes...

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Sonrisas

Ir:  Ama,  ¿a que tú y yo somos chicas?

Y luego la veo ir a saltitos. Porque Ir. no anda, salta, típica imagen de la infancia feliz.

 

 

Una amiga me ha enviado esta foto en un mail, y automáticamente han venido a mi mente los chispeantes ojos y la sonrisa de dientes torcidines de Ir...

No sé si seré capaz de explicarle algún día su facilidad para hacerme percibir las cosas más sencillas tal como son. Maravillosas.

 

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Cosas de lunes

Es extraño,  sigo encontrando cosas que se perdieron hace muchos años. Algunas, me dejan un sabor agridulce.

Hace sol, pero demasiado calor. Qué necesidad de vacacionar...

 

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Cosas de viernes

 

He estrenado sandalias.

Me he comprado un libro. Y una mascarilla de arcilla rosa.

He encontrado un olor que se me perdió hace veintidós años.

A ratos hace sol, y ha vuelto el calor.

Qué día más bonito...

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Ultimamente, entre otras cosas, ando leyendo mucho sobre alimentación. 

 

 

Buen fin de semana. Por aquí, después de un par de días fresquitos,  parece que viene una ola de calor...

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Piano man

Esta es la historia de un sábado
de no importa que mes,
y de un hombre sentado al piano
de no importa que viejo café.

Toma el vaso y le tiemblan las manos,
apestando entre humo y sudor,
y se agarra a su tabla de naufrago
volviendo a su eterna canción.

Toca otra vez, viejo perdedor,
haces que me sienta bien,
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel.

Cada vez que el espejo en la pared
le devuelve más joven la piel,
se le encienden los ojos y su niñez
viene a tocar junto a él.

Pero siempre hay borrachos con babas,
que le recuerdan quien fue,
el más joven maestro al piano
vencido por una mujer.

Ella siempre temió echar raíces,
que pudieran sus alas cortar
y en la jaula metida, la vida se le iba
y quiso sus fuerzas probar.

No lamenta que de malos pasos,
aunque nunca desea su mal,
pero a ratos, con furia,
golpea el piano y algunos que le han visto llorar.

El micrófono huele a cerveza
y el calor se podría cortar,
solitarios oscuros, buscando pareja
apurándose un sábado más.

Hay un hombre aferrado a un piano
la emoción empapada en alcohol,
y una voz que le dice:
“pareces cansado, y aun, no salido ni el sol”.

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Rn. y Jesus de Nararet (II)

 

Ya comenté anteriormente el interés de Rn. por la vida de Jesucristo. Con ayuda de nuestra bibliotecaria, encontramos un libro que, sin ser ni de lejos lo que yo buscaba, me ayudó bastante a explicarle un poco la historia de Jesus, sin centrarnos en el tema religioso: "El mejor amigo de los niños", de Mª Augusta Lopes.

Hace unos días, justo antes de dormirse, después de nuestro ratito de lectura, que es cuando tiene (tenemos) la guardia más baja, Rn. me comentó algún suceso relacionado con otra persona (no recuerdo si su hermana o algún amigo) que denotaba su capacidad de empatía. En ese momento sentí que se me escapaba la ternura por los poros.

Yo:   Rn., eres una persona muy buena, y yo estoy muy orgullosa de ser tu madre...

Rn.:  (con expresión triste)  Yaaaaa....  Y Jesus era una persona de las más buenas, y mira, lo mataron...

Anteayer, en el mismo momento, antes de dormirse. Acabábamos de leer "La vieja Iguazú". Es un precioso cuento en verso de Gonzalo García (Darabuc), una historia muy tierna con unos maravillosos cambios  de ritmo que me encantan y le encantan.

Yo:  Rn., ¿sabes?. De todos tus libros, este es uno de los que más me gustan. Es muy triste, porque la vieja Iguazú se muere, pero también es muy bonito...

Rn.:   Sí, pero es más triste lo de Jesus. Porque  la vieja Iguazú se murió así, alegre, y a Jesus lo mataron, y fíjate, clavado en la cruz, con una corona de espinas, y le pincharon con una lanza...  Eso es aún más triste que morirse...

Feliz martes. Por aquí luce un sol maravilloso.

 

 

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